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EN LA CRESTA DE LA OLLA: Una mirada atrás en lascosasdeunciempiés (II)

Si algo me sorprende en esta retrospectiva que estoy realizando de lo publicado estos años es que nada parece haber perdido actualidad. Vivimos en un mundo que se nos antoja frenético, convulso. La actualidad se nos presenta como un jeringuillazo de adrenalina. Y sin embargo…
Hoy releo y comparto tres publicaciones.
La primera “MALAS LENGUAS: Reflexiones filológicas de un no-filólogo”, muestra una de mis principales preocupaciones en el tiempo. La preocupación de comunicarme eficaz y correctamente. Como bien sabéis, sigo intentándolo.

http://lascosasdeunciempies.com/2011/11/23/malas-lenguas-reflexiones-filologicas-de-un-no-filologo/

La segunda, “NAZARENOS Y TETERAS”, desnuda ante vuestros ojos otra de mis perennes inquietudes: la perenne lucha entre un yo que siente la necesidad de creer y trascender, y otro (el mismo yo) que examina con los ojos de la razón el sentido de trascendencia que se me quiere vender.

http://lascosasdeunciempies.com/2012/03/31/nazarenos-y-teteras/

La tercera publicación, “ARTÍCULO DE PRESUNTA ACTUALIDAD”, muestra quizás mi inquietud más humana y más compartida con mi entorno social. Debido al presunto carácter del presunto artículo, creo que presuntamente se define mejor leyéndolo.

http://lascosasdeunciempies.com/2013/01/22/articulo-de-presunta-actualidad/

MALAS LENGUAS: Reflexiones filológicas de un no-filólogo.

23 de noviembre de 2011

Mi amigo W es autor de un magnífico blog, repleto de experiencias y reflexiones siempre acordes con su tremenda personalidad. En uno de sus post “El juego, la vida y las palabras”, analiza la situación de nuestra lengua madre.

http://mareundarum.wordpress.com/2010/05/23/el-juego-la-vida-y-las-palabras/

W se sitúa lejos de cualquier visión de la lengua como reducto de resistencia de los eruditos frente a la chabacanería general, el mal uso de la misma en los medios de in-comunicación, el alarmante zapateado de claqué sobre la misma, que cual Fred Astaire, realizan nuestras autoridades: políticos, jueces y tecnócratas varios.

W, en una visión vitalista y evolutiva de la lengua, entiende que la lengua ni se crea ni se destruye, sino que se transforma. Es pues, desde este punto de vista, un ente vivo que nace (de una lengua madre, como transformación de la misma), crece, y se transforma con el paso del tiempo, reproduciéndose en nuevos dialectos. En definitiva, en un perenne acto de nacer y morir a la vez que engendra nuevas vidas.

Este proceso fue el que hizo que el latín “renaciera” en su contemporánea forma de las lenguas romances (francés, portugués, italiano, español, etc.). ¿Puede alguien decir en qué momento murió el latín? ¿Murió acaso ensartada cuando los romanos se desembarazaron de su cultura etrusca y se abrazaron a la cultura helénica?¿Murió con las cabalgadas de Atila el rey de los Hunos? ¿Con el Concilio Vaticano II? … Curioso entonces que digamos, sin que tercie reflexión alguna por nuestra parte, que el latín es una lengua muerta.

Discrepo, no obstante, y me sitúo en este caso en una equidistancia entre mi amigo W y los señores y señoras (pocas) que ocupan los sillones de la R.A.E., eruditos que, como Lázaro Carreter, desnudan nuestros “malos” hábitos lingüísticos con su “El dardo en la palabra”.

Discrepo con algunas de las reflexiones que mi buen amigo W realiza en su post. Interpreto que, en la parte final de su discurso, cierta languidez, cansancio o cierta filantropía le llevo a disculpar lo que son netamente errores, por no decirlo en negrita, horrores, que se dan en nuestra comunicación tanto escrita como hablada.

Entendiendo que la lengua es, en esencia, una herramienta humana cuyo objetivo es la comunicación, no puedo obviar el hecho de que nuestros malos hábitos lingüísticos, amén de empobrecer, vulgarizar y empequeñecer las aspiraciones estéticas de la lengua, también generan imprecisión al no emplearse las palabras y expresiones con su auténtico significado.

Nuestra pobreza de vocabulario, nuestra falta de tiempo o afición a la lectura, nuestro desinterés alimentan estas imprecisiones y esta falta de eficacia de la comunicación lingüística. Sí a la imprecisión le añadimos la falta de construcción lógica (sujeto + verbo + complementos diversos), y la incoherencia al no pensar antes de abrir la boca, tenemos los ingredientes perfectos para que nuestro vehículo de comunicación patine y se salga de la carretera.

Si tenemos en cuenta la falta de empatía en la gran mayoría de los humanos y ese subjetivismo/relativismo desde el que contemplamos con indiferencia el discurso y el parecer de la persona que tenemos enfrente. Si a eso le añadimos unas gotas de error y de imprecisión, el resultado es que el objetivo de la comunicación se pierde en el desagüe de la in-comunicación.

Por todo ello, amigo W, no puedo estar plenamente de acuerdo con tu visión de evolución de las lenguas. Acepto la vitalidad de las lenguas. Huyo del purismo y fanatismo exacerbado de los señores académicos (y señoras). Pero no puedo aceptar todos los cambios como una Evolución de la lengua, o al menos no como una Evolución positiva.

Por ello, si cuando mantengo una conversación con alguien me repite incesantemente la pregunta “¿Vale?”, no lo puedo evitar le replico: “No, no me vale”.

NAZARENOS Y TETERAS

31 de marzo de 2012.

