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ESTADOS, BANDERAS, NACIONES, MERCADOS Y pueblos

Dos pequeños poemas dedicados a todos los que nos llenan la cabeza hablando de “Estados” y “Naciones” y nos miran torcido cuando decimos “pueblos”

Tristes paños de colores,
jirones ensuciando la mañana,
brisa y rocío,
acero, plomo y sangre rancia.
–     –     –
Enhiestos, fálicos mástiles,
estandartes,
cuernos y orgullosos señores,
triste soberbia la de los tambores.
–     –     –
Campo estéril anegado,
arado sin trigo,
de vino tinto la amapola y el arroyo,
de marzo un almendro sin retoño.
–     –     –
Rojo Marte, negro luto,
lluvia de pavesas y llanto
de flores y colores,
de madera hueca envuelta en paños.

 

 

BANDERAS
 Blancas, verdes, rojas o gualdas,
Al cielo se elevan como áspides,
Ninguna ondea sin su viento.
Dominando vaguadas y oteros
Estiércol de un grillete preso,
Rugidos del señor de las espadas,
Adalides de papel, oro y sangre,
Servidoras del dios de los becerros.

HISTORIAS (IN)TERMINABLES

Hoy hablaré de una de mis más ocultas pasiones. En realidad ya se me ha empezado a ver el plumero. Está claro, no sólo leo libros de los llamados “serios”. No sólo me deleite en la lectura de grandes tochos de Literatura, Filosofía, Ciencia o Historia. No, cada vez más, embargado en la vida del adulto (dormir, comer, trabajar, dormir, comer, trabajar, dormir), lo  que me pide el cuerpo es escapar. 

Mi alegría fue mayúscula (yo siempre escondiendo mis pasiones más “frikis”) cuando vi que uno de nuestros vecinos compartía mi afición. Digámoslo con todas las letras y palabras: Hoy el tema es la Narrativa Fantástica. 

ver también http://plared.wordpress.com/2011/06/05/fantasia-epica-se-acerca-el-invierno/ y  http://plared.wordpress.com/2012/07/27/fantasia-epica-sucia-y-oscura-segunda-parte/

Con la Narrativa Fantástica ocurre algo parecido a lo que sucede con la Ciencia Ficción. De hecho, en ocasiones hasta se cruzan con mejor o peor resultado. Si con la Ciencia Ficción lo primero que se nos vendría, sin demasiado esfuerzo, a la cabeza serían los láser, Obi Wan Kenobi y todo el “Universo Lucas”; con la Narrativa Fantástica lo más natural sería pensar en un anillo, un mago o mejor, sírvame dos, malos malísimos, mi tesoro: Gollum, Gollum y Cate Blanchett bajando majestuosa de su árbol mallorn en Lothlórien.

Claro, El Señor de los Anillos es todo un hito. La adaptación a la pantalla mágica por Peter Jackson magnífica (aunque con ciertas licencias bastante licenciosas). Si el libro, allá por los 50 fue un gran éxito que perduró generación tras generación hasta los días que nos ocupan, la saga (en tres películas rodadas, con acierto, del tirón) fue un éxito sin precedentes.

Lástima que los buenos sean… tan buenos, y los malos… tan malos. La historia, tan rica en lenguas, leyendas y descripciones, peca de una irreverente y hasta insultante (hacia un público que no sea plenamente infantiloide) falta de matices en trama y personajes. Con la excepción de Gollum claro.

En realidad esta narrativa ni parte de la Tierra Media ni encuentra en las Tierras Imperecederas ni en la llegada de la Cuarta Edad de los hombres su sumum. Robert Howard ya escribía en aquellas épocas sus novelas de Conan (por favor, no confundir con Schwarzenager). Muchos autores románticos habían alimentado los sueños de, los entonces, burgueses con monstruos como Drácula, Frankenstein, etc. en el género vecino del terror.

Y Dorothy ya recorría entonces los senderos de baldosas amarillas. En los tiempos oscuros de la Europa, tras la caída del Imperio Romano, Arturo Pendragón construía su Camelot legendario con la ayuda de un diablo Merlín.

En definitiva, el género, la fantasía, la leyenda impregna nuestros más profundos poros desde, desde… siempre (mucho antes de Lucas Arts y New Line Cinema). Mucho antes de que Don Quixote leyera las aventuras de tantos y variados nobles caballeros que le precedieron.

Pero de nuevo divago (quizás hasta tri-vago). Michael Ende escribió varias novelas. Alguna de ellas como “La Historia Interminable” fue llevada al cine y me sirve para titular de alguna manera esta parrafada.

