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LÁGRIMAS EN LA LLUVIA: Instantes de celuloide (VI)

Auténtica ciencia-ficción.

Nada de ficción pseudocientífica o clasificaciones similares. Si a ello le sumamos como soporte una novela de uno de los grandes maestros del género (Philip K. Dick, “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”),  la eterna dialéctica entre ciencia y ética, y la música de un Vangelis en su época de plenitud creativa, el resultado no puede ser otro que escenas tan impactantes como ésta:

UN JARDÍN CON TRES DELICIAS (Parte III): “El Infierno musical y las Siete trompetas del Apocalipsis”

infiernoCuando inicié esta serie sobre el tríptico de El Jardín de las Delicias de Hieronymus Bosch, tenía una idea vaga de lo que pretendía con los acompañamientos musicales. Al contrario que el tríptico de Las Tentaciones de San Antonio, los tres paneles que componen la obra, en este caso, son tremendamente heterogéneos en color, con temáticas y ambientes muy definidos.

A la hora de ambientar el panel izquierdo “El Jardín del Edén”, opté por lo fácil, una música que transmitiera sosiego, reposo, perfección. Mi elección fue el Segundo Movimiento (el lento) de El Invierno de Vivaldi. Cierto, apreciado y observador lector, el jardín no tiene nada de invernal, pero la música fundamentalmente se refiere a la paz del hogar, el amor de la lumbre, el sosiego y, eso sí, gotas de lluvia cayendo en el alféizar de la ventana con el deshielo de los carámbanos del tejado.

Para el panel central, “El Jardín de los placeres carnales”, encontré una adecuada simbiosis con los Cármina Burana de Carl Orff. De modo que mientras los personajes se dedican a “amar la fruta” (la fruta es sensualidad y pecado en este cuadro, debe ser que acompaña al postre), cantan los parabienes de la bebida en la taberna. Pudiera haber optado por los Cármina más propiamente amatorios, pero lo cierto es que, dejándome llevar, nuevamente, por la música, me decante por la viveza, el colorido y los cambios rítmicos de “In taberna quando sumus”

http://lascosasdeunciempies.com/2013/01/19/un-jardin-con-tres-delicias-parte-i/

http://lascosasdeunciempies.com/2013/07/12/un-jardin-con-tres-delicias-parte-ii-el-jardin-de-los-placeres-carnales-y-los-carmina-burana/

El panel derecho, que ahora nos ocupa, se diferencia de partida en que no es un jardín. El segundo a su manera tampoco lo era y señalaba ya el camino hacia lo que venía en el presente. Estimados lectores, el panel derecho es un infierno. Un infierno en el que, conducidos por grotescos demonios, los hombres y mujeres que en el panel anterior, despreocupadamente, se dedicaban a la sensualidad y el pecado, se ven entregados al horror y a la destrucción.

Se trata, eso sí, de un infierno muy particular y es que, dominando el centro de las imágenes unos instrumentos musicales de grandes proporciones se unen al cadalso de los hombres. ¿un particular odio de H. Bosch hacia la música? ¿una identificación de la música con la sensualidad y los vicios? Aventuradas las hipótesis, me planteo que opinaría entonces Jerónimo de este trabajo.

Al abordar la musicalización de este panel, debo reconocer que me había planteado hacer uso de alguna pieza del Requiem de Mozart, tipo “Confutatis”, “Dies irae”. Como alternativa probé a emplear el “Dies irae”, mucho menos conocido, de G. Verdi. Tras varios escarceos y tentativas pasando por la “Sinfonía fantástica” de Héctor Berlioz, sucedió el accidente.

Me encontraba trasteando, y entre otras opciones me planteé utilizar “Seven trumpets” de los Aphrodite’s Child (una rareza de Vangelis, Demis Rousas y Lucas Sideras en sus tiempos mozos) cuando, por azar, tropecé con una pieza “Las siete trompetas del Apocalipsis” de un joven compositor alicantino. Tras escuchar la interpretación de la composición, comprendí que era la música que había estado buscando.

El autor, Óscar Navarro, natural de Novelda (Alicante), no es ningún desconocido en los mundos de la música profesional. Desarrolló sus estudios musicales especializándose en clarinete y obteniendo las máximas calificaciones y premios. Sus composiciones son interpretadas por bandas y orquestas a lo largo y ancho del mundo. Fue seleccionado por La Universidad del Sur de California para realizar estudios de composición para cine y TV, recibiendo lecciones, entre otros grandes, nada más y nada menos que de John Williams (compositor de Star Wars, Indiana Jones, etc.) Pero que mejor que escuchar su música primero y visitar su propia página (después) para saber de quién y de qué hablamos.

http://www.onavarro.com

Una cosa más, gracias Óscar por tu música y por permitirme usarla en este blog. Os dejo con el vídeo:

Interpretación musical a cargo de:

Orquesta Filarmónica de Requena,

Coral de la Un. Politécnica de Valencia,

Orfeón de Aldaia,

Coral de Vinalopo,

Director de orquesta: Francisco Melero Belmonte

CIELO E INFIERNO

Una tarde cualquiera de domingo, tal vez fuera en primavera, no lo recuerdo. Mi memoria, cuando retrocede a la infancia y se interna en la década de los 80, se vuelve imprecisa. Sobretodo a la hora de situar en el calendario determinados hechos.