En aquellas ocasiones en que gente muy dispar se reúne por alguna causa (Congresos, Reuniones, Convenciones, etc.), es frecuente que los organizadores sugieran a los participantes no tratar ciertos temas. Se considera que temas como la religión, la política o el fútbol (si esto fuera Cuba hablaríamos del béisbol), pueden enardecer los ánimos y entorpecer la convivencia.
Mi deseo no es que en este espacio terminemos a tomatazos. Tampoco me conformo con me digáis “Sí, cariño” a todo (me consta que no es así) Tal vez por ello, y por la confianza que me proporciona este teclado, me dedico a tocaros una y otra vez las partes, perdón quise decir los temas sensibles.
Hoy no va a ser menos. Los “ciempieses” tenemos muchas más patas que los pulpos para “toquetear”. El tema de hoy es claro, pero no, con la iglesia no hemos topado en esta ocasión, esta vez, hemos topado conmigo mismo.
A lo largo de mi vida me he visto confrontado muchas veces a mis “incoherencias” (léanse las comillas) Cuestiones como ser de aquí y de allá a la vez, e incluso de ninguna parte o de donde me venga en gana. Esto puede ser tan trivial como que me guste el color verde y el naranja a la par.
Pudiera ser que os fuera a confesar que soy obrero y de derechas a la vez, pero no es el día ni el caso y no me creo tan atolondrado en ese o en otro sentido. Hablaremos de religión, concretamente de mi/s punto/s de  vista.
Me resulta inevitable acudir a los textos de Richard Dawkins, célebre científico y divulgador, que desde su postura netamente ateísta, desnuda en sus libros los tejemanejes y manipulaciones de la religión. Ya desde su prólogo denuncia sentencias tan simples como ” niño musulmán” o “niño cristiano”. Dawkins defiende la inocencia del niño y confronta estas adjetivaciones con otras como “niño comunista”, “niña conservadora” o similares.
A continuación desgrana conceptos que para el lector común, al que debe dirigirse toda obra de divulgación realmente efectiva, pueden resultar confusos. Así, resbalando sobre conceptos como monoteísmo, politeísmo o panteísmo, se centra en conceptos filosófico-teológicos más sutiles, definiendo teísmo, deísmo, agnosticismo y ateísmo.
Vayamos por partes. Un teísta cree en un Dios creador que sigue interviniendo en su creación vía milagros, comunicación con sus criaturas, premios, castigos, etc. Un deísta cree en un Dios que diseña y crea el Cosmos y se aparta de él como un espectador. Sus criaturas, incluidos nosotros, los humanos, no pueden tener una experiencia directa de Él, y Él no altera caprichosamente las reglas que ha proporcionado en el diseño de su creación. Este es el Dios de Newton. Un agnóstico sostiene que no es posible saber mediante la razón o el conocimiento humanos si existe o no existe un Dios en o detrás de su posible creación. Un ateo niega directamente la existencia de ese Dios.
Dawkins, seguidamente, establece una escala (flexible) en la que se dan todos los casos entre el blanco y el negro de las posturas acerca de la existencia/inexistencia de la divinidad. Esta escala se divide a efectos prácticos en siete peldaños:
1. Fuertemente teísta. Cien por ciento de probabilidades de Dios. En las palabras de C. G. Jung: “Yo no creo, Yo sé”.
 2. Muy alta probabilidad, pero menor al cien por cien. Teísta de facto:
“No lo puedo saber con certidumbre, pero creo fuertemente en Dios y vivo mi vida con la asunción de que el esta alli”.
3. Mayor al cincuenta por ciento; pero no muy alta. Técnicamente agnóstico pero se inclina hacia el teísmo:
 “Tengo mucha incertidumbre, pero estoy inclinado a creer en Dios”.
4. Exactamente cincuenta por ciento. Agnóstico completamente imparcial:
“La existencia y la no-existencia de Dios son exactamente iguales de probables”.
5. Menos del cincuenta por ciento pero no muy bajo. Técnicamente agnóstico pero se inclina al ateísmo:
 “Yo no se si Dios existe, pero me inclino a ser escéptico”.
6. Muy bajas probabilidades, pero sin llegar a cero. Ateo de facto:
“No puedo saberlo con certidumbre, pero pienso que Dios es muy improbable, y vivo mi vida con la asunción de que Él no esta alli”.
7.  Fuertemente ateo:
 “Yo sé que Dios no existe, con la misma convicción de que Jung sabe que existe uno”.
El autor de esta escala se sitúa en el escalón 6 y considera que, racionalmente, no se puede adoptar una postura como la 7ª.
Diréis que aún no he comenzado con mi confesión. Cierto, estoy dando vueltas y vueltas y aún no suena la música de Full Monty, no he empezado a contonearme ni a despojarme del cinturón. Dadme tiempo que empiezo: no tengo claro donde situarme. Puedo decir que tal vez me encuentre con un pie en el tercer escalón y un brazo en el quinto. Evidentemente no creo en un padre benévolo con barbas, ni en una virgen que fue concebida a su vez de forma pura por su madre, ni de un padrastro vengativo. Mi débil fe se acerca más, en todo caso a un Dios en todas las cosas (panteísmo), o una inteligencia creadora excepcional (Primer motor, Madre del Huevo Cósmico, etc.)
Acudiendo a la simpleza racional aristotélica de establecer la virtud en el punto medio, podríamos pensar que ser un agnóstico puro “fifty-fifty” es lo más razonable. Sin embargo, la línea es tremendamente fina y la tibieza, templanza o medianía tremendamente artera. Más adelante, cuando hable de la tetera de Rusell podemos volver a pensar en ello.
Mi incoherencia y mis “estiramientos” no terminan ahí, pero antes de desabotonar mi camisa y mostrar el cuerpo de este líder de opinión (uy, pérdón, ese no soy yo, ese es otro), seguiré comentando algunas cosillas sobre el libro de Dawkins.
Además de aclarar conceptos y de establecer divisiones y escalas, el autor proporciona interesantes datos sobre la persecución que empuja a los ateos y científicos escépticos hacia las catacumbas en la norteamérica anglosajona. Concretamente  cita los datos de una encuesta realizada a la sociedad estadounidense en el año 1999. A la pregunta de si votarían para un cargo público a una persona cualificada que fuese:
  • MUJER (95% lo harían)
  • CATÓLICA-ROMANA (94% lo harían)
  • JUDÍA (92 %)
  • MORMÓN (79%)
  • HOMOSEXUAL (79%)
  • ATEA (49%)
Curioso en una nación establecida como secular en su constitución. Aunque, eso sí, en su otra constitución (la monetaria) reza aquello de “In God We trust”. Esto me recuerda aquellas declaraciones atribuidas a George Bush padre en las cuales venía a decir que los ateos no debían considerarse auténticos ciudadanos estadounidenses (en realidad decía “american people”, lo siento, estos yanquis siempre olvidan que el continente continúa al sur de Texas)
En el libro de Dawkins, que aún no he citado “God delusion”, traducido en español como “El espejismo de Dios”, continúa desarrollándose el pensamiento del autor acudiendo a numerosas citas. Entre otras, compartiré con vosotros una de las más llamativas, fruto del pensamiento del filósofo y matemático Bertrand Rusell:
Muchas personas ortodoxas hablan como si fuese la responsabilidad de los escépticos desprobar ciertos dogmas en vez de que sea la responsabilidad de los dogmáticos el probarlos. Esto es; por supuesto, un error. Si yo sugiriese que entre la Tierra y Marte hay una jarra de porcelana para té dando vueltas alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie sería capaz de desprobar mi afirmación debido a que yo fui cuidadoso en añadir que la jarra de té es tan pequeña que no puede ser vista ni por el más poderoso de nuestros telescopios. Pero si yo continuase para añadir además que como mi afirmación no puede ser desprobada, sería una intolerable presunción de la razón humana dudar de ella, debe pensarse correctamente de mí que estoy hablando sin sentido. Si; en cambio, la existencia de tal jarra de té fuese afirmada en un libro de la antigüedad, enseñada como una verdad sagrada cada domingo e introducida gradualmente en la mente de los niños en las escuelas, dudar en creer en su existencia se convertiría en una marca de excentricidad y daría derecho a enviar a quien duda al psiquiatra en la era de la ilustración o al inquisidor en tiempos más antiguos.
Y sin embargo se mueve…
Bien, ahora sí, ahora me quito la camisa y enseño pecho-lobo (que más quisiera). No, lo que voy a decir es que este escéptico, durante estos días, se tomará vacaciones. En un momento dado el corazón se contagiará de un redoble de tambor. El tímpano bostezará al son de una corneta y de un clarinete. El estómago ronroneará sintiendo el trombón y el bombardino y su nariz se inflamará con el olor de los hachones, de las velas y el incienso.
Es Semana Santa en Zamora. La razón queda en suspenso y, guiado más por la tradición y el sentimiento que por fe, este individuo volverá a boquear y a temblar al paso de las imágenes y de los cofrades. De paso, os aburriré un poquito hablando de Vírgenes, Pasión y Nazarenos.
Buenas noches y buena suerte.

 

ARTÍCULO DE PRESUNTA ACTUALIDAD

22 de enero de 2013

sobre con corazones

Sí, lo sé, con todas las cosas que pasan alrededor, me prodigo presuntamente poco hablando de temas de actualidad. Pero hoy, que presuntamente tengo metido un vídeo en el presunto horno, voy, presuntamente a hablar algo del tema.

Pero permitidme que antes os haga una presunta advertencia: estos son terrenos cenagosos y el presunto Mariano nos ha dicho que, presuntamente, no le temblará la mano a la hora de ordenar a su ombligo que le haga una presunta auditoría a la pelusilla que lo recubre; pero tampoco a la hora de emprender presuntas acciones legales contra aquellos que presuntamente difamen a su presunto partido político.

Por esa razón, presuntamente voy a mirar hacia otro lado. Sí, en definitiva, presuntamente no hablaré del secadero de salchichones, salamis, morcillas, cecinas y embutidos varios que hay en la Calle Génova. (fíjense bien, amigos, que presuntamente no he hablado de “chorizos”). Y de la presunta sorpresa que se han llevado con la noticia nuestros presuntos políticos, periodistas y ciudadanos.

Pues eso, no voy a hablar de ese presunto partido político, voy a hablar de ese presunto maniqueísmo de nuestros periodistas y nuestros presuntos medios de información. Para ello, acompaño el presunto artículo con (y esta vez no son presuntas) unas definiciones del Diccionario de la Real Academia Española:

sobresueldo.