En estos momentos, no sé si la crisis mundial tendrá algo que ver con ello, lo que está más en boga es la Narrativa Fantástica con corte oscuro, con víscera, con sangre, con sexo, traición, incesto,… Nuevamente podríamos pensar que George R.R. Martin y HBO pusieron en marcha todo esto. El éxito de la Serie televisiva Juego de Tronos, con una primera temporada exquisita, y una segunda en que, por necesidades cinematográficas, comienza a separarse del libro, nos lleva fácilmente a ello. Pero en realidad Michael Moorcock, Stephen King y otros muchos autores llevan años escribiendo muchos y grandes libros.

El problema que tienen muchos de ellos es que el éxito los devora. George se demora y se demora en terminar la saga. En un principio iban a ser cinco libros. Ahora parece que ya no va a entrar toda la historia en siete… ¿Realmente es necesario tanto libro para conseguir un efecto de inmersión en un mundo que en principio nos resulta ajeno? ¿Hacen falta 10.000 páginas para convertir a un grupúsculo de personajes en parte de nuestra familia de papel?

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Joe Abercrombie me ha demostrado que no. Es, si sois observadores, un autor del que he estado leyendo su saga de 3 y solamente 3 libros. Ahora publica historias sueltas en el mismo mundo que ha desarrollado, incluso parece que prepara una nueva trilogía. En tres libros consigue hilvanar los hilos de la madeja y construirnos un hermoso suéter. 

George R.R. Martin, Robert Jordan (descanse en paz) y otros autores se me antojan como ciertas “Penélopes” tejiendo y destejiendo en espera de que un Ulises productor se pague otra ronda. De hecho, sugeriría al Inquisidor Glokta que, ayudado por sus practicantes, arrastre su cuerpo tullido y los interrogue acerca de si realmente algún día se decidirán a concluir las historias que han comenzado.

Gracias, Joe, por permitirme volver a creer en la honestidad de este género.

“NO, AHÍ HESKUSAS!”

Lo sé, os escuecen los ojos y no es por alergia, sueño o conjuntivitis. A mí también me resulta hiriente. Tal vez fuera divertido escribir ese conjunto desamparado de letras que forman el título frente al domicilio de mis profesores de lengua. Más aún si pudiera ver por el ojo de una cerradura su gesto de espanto. Pero no es ese el propósito.

Ciertamente, si tuviera embajadas en algún remoto (o no tan remoto) país en que el pundonor de la lengua fuese una religión, iría raudo en busca de extintores y acapararía a los mejores guardaespaldas. No es tampoco el caso.

Quienes venís siguiendo la zigzagueante historia de este blog, con sus “paradiñas”, bloqueos ocasionales, …, conocéis también mi preocupación por el uso del idioma. Intento, y no siempre lo consigo, ser correcto. Juguetón también, muchas veces las palabras tienen el tacto de la plastilina, pero, en general, trato de ser correcto. De hecho, os animo a que en privado, o a viva voz me corrijáis cuando meta la patita o la pataza. 

(Para los profanos os sugiero visitar

http://lascosasdeunciempies.com/2011/11/23/malas-lenguas-reflexiones-filologicas-de-un-no-filologo/)

Mi intención no es ser más papista que el Papa ni hacerme pasar a estas alturas por “Sor Virtudes”. ¡Lejos de mí los fundamentalismos!¡Cualquier clase de fundamentalismo!¡ABAJO LOS FUNDAMENTALISTAS!¡Quememos a todos los f…! (EJEM)

Entiendo el lenguaje como una herramienta de comunicación. Una herramienta, eso sí, preciosa. La comunicación precisa de eficacia, y la eficacia depende del contexto, del emisor, del receptor y del medio (oral, escrito). Para esa eficacia se precisan unos convenios o acuerdos, y de ahí las reglas (gramaticales, ortográficas, etc. ) Un profesor de lengua lo explicaría mejor pero tardaría más tiempo.

“I  xk tanto mpeño x mi parte?”

Mi experiencia me dice que de lo que aprendemos el 90% es por imitación, por observación. El niño o el adulto que lee (libros se entiende, no el “feisbuj”, el “guasá” ni la prensa deportiva ni la prensa de provincias ni la prensa “seria” tampoco) comete menos faltas de ortografía. Las palabras forman dibujos, casi como los ideogramas chinos o japoneses, (no nos referimos obviamente a los “palabros”: otorrinolaringólogo, esternocleidomastoideo, o Lazurtegi- Uribetxeberria). Por eso, cuando en un texto escrito encontramos un “avia” o “Pribado Proivido pasar” nuestros ojos se detienen y… escuecen.