En el 87 y en el 88 ya hacía uso abundante de mi carné de biblioteca y absorbía toda clase de libros de Astronomía, de modo que tuve que ser hacia el 86. En el 90, ya iniciando mi adolescencia, mi cuello estaba encallecido de doblarse hacia los dibujos celestes de las constelaciones boreales.

Dejémoslo, por tanto, en que todo empezó una tarde de domingo, en primavera. La televisión apenas sintonizaba entonces los dos canales estatales. Faltaba poco, no obstante, para que arrancaran las primeras cadenas privadas y la parrilla televisiva se convirtiera en una vorágine de color y ruido. Tan solo dos cadenas, y sin embargo, era fácil que en sus horas de programación (que tampoco abarcaban las 24 horas del día) encontraras algo atractivo.

Había rechazado pasear con la familia y me disponía a salir a la calle para ver si me encontraba con algún amigo. De no ser así llamaría al portero automático (tampoco había teléfonos móviles, ni WhatsApp, ni tan siquiera SMS). Cerré el libro de “Los Cinco” y me encaminé hacia la televisión para apagarla antes de salir. Una música enigmática captó mi atención y en los siguientes 50 minutos nada pudo separarme de la pantalla.

Ante mis ojos comenzaron a desfilar estrellas y galaxias. En mis oídos, la música de Vangelis, un desconocido hasta entonces para mí, conmovía cada célula, desde el vello de los brazos hasta el más profundo tuétano de los huesos. Nacían en mi vida la serie Cosmos y la magia de Vangelis. También yo iniciaba, sin apenas saberlo, mi propio “Viaje Personal”

Tiempo después, cuando Internet abrió ante mí su cosmos de información (no sólo hay juegos, sexo y foros sociales), pude comprobar que nuestra historia comenzó mucho antes. Concretamente hacia el año 1975.

En esa época Carl Sagan era un científico con gran reputación y había iniciado su labor de divulgación hacia la sociedad por la que es más conocido. Carl Sagan compatibilizaba su trabajo en diversas Universidades como Harvard, y Cornell, en el estado de Nueva York, con su trabajo en Observatorios de Radiofísica y en la NASA. Fue Carl Sagan quien proporcionó las instrucciones a la tripulación del Apolo XI antes de partir hacia la luna. El éxito de sus libros y de la serie televisiva (ganadora de un Premio Emmy) le catapultarían al puesto de abanderado de la ciencia. Desde esta posición polemizaría con la política bélica de Reagan y su “Guerra de las Galaxias” en los 80, mostraría su repulsa a la proliferación de armas nucleares y se convertiría, ya en la década de los 90, en el azote de las pseudociencias y las supersticiones.

Por entonces, Evángelos Odiseas Papathanassiou, conocido comercialmente como Vangelis, y mensajero de buenas nuevas en forma de música, había abandonado la banda Aphrodite’s Child en la que se curtió como músico junto con Demis Rousos y un menos conocido Lukas Sideras. En 1975 se ha labrada una reputación componiendo música para documentales y algunas películas independientes. Faltaba poco para que su banda sonora de “Carros de Fuego” le situara en el Olimpo arrebatándole el Oscar al mismísimo John Willians (autor, entre otras BSO, de la de “La Guerra de las Galaxias”, “El violinista en el tejado”, “La lista de Schlinder” y un largo etc.) Durante los días 15 a 17 de septiembre de 1975,  se encerraba en estudios Nemo de Londres para grabar su quinto trabajo en solitario. En el disco enlazó piezas corales con otras de su mágico sintetizador. Mezcló piezas lentas con piezas más rápidas en un claro ejercicio de contraste entre opuestos. El disco se llamará “Heaven and Hell”.

Y mientras Vangelis pulsaba en las teclas la música que llenaría de magia los 13 capítulos de Cosmos, un bebé emitía sus primeros acordes laríngeos y conocía su primer septiembre. El bebé crecería y escucharía y vería la obra varios años después (10 ó 12) en una tarde de domingo. Tal vez fuera en primavera.