1. m. Retribución o consignación que se añade al sueldo fijo.

sobornar.

(Del lat. subornāre).

1. tr. Corromper a alguien con dádivas para conseguir de él algo.

soborno1.

(De sobornar).

1. m. Acción y efecto de sobornar.

2. m. Dádiva con que se soborna.

3. m. Cosa que mueve, impele o excita el ánimo para inclinarlo a complacer a otra persona.


soborno2.(Del lat. supernus, superior).1. m. Arg. Cosa que se añade a una carga regular.

Ahora decidme, amigos, si los presuntos sobres con dinero presuntamente negro que el presunto Luis repartía entre directivos de ese presunto partido político, era el presunto Luis quien los repartía y no el responsable de pagar las nóminas. Si tenemos en cuenta que, además, presuntamente no se corresponden con ningún presunto concepto de presunta paga de beneficios (¿o sí?) ni horas extras, etc.: ¿Estamos ante un presunto Sobresueldo como dicen nuestros presuntos periodistas o ante un presunto Soborno?

Si consideramos que el presunto Luis, presuntamente, no repartía dádivas a tontas y a locas sino que tenía unos presuntos objetivos que lograr, y los presuntos sobres presuntamente se repartían entre aquellos con autoridad y poder en el presunto partido para empujarle hacia su presunta consecución: ¿Estamos ante un presunto Sobresueldo como dicen nuestros presuntos periodistas o ante un presunto Soborno?

¿Por qué nuestros presuntos periodistas se empeñan en presuntamente tomarnos el supuesto pelo de nuestras cabezas con presuntas palabras presuntamente suavizadas?

El despresuntador que lo despresunte buen despresuntador será (presuntamente)

1000 y UN CORTEJOS ANTES DE LA TEMPESTAD: Serie de la Madre de todas las Calamidades (IV)

     …Y la hermosa repuso: “¡Por el Mesías! Te creía más sensato, ¡oh joven! ¿Intentas raptarme? Pretendes llevarme a Bagdad, donde caería en manos de ese terrible rey Omar Al-Nemán, que tiene trescientas sesenta concubinas en doce palacios, precisamente según el número de los días y los meses. Y abusaría ferozmente de mi juventud, pues serviría para satisfacer sus deseos durante una noche, y después me abandonaría. ¡Tal es la costumbre entre vosotros los musulmanes! No hables, pues, así, ni esperes convencerme. ¡Aunque fueras Scharkán en persona, el hijo del rey Omar, cuyos ejércitos invaden nuestro territorio, no te haría caso!

     Sabe que en este momento diez mil jinetes de Bagdad, guiados por Scharkán y el visir Dandán, atraviesan nuestras fronteras para reunirse con el ejército del rey Afridonios de Constantinia. Y si
quisiera, iría yo sola a su campamento y mataría a Scharkán y al visir Dandán, porque son nuestros enemigos. Pero ahora, ven conmigo, ¡oh joven extranjero!”

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGO LA 48ª NOCHE
Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que la joven dijo a Scharkán, a quien estaba muy lejos de conocer: “Ahora ven conmigo, ¡oh joven extranjero!” Y Scharkán, al oírla, se sintió extraordinariamente mortificado por la enemistad que tenía aquella joven hacia él, el visir Dandán y todos los suyos. Y si sólo hubiese atendido a una mala inspiración, se habría dado a conocer y se habría apoderado de la joven; pero se lo impidieron los deberes de hospitalidad, y sobre todo el hechizo de aquella hermosura, y recitó esta estrofa:

¡Oh joven! ¡Aunque cometieras todos los delitos, ahí está tu belleza para borrarlos y convertirlos en una delicia más!

Y ella atravesó lentamente el puente levadizo, y se dirigió hacia el monasterio. Y Scharkán, que marchaba detrás de ella, veía bajar y subir sus nalgas suntuosas, que se movían como las olas del mar.
Y lamentó que el visir Dandán no estuviese también allí para maravillarse con aquel esplendor. Y pensó en estos versos del poeta:

¡Contempla el encanto de sus caderas plateadas, y verás aparecer ante tus ojos la luna llena!

¡Mira la redondez de sus nalgas benditas, y verás dos medias lunas unidas en el cielo!

Y llegaron a un gran pórtico con arcadas de mármol transparente. Y entraron por una larga galería que corría a lo largo de diez arcadas con columnas de pórfido. Y en medio de cada arcada colgaba una lámpara de cristal de roca, esplendente como el sol. Allí esperaban a su ama las jóvenes doncellas con candelabros encendidos, que desprendían aromática fragancia. Y llevaban ceñida la frente con cintas de seda y pedrerías de todos los colores. Abrieron la marcha, conduciendo a los dos jóvenes a la sala principal. Y Scharkán vio unos magníficos cojines alineados junto a la pared, alrededor de toda la sala. Y en las puertas y ventanas pendían grandes cortinajes, con una gran corona de oro.

Todo el suelo estaba tapizado con preciosos mosaicos de alegres colores. En medio de la sala se abría el tazón de una fuente con veinticuatro surtidores de oro; y el agua caía musicalmente, con centelleos de metal y de plata. Y en el fondo de la sala había un lecho cubierto de sedas, como sólo existen en los palacios de los reyes.

Y la joven dijo a Scharkán: “Sube a esa cama, ¡oh mi señor! y déjate servir”. Y Scharkán subió a la cama, muy dispuesto a dejarse servir. Y la dama salió de la sala, y dejó a Scharkán con las jóvenes esclavas, cuyas frentes estaban coronadas de pedrería.

Pero como la joven tardase en volver, preguntó Scharkán a las esclavas adónde había ido, y éstas le contestaron: “Se ha ido a dormir. Y nosotras estamos aquí para servirte, según mandes”. Y Scharkán no supo qué pensar. Pero las muchachas le llevaron toda clase de manjares exquisitos, ofreciéndoselos en amplias bandejas labradas, y Scharkán comió hasta saciarse. Después le presentaron el jarro y la palangana de oro con relieves de plata, y dejó que corriera por sus manos el agua perfumada con rosas y azahar. Pero de pronto comenzó a preocuparle la suerte de sus soldados, a quienes había dejado solos. Y se reconvino por haber olvidado los consejos de su padre. Pero aumentaba su pena el no saber nada de la joven, ni del lugar en que se encontraba: Y recitó entonces estas estrofas del poeta:

Si he perdido mi fuerza y mi valor, es leve mi culpa, ¡porque me han engañado y traicionado de tantos modos!

¡Libertadme, ¡oh amigos míos! de mi dolor, de ese dolor de amar que me ha hecho perder las fuerzas y toda mi alegría!

¡He aquí que mi corazón, extraviado por el amor, se ha extraviado y derretido! ¡Se ha derretido, y no sé a quién lanzar mi grito de angustia!

Cuando Scharkán acabó de recitar estas estrofas, se durmió y no se despertó hasta por la mañana. Y vio entrar en la sala un tropel de beldades, veinte jóvenes como lunas que rodeaban a su ama. Y ésta, en medio de las otras, parecía la luna entre las estrellas. Estaba vestida con magníficas sederías adornadas con dibujos y figuras; su cintura parecía aún más fina y sus caderas más suntuosas debajo del cinturón que las tenía cautivas. Este cinturón era de oro afiligranado, con pedrería. Y con tal cintura y tales caderas, semejaba la joven una mesa de cristal diáfano en cuyo centro se plegara delicadamente una fina rama de plata. Los pechos eran más soberbios y más salientes. Sujetaba su cabellera una redecilla de perlas con toda clase de pedrería. Y rodeada de las veinte doncellas a derecha e izquierda, que le llevaban la cola de su soberbio vestido, adelantaba maravillosa, contoneándose.

Y al verla, sintió Scharkán oscurecida su razón; y se olvidó de sus soldados, y del visir, y hasta de los consejos de su padre. Y se puso de pie, imantado por aquellos encantos, y recitó estas estrofas:

¡Poderosa de caderas, inclinada y cimbreante! ¡Tus miembros son flexibles y suaves, tu garganta resbaladiza y dorada!