Por eso y, pensando en essa niña que hoy nace en Essshpaña. Essa niña que tiene unosssh padressssh y quiere una educación y una sanidad. Essa niña que nace en España y quiere un trabajo digno el día de mañana… Bien, pensando en todas, todos y toditos, lo intento.

(Para los que desconozcan la historia de essa niña)

Hoy tengo (tenemos) una excusa menos para no hacer un buen uso del idioma. Hoy la Fundéu BBVA (no confundir con “fondue”) ha presentado junto a la Real Academia Española el manual “Escribir en internet. Guía para los nuevos medios y las redes sociales“. Asimismo, la Real Academia ha anunciado que, en su próxima edición, el Diccionario oficial de nuestro idioma incluirá “tuit”, “blog” y otros interesantes vocablos (no incluirá, me temo, el vocablo “miembra”, lo siento-a)

De modo que queda claro, podremos hablar ya de blog sin circunloquios, aunque, quien así lo prefiera, puede optar por bitácora y su helénica belleza. Y queda también claro, escribir y comunicarse en las nuevas tecnologías tiene sus reglas y sus consejos. Adjunto un enlace en el que amablemente nos han seleccionado 10 consejos para escribir en internet.

http://www.huffingtonpost.es/2012/09/20/escribir-en-internet-15-c_n_1899888.html

Mucho me temo que me cuesta predicar con el ejemplo (jojojo)

POESÍA ERES TÚ

Escuchando la radio he sabido que hoy se celebraba el Día Internacional de la Poesía. Se suele decir (una de esas “verdades” que nadie sabe donde ha escuchado o leído) que un hombre, para ser hombre, debe plantar un libro, tener un árbol y escribir un hijo… Me da a mí que no era así, colocadlo vosotros.

Bien, el caso es que no me consta haber tenido ningún hijo (será que no soy ni El Cordobés ni Julio Iglesias). En cuanto a los árboles, si la copla se trata de haber plantado un árbol, sí, lo he plantado. Ahora bien, si se trata de haber plantado un árbol más de los que por mis hábitos de consumo se han talado, pues mal.

Me queda hablar de lo de plantar un libro. Vaya, parece que tampoco. En realidad, al igual de con el árbol, depende. Depende de si nos referimos a haber escrito “algo”, a que haya alguien que lo haya leído, o a publicar con editorial, editor, rueda de prensa, libros dedicados y tertulia radiofónica.

Pero, volviendo al inicio, hoy es el Día Mundial de la Poesía. He desayunado mis galletas rellenas de chocolate, he tomado tres cafés, he trabajado mis horas, me he quejado del tiempo y del tráfico… Un día como otro cualquiera en definitiva, pero volviendo a casa no pude por menos que preguntarme: “¿A qué huelen las nubes?”

Si todavía estás ahí te habrás dado cuenta que hoy es uno de esos días de cavilaciones espesas, de divagaciones amplias. La pregunta, en realidad, y trataré de ser menos travieso en las próximas cinco líneas es acerca de qué es realmente la poesía.

No voy a ponerme a teorizar, aunque sin remedio lo haré. Mi propósito es simplemente reflexionar juntos y para ello agradeceré vuestros comentarios. Podríamos hablar de la forma poética, podríamos hablar de formar imágenes, de lenguaje rítmico. Seguramente que en todos los casos estaríamos hablando de algo que es poesía, y a su vez, de algo que no necesariamente lo es.

Los ladrillos son las palabras, y la “caravista” de las mismas es su sonoridad. ¿En un poema se busca evocar un sentimiento o una imagen?  No necesariamente. ¿Un poema tiene que trascender la realidad? Tampoco parece preciso. ¿La rima, el ritmo y la estética por sí mismos forman una poesía? Tal vez le falte dirección, intención, profundidad y sentido.

En definitiva, puede ser muchas cosas y no serlas a la vez. Prefiero dejar en vuestras manos la decisión. Al fin y al cabo, soy de los que piensan que un poema es lo que escribo y se convierte en poesía si tú lo lees y lo aprecias.

De modo que, a la espera de vuestra visita y comentario, me despediré con los versos de Gustavo Adolfo Bécquer:

¿Qué es poesía? –dices mientras clavas
  en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
  Poesía… eres tú.

YA NO ME LO CUENTA NINGÚN PAJARILLO

Siempre que se inicia un debate sobre la libertad de expresión, inevitablemente surge la controversia de sus límites. ¿Es lícito hacer apología del terrorismo? ¿Es lícito hacer apología de las drogas? ¿Es lícito hacer apología de Hitler, Stalin o Franco?