¡Ocultas ¡oh hermosísima! los tesoros interiores! Yo tengo ojos agudos que atraviesan todas las opacidades.

Entonces la joven se acercó a él, y le miró largamente, largamente. Después le dijo: “¡Eres Scharkán! Ya no lo dudo. ¡Oh Scharkán, hijo de Omar Al-Nemán! ¡Oh héroe magnánimo! He aquí que iluminas esta morada y la honras. Dime, ¡oh Scharkán! ¿has pasado la noche tranquilo? ¡Háblame! Y sobre todo, ¡no finjas más, deja la mentira a los maestros de la mentira, porque la ficción y la mentira no son los atributos de los reyes, ni sobre todo el más grande de los reyes!”

Cuando Scharkán oyó estas palabras, comprendió que de nada le serviría el negar, y respondió: “¡Oh tú, la muy dulce! ¡Soy Scharkán Omar Al-Nemán! ¡Soy aquel que sufre porque el Destino lo arrojó sin defensa entre tus manos! Haz de mí lo que quieran tu gusto y tu deseo, ¡oh desconocida de los ojos negros!” Entonces la joven bajó un momento los ojos hacia el suelo, como si meditase. Después, mirando a Scharkán, le dijo: “¡Apacigua tu alma y endulza tus miradas! ¿Olvidas que eres mi huésped? ¿Olvidas que ha mediado entre nosotros el pan y la sal? ¿Olvidas también que sostuvimos más de una conversación amistosa? En adelante estarás bajo mi protección y a beneficio de mi lealtad. ¡No temas, porque ¡por el Mesías! si toda la tierra se lanzara contra ti, nadie te tocaría antes de que mi alma saliera del cuerpo en defensa tuya!”

Dijo, y fue a sentarse gentilmente a su lado, y se puso a hablarle con la más dulce sonrisa. Después llamó a una de sus esclavas y le habló en lengua griega, y la esclava salió, para volver acompañada de otras que llevaban grandes bandejas con manjares de todas clases, y otras con frascos y jarrones de bebidas.

Pero Scharkán no se atrevía a probar aquellos manjares, y la joven, al observarlo, le dijo:

“Vacilas, ¡oh Scharkán! en probar mis manjares. Sospechas alguna traición. ¿Olvidas que ayer te pude matar?” Y se apresuró a alargar la mano y a tomar un poco de cada plato. Y Scharkán se
avergonzó de sus sospechas, y empezó a comer, y ella con él, hasta que se saciaron. Después de haberse lavado las manos, colocaron las flores y mandaron traer bebidas, en grandes jarrones de oro, plata y cristal; y las había de todos los colores y de las mejores clases. Y la joven llenó una copa de oro, y fue la primera en beber; y después la llenó de nuevo y se la ofreció a Scharkán, que bebió, y ella le dijo: “¡Oh musulmán! ¿ves como así la vida es fácil y agradable?”

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGO LA 49ª NOCHE
Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que la joven desconocida dijo a Scharkán: “¡Oh musulmán! ¿ves como así la vida es fácil y agradable?” Después siguieron bebiendo de aquel modo hasta que la fermentación produjo su efecto y el amor prendió firmemente en el corazón de Scharkán. Entonces la joven dijo a una de sus doncellas favoritas, llamada Grano de Coral: “¡Oh Grano de Coral! ¡apresúrate a traer los instrumentos armoniosos!” Y Grano de Coral contestó: “¡Escucho y obedezco!”

Se ausentó un instante, y volvió acompañada de unas jóvenes que traían un laúd de Damasco, una cítara de Tartaria y una viola de Egipto. Y la joven cogió el laúd, lo templó sabiamente, y acompañada por las otras doncellas que se habían sentado en la alfombra, pulsó un momento las cuerdas vibrantes. Y con voz llena de delicias, más dulce que la brisa y más agradable y pura que el agua de la sierra, cantó lo siguiente:

Las víctimas de tus ojos, ¡oh mi amada! ¿sabes su número? Las flechas que disparan tus ojos y que derraman la sangre de los corazones, ¿sabes su número?

¡Pero afortunados los corazones que sufren por tus ojos! ¡Y mil veces afortunados tus esclavos de amor!

Y acabado este canto, se calló la joven. Entonces una de las muchachas que acompañaba con los instrumentos, entonó en lengua griega una canción que no comprendió Scharkán. Y su joven señora contestaba de cuando en cuando en el mismo tono. Pero ¡cuán dulce era aquel canto alternado y quejumbroso!

Y la joven dijo a Scharkán: “¡Oh musulmán entre los musulmanes! ¿has comprendido nuestra canción?” Y él respondió: “¡Verdaderamente que no la he entendido, pero su armonía me ha conmovido extraordinariamente! Y la humedad de los dientes al sonreír y la ligereza de los dedos al sonar los instrumentos me han encantado hasta lo infinito”.

Ella sonrió, y dijo: “Y ahora, Scharkán, si te dijera un canto árabe, ¿qué harías?” Y él contestó: “¡Perder seguramente la razón que me queda!” Entonces la joven cambió el tono y la clavija del laúd, lo pulsó un instante, y cantó estas palabras del poeta:

El sabor de la separación es un sabor lleno de amargura. ¿Hay algún medio para sufrirlo con paciencia?

Tres cosas me han dado a elegir: el alejamiento, la separación y el abandono, tres cosas llenas de espanto.

¿Cómo elegir, cuando estoy completamente vencido por el amor de una hermosura que me ha conquistado y que me somete a tan duras pruebas?

Cuando Scharkán oyó esta canción, como había bebido considerablemente, quedó sin conocimiento, completamente ebrio. Y al volver en sí, ya no estaba allí la joven.

Y Scharkán preguntó a las esclavas.

Y las esclavas le dijeron: “Se ha ido a su habitación para dormir, pues he aquí que es de noche”. Y Scharkán, aunque muy contrariado, dijo: “¡Qué Alah la tenga bajo su protección!” Pero al día siguiente, Grano de Coral, la esclava preferida, le vino a buscar en cuanto se despertó, para llevarle al aposento mismo de su señora. Y al franquear el umbral, Scharkán, fue recibido al son de los instrumentos y de los himnos de las cantoras, que de aquel modo le daban la bienvenida. Y transpuso una puerta toda de marfil, incrustada de perlas y pedrería. Y se halló en una gran sala, toda cubierta de sedería y de tapices de Khorasán.

Y estaba iluminada por altos ventanales que daban a unos jardines frondosos atravesados por arroyos. Junto a las paredes de la sala había una fila de estatuas vestidas como personas y que movían los brazos y las piernas de un modo asombroso, y en su interior tenían un mecanismo que les hacía cantar y hablar como verdaderos hijos de Adán. 

Pero cuando la dueña de la casa vio a Scharkán, se levantó, se acercó a él, y le cogió de la mano. Y le hizo sentarse junto a ella, y le preguntó con interés cómo había pasado la noche, y le dirigió otras preguntas, a las cuales dio Scharkán las respuestas convenientes. Después se pusieron a conversar, y ella le preguntó: “¿Sabes las palabras de los poetas acerca de los enamorados y de los esclavos de amor?” Y él contestó: “Sí, ¡oh mi señora! sé algunas”. Y ella dijo: “Quisiera oírlas”.

Y él dijo: “He aquí lo que el elocuente y delicado Kuzair decía respecto a la perfectamente bella Izzat, a quien amaba:

¡Oh, no! ¡Jamás descubriré los encantos de Izzat! ¡Jamás hablaré de mi amor por Izzat! ¡Me ha obligado a tantos juramentos y a tantas promesas! ¡Ah! ¡Si se supiesen todos los encantos de Izzat!

¡Los ascetas que lloran entre el polvo y que tanto se precaven contra las penas de amor, si oyeran el gorjeo que yo conozco, acudirían a arrodillarse delante de Izzat para adorarla! ¡Ah! ¡Si supieran cuántos son los encantos de Izzat!

Y la joven exclamó: “En verdad, la elocuencia fue un don de ese admirable Kuzair, que decía:

Si ante un juez digno de ella y de su belleza se presentara Izzat compitiendo con su rival el dulce sol matutino, seguramente sería Izzat la preferida.

Y sin embargo, algunas mujeres maliciosas se han atrevido a criticar su hermosura. ¡Alah las confunda, y haga de sus mejillas una alfombra para las suelas de Izzat!

Y la joven añadió: “¡Cuán amada fue Izzat! Y tú, oh príncipe Scharkán! si recordases las palabras que el hermoso Djamil decía a la misma Izzat, ¡qué amable serías si nos las dijeses!” Y Scharkán dijo: “Realmente, de las palabras de Djamil a Izzat no recuerdo más que esta estrofa:

¡Oh la más gentil de las engañadoras! ¡Sólo deseas mi muerte; a ella se encaminan todos tus planes! ¡Y sin embargo, eres la única que deseo entre todas las jóvenes de la tribu!”

Y Scharkán añadió: “Porque sabe, ¡oh señora mía! que estoy en la misma situación que Djamil, pues deseas hacerme morir ante tus ojos”. Y entonces la joven sonrió, pero no dijo nada. Y siguieron bebiendo hasta que vino la aurora. En seguida se levantó la joven, y desapareció. Y Scharkán se dispuso a pasar otra noche solo en su lecho. Pero cuando llegó la mañana, se presentaron las esclavas al son de los instrumentos armoniosos, y después de haber besado la tierra entre sus manos, le dijeron: “¡Haznos el favor de venir con nosotras al cuarto de nuestra ama, que te espera!”

Entonces se levantó Scharkán, y salió con las esclavas, que tañían los instrumentos. Y llegó a una segunda sala, mucho más maravillosa que la primera, donde había estatuas y pinturas que figuraban animales, y aves, y otras muchas cosas que superarían a toda descripción. Y quedó encantado de cuanto veía, y sus labios cantaron estas estrofas:

¡Cogeré la estrella que se remonta entre los frutos de oro del Arquero de las Siete Estrellas!

Es la perla noble que anuncia las albas plateadas. La gota de oro de la constelación.

Es el ojo de agua que se deshace en trenzas de plata. ¡La rosa de carne de sus mejillas! ¡Un topacio incendiado!

¡Sus ojos! ¡Dan el color a la violeta, sus ojos rodeados de kohl azul!

Y la joven se levantó, fue a coger de la mano a Scharkán, le hizo sentarse a su lado, y le dijo: “¡Oh príncipe Scharkán! seguramente conoces el juego del ajedrez”. Y él dijo: “Lo conozco; pero ¡por favor! no seas como aquella de quien se queja el poeta:

¡En vano me lamento! ¡Estoy martirizado por el amor! No puedo apagar la sed en su boca dichosa, ni respirar la vida bebiéndola en sus labios.

No es que me desprecie, ni que me falten sus atenciones, ni que olvide el ajedrez para distraerme; pero ¿acaso mi alma tiene sed de distracciones ni de juego?

Y además, ¿cómo podría luchar con ella, cuando me fascina el fuego de sus miradas, las miradas de sus ojos que penetran en mi hígado?”

Y la joven se echó a reír, pero acercó el ajedrez y empezó el juego. Y Scharkán, cada vez que le tocaba jugar, en vez de atender al juego miraba a la joven, y jugaba de cualquier modo, poniendo el caballo en lugar del elefante y el elefante en lugar del caballo.

Y ella, riendo, le dijo: “¡Por el Mesías! ¡Cuán profundo es tu juego!” Pero él contestó: “¡Esta es la primera partida! Ya sabes que no representa nada”. Y prepararon el juego de nuevo. Pero ella lo venció otra vez, y la tercera, y la cuarta, y la quinta vez. Después le dijo: “¡He aquí que en todas sales vencido!” Y él dijo: “¡Oh mi soberana, no está mal ser vencido por una adversaria como tú!”

Entonces la joven mandó poner el mantel, y comieron y se lavaron las manos; y no dejaron de beber de todas las bebidas. Y la joven cogió un arpa, y diestramente preludió una notas lentas y melodiosas. Y cantó estas estrofas:

Nadie escapa a su Destino, así esté oculto o no lo esté, así tenga el rostro sereno o amargado.

Olvídalo todo, ¡Oh amigo mío! y bebe por la belleza y por la vida. ¡Soy la hermosura, que ningún hijo de la tierra puede mirar indiferentemente!

Calló, y sólo el arpa resonó bajo los finos dedos de marfil. Y Scharkán, arrebatado, se sentía perdido en deseos infinitos. Entonces, tras un nuevo preludio, la joven cantó:

¡La amistad verdadera no puede soportar la amargura de la separación! ¡Hasta el sol palidece cuando tiene que dejar a la tierra!

Pero apenas cesó este canto, oyeron un enorme tumulto y un gran vocerío. Y vieron que avanzaba un tropel de guerreros cristianos con las espadas desnudas, y gritaban: “¡He aquí que has caído en nuestras manos! ¡He aquí, oh Scharkán, tu día de perdición!”

VOLVEMOS AL JARDÍN DE LAS DELICIAS

LA ENTRADA ORIGINAL “UN JARDÍN CON TRES DELICIAS (Parte I), FUE PUBLICADA EL 19 DE ENERO.

http://lascosasdeunciempies.com/2013/01/19/un-jardin-con-tres-delicias-parte-i/

NO OBSTANTE, AHORA QUE RETOMAMOS EL HILO DE ESTA BITÁCORA, ME PARECE APROPIADO RECORDAR DONDE LO DEJAMOS. A CONTINUACIÓN EL ARTÍCULO PUBLICADO ENTONCES, Y… EN BREVE LA CONTINUACIÓN (ESTÁ CALENTITA EN EL HORNO)

Iniciamos aquí un nuevo recorrido por otra joya de la pintura. No hace falta ser muy sagaz para advertir la fascinación que siento por la obra de Hieronymus Bosch y para deducir que, en este recorrido, la joya será El Tríptico del Jardín de las Delicias.

Ya han pasado un par de meses desde la publicación del artículo y el vídeo sobre El Tríptico de las Tentaciones de San Antonio:

http://lascosasdeunciempies.com/2012/11/25/el-triptico-de-las-tentaciones-de-san-antonio/

En este tiempo hemos visitado la obra de otros pintores como Joaquín Sorolla y Murillo, y de artistas de difícil clasificación como M.C. Escher. Hoy, pasando de largo de la obra de otros grandes que aún no hemos visitado, repetimos de nuevo con El Bosco.

Diréis que porqué con tres delicias… Las delicias serán las músicas que acompañen a nuestra visita al jardín, pero todo a su debido tiempo.

The_Garden_of_Earthly_Delights_by_Bosch_High_Resolution_2

A la hora de abordar esta obra, nos encontramos con tres paneles muy heterogéneos entre sí. Tanto que, junto con la complejidad del panel central y del derecho, me he visto obligado, por razones de espacio y de “ambiente” de la obra, a desmenuzarlo en tres partes. De modo que tenemos un tríptico en tres partes. No resulta muy original ¿verdad?

Esta complejidad ha supuesto un mayor esfuerzo a la hora de decidir con que delicias (músicas) acompañar cada una de las partes. Todo junto y reunido sirve para escusar porqué he tardado casi un mes en colgar un nuevo cuadro, y sólo uno, en esta personal Pinacoteca. Ahora me encuentro ya en condiciones de colgar a lo largo de unos pocos días las tres partes en este cajón de sastre que abrís de vez en cuando en vuestras pantallas.

Hieronymus_Bosch_-_The_Garden_of_Earthly_Delights_-_The_exterior_(shutters)El Jardín de las Delicias es el más conocido de los nueve cuadros que componen la colección que el Rey Felipe II recogió de la obra de H. Bosch. Durante mucho tiempo la obra habitó en el Monasterio de El Escorial. Hoy en día, podemos contemplarla en el Museo del Prado de Madrid.

La obra trata de ser moralizante, enseñándonos que los pecados y la inmoralidad nos llevan de la paz y la inocencia del Jardín del Edén, hacia el caos y el suplicio de los infiernos.

El tríptico cerrado representa, en blanco y negro, la Creación del Mundo. Por la ausencia del Sol y la Luna, se dice que representa el tercer día de la creación narrada por el Génesis.