Cualquiera de dichas apologías me repugna tanto como si lo fueran de la pedofilia o de la violencia contra las mujeres. Pero siempre se plantea el mismo problema dónde y cómo ponerle puertas a la mar.

En un país cristiano occidental, es posible hacer bromas sobre curas y monjas, blasfemar como forma de dar más peso a conversaciones que por lo general no lo tienen. No obstante, la Iglesia tiene su poder y sus muchas vertientes en que manifestarlo. En un país musulmán, por lo general la religión está entremezclada a tal punto con el estado que cualquier insulto al Corán o al Profeta son severamente punibles. Si el autor de tal insulto es un dibujante de un periódico danés, es igual, porque Alá lo ve todo.

En España existe el delito contra el honor a las personas y el delito contra la intimidad, también de las personas. Lo sabemos por las muchas demandas de famosos, famosetes y famosillas que han circulado por los juzgados ralentizando la justicia y sonriendo detrás de sus gafas de sol. Pero existen también los delitos de insultos a la Corona (tenedlo presente republicanos) a la Bandera y al Rey. A los dibujantes de “El Jueves” (aquella revista que sigue saliendo los miércoles) ya les supuso un disgusto hará tres o cuatro años. También tenemos instaurado el delito de apología del terrorismo. Hemos tenido la desgracia de cinco décadas de terrorismo de E.T.A. y a fin de aislar a los grupúsculos políticos de apoyo a la banda, hubo que desarrollar una ley de partidos problemática y sospechosa de anticonstitucionalidad.

En países aparentemente más civilizados, habría que residir una larga temporada en ellos para verificarlo, también hay limitaciones en la libertad de expresión. En Francia y en Alemania existen condenas por hacer apología del nazismo. Las viejas cicatrices de la vieja Europa aún no se han cerrado por completo.

Internet se ha constituido en un mundo paralelo. Integrado en el capitalismo, y a la vez alternativo, paralelo al sistema. La publicación de los papeles del pentágono por Wikileaks que nos mostraron a los humanos de a pie las vergüenzas y las impudicias del stablishment no habría sido posible sin internet.

La denominada “Primavera árabe” funcionó con convocatorias a golpe de Twitter, amén de la participación de otros intereses en ese área del mediterráneo. La “Spanish Revolution” del 15 de Mayo, se planificó meses antes, también a golpe de Twitter, y sucesivamente sus seguidoras a lo largo y ancho del mundo.

En nuestra expresión cotidiana se han consolidado dos convenciones muy populares. La primera es la de la sencillez para que nos des-entendamos todos y no digamos cosas muy complicadas. La segunda es lo llamado “idioma políticamente correcto”. Juntar idioma con política y corrección ya de por sí se me antoja indigesto como un tiramisú relleno de jalapeños sobre costra de nueces de macadamia. Sé de más de un cojo que me arrearía con su muleta si le llamara “Persona de movilidad parcialmente reducida”. En el trasfondo se recortar lo que parece incorrecto está aquel aprendiz de jardinero que empezó a podar el árbol y recorte a recorte dejó solo el tronco desnudo, eso sí, perfecto. Ojo con la censura y la auto-censura. Con educación y empatía podemos evitar las brusquedades y las inconveniencias, pero estas censuras de las que abusan sobre manera los medios de comunicación nos llevan al silencio.

Los poderes no son ajenos a todos estos movimientos. El círculo de sus propósitos está casi completamente cerrado, pero siempre hay grietas, filtros, y el empeño entonces es evitar que esas grietas se comuniquen en brechas de mayor tamaño. Desde el año 68, en el que yo aún no vivía, y las revueltas pacifistas, hippies, en contra de la Guerra de Vietnam, por un mundo mejor, etc. Los poderes han aprendido mucho. Ya no dan la cara como antes. Anteponen a sus títeres haciendo manitas, y disponen las fichas de ajedrez en cumbres ocultas.

Ahora las guerras son de muchas clases. Las hay a balazos, en más puntos del planeta de lo que cuentan los telediarios enfermos de alzheimer. Pero también las hay a monedazos. Hoy, las economías emergentes sostienen un importante pulso con los tradicionales Estados Unidos en busca de un nuevo reparto de poderes. A una crisis le sigue otra, el ciudadano pasa necesidades, pero es necesario cuando estamos en una guerra.

La otra guerra es la de los bits. Ha llegado la hora de recortar ahí, de enseñarnos a usar internet en un provecho mayor para la humanidad. Ha llegado la hora de que mientras nos descargamos unas peliculitas no leamos cosas raras por ahí. Ha llegado la hora de que los pajarillos no nos cuenten “toda la verdad”