Una vez abierto, el Panel de la izquierda representa el Paraíso en el momento en que Dios le presenta a Adán la última de sus creaciones: Eva. El Panel central muestra la corrupción por el pecado de la lujuria y el Panel de la derecha castiga con el cadalso del infierno a los pecadores del panel central.

220px-Hieronymus_Bosch_018Así, sin más. ¿ya está? ¿todo explicado? Mucho me temo que no. Las escuetas interpretaciones que podemos encontrar repartidas por la web, por libros y, por supuesto, en Wikipedia, ya nos adelantan que no todo lo blanco es blanco ni todo lo negro es negro en esta obra. Fijémonos, por ejemplo en la mirada maliciosa de la lechuza desde el ojo de la fuente de la vida. Maravillémonos con esa roca al pie del lago que, rodeada de reptiles y serpientes, adquiere la silueta de una cabeza (¿no os recuerda a Salvador Dalí?). Sigámosle la pista a esos anímales que luchan y se devoran, a las cumbres de la montaña que se comban anticipando la degradación y el desastre…

Adanes y Evas, les dejo, como no, con el primero de los vídeos que componen este jardín. La música no requiere de mucha presentación (¿o sí?). Se trata del genio de Vivaldi aplicado a un violín solista en el Segundo Movimiento del Invierno. Tal vez hubiera sido más apropiado para el Edén una Primavera o un Verano, pero con Vivaldi hubieran resultado “tormentosos”. No obstante, a pesar de que la música describa una apacible tarde refugiándose de la lluvia y el frío al pie de la lumbre, me ha parecido que su melosidad y ambiente pacífico podía sentarle bien a nuestro propósito.

Disfruten y, ya saben, en breve los otros paneles y las otras delicias.

Continuará…

UN JARDÍN CON TRES DELICIAS (Parte I)

Iniciamos aquí un nuevo recorrido por otra joya de la pintura. No hace falta ser muy sagaz para advertir la fascinación que siento por la obra de Hieronymus Bosch y para deducir que, en este recorrido, la joya será El Tríptico del Jardín de las Delicias.

Ya han pasado un par de meses desde la publicación del artículo y el vídeo sobre El Tríptico de las Tentaciones de San Antonio:

http://lascosasdeunciempies.com/2012/11/25/el-triptico-de-las-tentaciones-de-san-antonio/

En este tiempo hemos visitado la obra de otros pintores como Joaquín Sorolla y Murillo, y de artistas de difícil clasificación como M.C. Escher. Hoy, pasando de largo de la obra de otros grandes que aún no hemos visitado, repetimos de nuevo con El Bosco.

Diréis que porqué con tres delicias… Las delicias serán las músicas que acompañen a nuestra visita al jardín, pero todo a su debido tiempo.

The_Garden_of_Earthly_Delights_by_Bosch_High_Resolution_2

A la hora de abordar esta obra, nos encontramos con tres paneles muy heterogéneos entre sí. Tanto que, junto con la complejidad del panel central y del derecho, me he visto obligado, por razones de espacio y de “ambiente” de la obra, a desmenuzarlo en tres partes. De modo que tenemos un tríptico en tres partes. No resulta muy original ¿verdad?

Esta complejidad ha supuesto un mayor esfuerzo a la hora de decidir con que delicias (músicas) acompañar cada una de las partes. Todo junto y reunido sirve para escusar porqué he tardado casi un mes en colgar un nuevo cuadro, y sólo uno, en esta personal Pinacoteca. Ahora me encuentro ya en condiciones de colgar a lo largo de unos pocos días las tres partes en este cajón de sastre que abrís de vez en cuando en vuestras pantallas.

Hieronymus_Bosch_-_The_Garden_of_Earthly_Delights_-_The_exterior_(shutters)El Jardín de las Delicias es el más conocido de los nueve cuadros que componen la colección que el Rey Felipe II recogió de la obra de H. Bosch. Durante mucho tiempo la obra habitó en el Monasterio de El Escorial. Hoy en día, podemos contemplarla en el Museo del Prado de Madrid.

La obra trata de ser moralizante, enseñándonos que los pecados y la inmoralidad nos llevan de la paz y la inocencia del Jardín del Edén, hacia el caos y el suplicio de los infiernos.

El tríptico cerrado representa, en blanco y negro, la Creación del Mundo. Por la ausencia del Sol y la Luna, se dice que representa el tercer día de la creación narrada por el Génesis.

Una vez abierto, el Panel de la izquierda representa el Paraíso en el momento en que Dios le presenta a Adán la última de sus creaciones: Eva. El Panel central muestra la corrupción por el pecado de la lujuria y el Panel de la derecha   castiga con el cadalso del infierno a los pecadores del panel central.

220px-Hieronymus_Bosch_018Así, sin más. ¿ya está? ¿todo explicado? Mucho me temo que no. Las escuetas interpretaciones que podemos encontrar repartidas por la web, por libros y, por supuesto, en Wikipedia, ya nos adelantan que no todo lo blanco es blanco ni todo lo negro es negro en esta obra. Fijémonos, por ejemplo en la mirada maliciosa de la lechuza desde el ojo de la fuente de la vida. Maravillémonos con esa roca al pie del lago que, rodeada de reptiles y serpientes, adquiere la silueta de una cabeza (¿no os recuerda a Salvador Dalí?). Sigámosle la pista a esos anímales que luchan y se devoran, a las cumbres de la montaña que se comban anticipando la degradación y el desastre…

Adanes y Evas, les dejo, como no, con el primero de los vídeos que componen este jardín. La música no requiere de mucha presentación (¿o sí?). Se trata del genio de Vivaldi aplicado a un violín solista en el Segundo Movimiento del Invierno. Tal vez hubiera sido más apropiado para el Edén una Primavera o un Verano, pero con Vivaldi hubieran resultado “tormentosos”. No obstante, a pesar de que la música describa una apacible tarde refugiándose de la lluvia y el frío al pie de la lumbre, me ha parecido que su melosidad y ambiente pacífico podía sentarle bien a nuestro propósito.

Disfruten y, ya saben, en breve los otros paneles y las otras delicias.

Continuará…

EL BARBERO SILENCIOSO Y NADA LOCUAZ: Una aproximación a las 1000 y 1 noches (I)

Acercarse a las “Mil y una noches” es internarse en un mundo que nos es ajeno. Para internarnos en él, es preciso prevenirnos, saber que estamos tratando con una cultura muy diferente de la nuestra. No sólo la religión o los siglos nos separan, sino la propia forma de entender la vida y el mundo que nos rodea.

Es preciso decir que, en gran parte de los relatos, la visión de la mujer resulta denigrada. Ella es la corruptora, la pecadora. Este hecho puede llevarnos al escándalo, así como el diferente castigo que reciben hombres y mujeres y su distinto trato por el adulterio. No obstante, esa es la concepción del mundo en aquella cultura que recopiló estos cuentos allá por los siglos XII y XIII en la zona del Cercano Oriente. Si pretendemos con ello juzgar a los musulmanes, deberemos tener presente joyas de nuestra propia cultura, como el Malleus maleficarum y la persecución y quema de mujeres por parte de nuestra religión, o la imagen de Eva en el Antiguo Testamento.

Es conveniente, también, tener en cuenta que muchas versiones y traducciones han sido intencionadamente edulcoradas para no producir el escándalo de nuestra moral europea y cristiana. La versión que ha llegado a mis manos, tras la lectura de las primeras 80 noches, ha ido ganando mi favor por la crudeza y sinceridad con que nos sumerge en aquel mundo en el que había mucho más que genios, sultanes y lámparas. J.C. Mardus, sirio de nacimiento, y francés de nacionalidad (Siria fue protectorado francés) nos facilita esta traducción, libre de las amputaciones de otras versiones como la proporcionada por los jesuitas.

Compartiremos a lo largo de 4 ó 5 artículos la increíble historia del barbeo Al Salem, el Silencioso, llamado así por su carácter firme y prudente y su “ninguna” locuacidad.

1001 noches

ATENCIÓN: esta lectura no pretende ofender ni mostrar ningún criterio sexista del autor del blog. Si te consideras especialmente sensible o consideras que las palabras pueden ofender tu moral o tu fe, eres libre de no leer.

FRAGMENTO DE LAS MIL Y UNA NOCHES EXTRAÍDO DE LA 28ª NOCHE

(Sherezade narra a su esposo el rey Schahriar la historia de un jorobado, un sastre, un médico judío, un comerciante cristiano y un intendente. Dentro de esta historia el Sastre cuenta el siguiente relato a un sultán)

RELATO DEL SASTRE

       “Sabe, pues, ¡oh rey del tiempo! que antes de mi aventura con el jorobado me habían convidado en una casa donde se daba un festín a los principales miembros de los gremios de nuestra ciudad: sastres, zapateros, lenceros, barberos, carpinteros y otros.

       Y era muy de mañana. Por eso, desde el amanecer, estábamos to­dos sentados en corro para desayunarnos, y no aguardábamos más que al amo de la casa, cuando le vimos entrar acompañado de un joven fo­rastero, hermoso, bien formado, gentil y vestido a la moda de Bag­dad. Y era todo lo hermoso que se podía desear, y estaba tan bien ves­tido como pudiera imaginarse. Pero era ostensiblemente cojo. Luego que entró adonde estábamos, nos deseó la paz, y nos levantamos todos para devolverle su saludo. Después íbamos a sentarnos, y él con nosotros, cuando súbitamente le vimos cambiar de color y disponerse a salir. Entonces hicimos mil esfuerzos para detenerlo entre nosotros. Y el amo de la casa insistió mucho y le dijo: “En verdad, no entendemos nada de esto. Te ruego que nos digas qué motivo te impulsa a dejarnos”.

       Entonces el joven respondió: “¡Por Alah te suplico, ¡oh mi señor! que no insistas en retenerme! Porque hay aquí una persona que me obliga a retirarme, y es ese barbero que está sentado en medio de vosotros”.

       Estas palabras sorprendieron extraordinariamente al amo de la casa, y nos dijo: “¿Cómo es posible que a este joven, que acaba de llegar de Bagdad, le moleste la presencia de ese barbero que está aquí?”

Entonces todos los convidados nos dirigimos al joven, y le dijimos: “Cuéntanos, por favor, el motivo de tu repulsión hacia ese barbero”.

       El contestó: “Señores, ese barbero de cara de alquitrán y alma de betún fué la causa de una aventura extraordinaria que me sucedió en Bagdad, mi ciudad, y ese maldito tiene también la culpa de que yo esté cojo. Así es que he jurado no vivir nunca en la ciudad en que él viva ni sentarme en sitio en donde él se sentara. Y por eso me vi obligado a salir de Bagdad, mi ciudad, para venir a este país lejano. Pero ahora me lo encuentro aquí. Y por eso me marcho ahora mismo, y esta noche estaré lejos de esta ciudad, para no ver ese hombre de mal agüero”.

       Y al oírlo, el barbero se puso pálido, bajó los ojos, y no pronunció palabra. Entonces insistimos tanto con el joven, que se avino a con­tarnos de este modo su aventura con el barbero.

 HISTORIA DEL JOVEN COJO CON EL BARBERO DE BAGDAD

                          (Contada por el cojo y repetida por el sastre)

       “Sabed, oh, todos los aquí presentes, que mi padre era uno de los principales mercaderes de Bagdad, y por voluntad de Alah fui su único hijo. Mi padre, aunque muy rico y estimado por toda la población, lle­vaba en su casa una vida pacífica, tranquila y llena de reposo. Y en ella me educó, y cuando llegué a la edad de hombre me dejó todas sus riquezas, puso bajo mi mando a todos sus servidores y a toda la fa­milia, y murió en la misericordia de Alah, a quien fue a dar cuenta de la deuda de su vida. Yo seguí, como antes, viviendo con holgura, po­niéndome los trajes más suntuosos y comiendo los manjares más exqui­sitos. Pero he de deciros que Alah, Omnipotente y Gloriosísimo, había infundido en mi corazón el horror a la mujer y a todas las mujees de tal modo, que sólo verlas me producía sufrimiento y agravio. Vivía, pues, sin ocuparme de ellas, pero muy feliz y sin desear nada más.

       Un día entre los días, iba yo por una de las calles de Bagdad, cuando vi venir hacia mí un grupo numeroso de mujeres. En seguida, para librarme de ellas, emprendí rápidamente la fuga y me metí en una calleja sin salida. Y en el fondo de esta calle había un banco, en el cual me senté a descansar.

       Y cuando estaba sentado se abrió frente a mí una celosía, y apa­reció en ella una joven con una regadera en la mano, y se puso a regar las flores de unas macetas que había en el alféizar de la ventana.

       ¡Oh, mis señores! He de deciros que al ver a esta joven sentí nacer en mí algo que en mi vida había sentido. Así es que en aquel mismo instante mi corazón quedó hechizado y completamente cautivo, mi ca­beza y mis pensamientos no se ocuparon más que de aquella jo­ven, y todo mi pasado horror a las mujeres se transformó en un deseo abrasador. Pero ella, en cuanto hubo regado las plantas, miró distraí­damente a la izquierda, y luego a la derecha, y al verme me dirigió una larga mirada que me sacó por completo el alma del cuerpo. Después ce­rró la celosía y desapareció. Y por más que la estuve esperando hasta la puesta del sol, no volvió a aparecer. Y yo parecía un sonámbulo o un ser que ya no pertenece a este mundo.

       Mientras seguía sentado de tal suerte, he aquí que llegó y bajó de su mula, a la puerta de la casa, el kadí de la ciudad, precedido de sus negros y seguido de sus criados. El kadí entró en la misma casa en cuya ventana había yo visto a la joven, y comprendí que debía ser su padre.

       Entonces volví a mi casa en un estado deplorable, lleno de pesar y zozobra, y me dejé caer en el lecho. Y en seguida se me acercaron todas las mujeres de la casa, mis parientes y servidores, y se sentaron a mi alrededor y empezaron a importunarme acerca de la causa de mi mal. Y como nada quería decirles sobre aquel asunto, no les contesté palabra. Pero de tal modo fué aumentando mi pena de día en día que caí gravemente enfermo y me vi muy atendido y muy visitado por mis amigos y parientes.

       Y he aquí que uno de los días vi entrar en mi casa a una vieja, que en vez de gemir y compadecerse, se sentó a la cabecera del lecho y empezó a decirme palabras cariñosas para calmarme. Después me mi­ró, me examinó atentamente, y pidió a mi servidumbre que me dejaran solo con ella. Entonces me dijo: “Hijo mío, sé la causa de tu enferme­dad, pero necesito que me dés pormenores”. Y yo le comuniqué en confianza todas las particularidades del asunto, y me contestó: “Efecti­vamente, hijo mío, esa es la hija del kadí de Bagdad, y aquella casa es ciertamente su casa. Pero sabe que el kadí no vive en el mismo piso que su hija, sino en el de abajo. Y de todos modos, aunque la joven vive sola, está vigiladísima y bien guardada. Pero sabe también que yo voy mucho a esa casa, pues soy amiga de esajoven, y puedes estar seguro de que no has de lograr lo que deseas más que por mi mediación.

¡Aní­mate, pues, y ten alientos!”

       Estas palabras me armaron de firmeza, y en seguida me levanté y me sentí el cuerpo ágil y recuperada la salud. Y al ver esto se ale­graron todos mis parientes. Y entonces la anciana se marchó, prome­tiéndome volver al día siguiente para darme cuenta de la entrevista que iba a tener con la hija del kadí de Bagdad.

       Y en efecto, volvió al día siguiente. Pero apenas le vi la cara comprendí que no traía buenas noticias. Y la vieja me dijo: Hijo mío, no me preguntes lo que acaba de suceder. Todavía estoy trastornada. Figúrate que en cuanto le dije al oído el objeto de mi visita, se puso de pie y me replicó muy airada: “Malhadada vieja, si no te callas en el acto y no desistes de tus vergonzosas proposiciones, te mandaré cas­tigar como mereces”. Entonces, hijo mío, ya no dije nada, pero me propongo intentarlo por segunda vez. No se dirá que he fracasado en estos empeños en los que soy más experta que nadie. Después me dejó y se fué.

       Pero yo volví a caer enfermo con mayor gravedad, y dejé de co­mer y beber.

       Sin embargo, la vieja, como me había ofrecido, volvió a mi casa a los pocos días, y su cara resplandecía, y me dijo sonriendo: “Vamos, hijo, ¡dame albricias por las buenas nuevas que te traigo!” Y al oírla sentí tal alegría, que me volvió el alma al cuerpo, y le dije en seguida a la anciana: “Ciertamente, buena madre, te deberé el mayor benefi­cio”. Entonces ella me dijo: “Volví ayer a casa de la joven. Y cuando me vió triste y abatida, y con los ojos arrasados en lágrimas, me pre­guntó: “¡Oh, mísera! ¿por qué está tan oprimido tu pecho? ¿Qué te pasa?” Entonces se aumentó mi llanto, y le dije: “¡Oh, hija mía y se­ñora! ¿no recuerdas que vine a hablarte de un joven apasionadamente prendado de tus encantos? Pues bien: hoy está por morirse por culpa tuya”. Y ella, con el corazón lleno de lástima, y muy enternecida, pre­guntó: “¿Pero quién es ese joven de quien me hablas?” Y yo le dije: “Es mi propio hijo, el fruto de mis entrañas. Te vió hace algunos días, cuando estabas regando las flores, y pudo admirar un momento los encantos de tu cara, y él, que hasta ese momento no quería ver a nin­guna mujer y se horrorizaba de tratar con ellas, está loco de amor por ti. Por eso, cuando le conté la mala acogida que me hiciste, recayó gra­vemente en su enfermedad. Y ahora acabo de dejarle tendido en los almohadones de su lecho, a punto de rendir el último suspiro al Crea­dor. Y me temo que no haya esperanza de salvación para él”. A estas palabras palideció la joven, y me dijo: “¿Y todo eso por causa mía?” Yo le contesté: “¡Por Alah, que así es! ¿Pero qué piensas hacer ahora? Soy tu sierva, y pondré tus órdenes sobre mi cabeza y sobre mis ojos”. Y la muchacha dijo: “Vé en seguida a su casa y transmítele de mi parte el saludo, y dile que me da mucho dolor su pena. Y en seguida le dirás que mañana viernes, antes de la plegaria, le aguardo aquí. Que venga a casa, y yo diré a mi gente que le abran la puerta, le haré subir a mi aposento, y pasaremos juntos toda una hora. Pero tendrá que marcharse antes que mi padre vuelva de la oración”.

       Oídas las palabras de la anciana, sentí que recobraba las fuerzas y que se desvanecían todos mis padecimientos y descansaba mi cora­zón. Y saqué del ropón una bolsa repleta de dinares y rogué a la anciana que la aceptase. Y la vieja me dijo: “Ahora reanima tu corazón v ponte alegre”. Y yo le contesté: “En verdad que se acabó mi mal”. Y en efecto, mis parientes notaron bien pronto mi curación y llegaron al colmo de la alegría, lo mismo que mis amigos.

       Aguardé, pues, de este modo hasta el viernes, y entonces vi llegar a la vieja. Y en seguida me levanté, me puse mi mejor traje, me per­fumé con esencia de rosas, e iba a correr a casa de la joven, cuando la anciana me dijo: “Todavía queda mucho tiempo. Más vale que entre­tanto vayas al hammam a tomar un buen baño y que te den masaje, que te afeiten y depilen, puesto que ahora sales de una enfermedad. Verás qué bien te sienta”.

       Y yo respondí: “Verdaderamente, es una idea acertada. Pero mejor será llamar a un barbero para que me afeite la cabeza y después iré a bañarme al hammam”.

       Mandé entonces a un sirviente que fuese a buscar a un barbero, y le dije: “Vé en seguida al zoco y busca un barbero que tenga la mano ligera, pero sobre todo que sea prudente y discreto, sobrio en palabra y nada curioso, que no me rompa la cabeza con su charla, como hacen en su mayor parte los de su profesión”. Y mi servidor salió a escape y me trajo un barbero viejo.

       Y el barbero era ese maldito que veis delante de vosotros, ¡oh, mis señores!

       Cuando entró, me deseó la paz, y yo correspondí a su saludo de paz. Y me dijo: “¡Que Alah aparte de ti toda desventura, pena, zozo­bra, dolor y adversidad!” Y contesté: “¡Ojalá atienda Alah tus buenos deseos!” Y prosiguió: “He aquí que te anuncio la buena nueva, ¡ah, mi señor! y la renovación de tus fuerzas y tu salud. ¿Y qué he de ha­cer ahora? ¿Afeitarte o sangrarte? Pues no ignoras que nuestro gran Ibn-Abbas dijo: “El que se corta el pelo el día del viernes, alcanza el favor de Alah, pues aparta de él setenta clases de calamidades”. Y el mismo Ibn-Abbas ha dicho: “Pero el que se sangra en viernes o hace que le apliquen ese mismo día ventosas escarificadas, se expone a per­der la vista y corre el riesgo de coger todas las enfermedades”. Entonces le contesté: “¡Oh, jeique! basta ya de chanzas; levántate en seguida para afeitarme la cabeza, y hazlo pronto, porque estoy débil y no puedo hablar, ni aguardar mucho”.

       Entonces se levantó y cogió un paquete cubierto con un pañuelo, en que debía llevar lá bacia, las navajas y las tijeras; lo abrió y sacó, no la navaja, sino un astrolabio de siete facetas. Lo cogió, se salió al medio del patio de mi casa, levantó gravemente la cara hacia el sol, lo miró atentamente, examinó el astrolabio, volvió, y me dijo: “Has de saber que este viernes es el décimo día del mes de Safar del año 763 de la Hégira de nuestro Santo Profeta; ¡vayan a él la paz y las mejores bendiciones! Y lo sé por la ciencia de los números, la cual me dice que este viernes coincide con el preciso momento en que se verifica la conjunción del planeta Mirrikh con el planeta Hutared, por siete grados y seis minutos. Y esto viene a demostrar que el afeitarse hoy la cabeza es una acción fausta y de todo punto admirable. Y claramente me indica también que tienes la intención de celebrar una entrevista con una persona cuya suerte se me muestra como muy afortunada. Y aun podría contarte más cosas que te han de suceder, pero son cosas que debo callarlas”.

       Yo contesté: “¡Por Alah! Me ahogas con tanto discurso y me arrancas el alma. Parece también que no sabes más que vaticinar cosas desagradables. Y yo sólo te he llamado para que me afeites la cabeza. Levántate, pues, y aféitame sin más discursos”. Y el barbero replicó: ¡Por Alah! Si supieses la verdad de las cosas, me pedirías más por­menores y más pruebas. De todos modos, sabe que, aunque soy barbero, soy algo más que barbero. Pues además de ser el barbero más reputado de Bagdad, conozco admirablemente, aparte del arte de la medicina, las plantas y los medicamentos, la ciencia de los astros, las reglas de nuestro idioma, el arte de las estrofas y de los versos, la elocuencia, la ciencia de los números, la geometría, el álgebra, la filosofía, la arquitectura, la historia y las tradiciones de todos los pueblos de la tierra,. Por eso tengo mis motivos para aconsejarte, ¡oh, mi señor! que hagas exactamente lo que dispone el horóscopo que acabo de obtener gracias  a mi ciencia y al examen de los cálculos astrales. Y da gracias a Alah que me ha traído a tu casa, y no me desobedezcas, porque sólo te acon­sejo tu bien por el interés que me inspiras. Ten en cuenta que no te pido más que servirte un año entero sin ningún salario. Pero no hay que dejar de reconocer, a pesar de todo, que soy un hombre de bastante mérito y que me merezco esta justicia”.

       A estas palabras le respondí: “Eres un verdadero asesino, que te has propuesto volverme loco y matarme de impaciencia.

    En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la ma­ñana y se calló discretamente.

Según traducción del doctor J.C.Mardrus