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EN UN DÍA COMO HOY

Halloween, Halloween, Halloween ¡Pero qué diablos, ánimas y seres de purgatorio! El mercadeo de la ¿Globalización? ¿Anglosajonización? nos ha terminado de volver locos. Los niños salen de las escuelas con dibujos de calabazas, murciélagos y arañas y las costumbres ancestrales de nuestros pueblos se quedan olvidadas en el baúl.

Esta noche, para mí, no es Halloween. Si es preciso apagaré la tele o pondré un vídeo con una película de risa. Tal vez tenga alguna de Cantinflas (Mario Moreno) guardada por ahí. Cualquier cosa menos lo que lleva la corriente. ¿Alguna vez os he confesado que aún no he visto la película Titanic?

Suficiente, ya basta de hacerme el duro: No he visto Titanic, pero he digerido las seis películas (infumable alguna de ellas) de Star Wars, y hasta alguna de Harry Potter. He de reconocer que en distintas tradiciones, incluidas las nuestras, el oscurantismo y la proximidad con la Muerte y el Más Allá (no la revista, el Más Allá de la muerte) forman parte de esta noche.

Es la víspera de Todos los Santos, la noche de Ánimas. En la tradición céltica, festival de Samhain, final de año, año nuevo, la noche en que los espíritus y su mundo se hallan más cerca del nuestro. La noche en la que se abren las puertas que conectan ambos mundos. La noche de la magia y de los rituales. La noche de los Conxuros, de la Santa Compaña.

Os dejo. Disfrutad del día y de la noche. Podéis hacerlo como queráis o sino como no quede más remedio. Con ruido, con silencio, con palomitas de maíz, con películas de terror o con una sonrisa. También podéis, simplemente, dejaros transportar por la música, hay para elegir. Y si os apetece algo más, echad mano a las Leyendas de G.A. Bécquer. Os dejo en buenas manos…

Becquer, Gustavo Adolfo – El Monte de las Animas

HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA

Cualquier momento es bueno para recordar a Miguel Hernández. Hoy quiero compartir “Hijo de la luz y de la sombra”, publicado en “Cancionero y romancero de ausencias”.

Al estallar la Guerra Civil Española, Miguel Hernández se alista en el bando republicano y es destinado al frente de Teruel. En Marzo de 1937 vuelve brevemente a Orihuela para casarse con su novia de toda la vida, Josefina Manresa. En Diciembre de ese mismo año nacerá su primer hijo, Manuel Ramón, que fallecerá a los pocos meses. Miguel Hernández le dedica este poema:

HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA

I

(HIJO DE LA SOMBRA)

–     –     –

Eres la noche, esposa: la noche en el instante

mayor de su potencia lunar y femenina.

Eres la medianoche: la sombra culminante

donde culmina el sueño, donde el amor culmina.

–     –     –

Forjado por el día, mi corazón que quema

lleva su gran pisada de sol adonde quieres,

con un solar impulso, con una luz suprema,

cumbre de las mañanas y los atardeceres.

–     –     –

Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje

su avaricioso anhelo de imán y poderío.

Un astral sentimiento febril me sobrecoge,

incendia mi osamenta con un escalofrío.

–     –     –

El aire de la noche desordena tus pechos,

y desordena y vuelca los cuerpos con su choque.

Como una tempestad de enloquecidos lechos,

eclipsa las parejas, las hace un solo bloque.

–      –     –

La noche se ha encendido como una sorda hoguera

de llamas minerales y oscuras embestidas.

Y alrededor la sombra late como si fuera

las almas de los pozos y el vino difundidas.

–     –     –

Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente,

la visible ceguera pueta sobre quien ama;

ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente,

ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama.

–     –     –

La sombra pide, exige seres que se entrelacen,

besos que la constelen de relámpagos largos,

bocas embravecidas, batidas, que atenacen,

arrullos que hagan música de sus mudos letargos.

–     –     –

Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta,

tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida.

Pide que tú y yo ardamos fundiendo en la garganta,

con todo el firmamento, la tierra estremecida.

–      –     –

El hijo está en la sombra que acumula luceros,

amor, tuétano, luna, claras oscuridades.

Brota de sus perezas y de sus agujeros,

y de sus solitarias y apagadas ciudades.

–     –      –

El hijo está en la sombra: de la sombra han surtido,

y a su origen infunden los astros una siembra,

un zumo lácteo, un flujo de cálido latido,

que ha de obligar tus huesos al sueño y a la hembra.

–     –     –

Moviendo está la sombra sus fuerzas siderales,

tendiendo está la sombra su constelada umbría,

volcando las parejas y haciéndolas nupciales.

Tú eres la noche, esposa. Yo soy el mediodía.

–     –      –

II

(HIJO DE LA LUZ)

–     –     –

Tú eres el alba, esposa: la principal penumbra,

recibes entornadas las horas de tu frente.

Decidido al fulgor, pero entornado, alumbra

tu cuerpo. Tus entrañas forjan el sol naciente.

–     –     –

Centro de claridades, la gran hora te espera

en el umbral de un fuego que el fuego mismo abrasa:

te espero yo, inclinado como el trigo a la era,

colocando en el centro de la luz nuestra casa.

–     –     –

La noche desprendida de los pozos oscuros,

se sumerge en los pozos donde ha echado raíces.

Y tú te abres al parto luminoso, entre muros

que se rasgan contigo como pétreas matrices.

–     –     –

La gran hora del parto, la más rotunda hora:

estallan los relojes sintiendo tu alarido,

se abren todas las puertas del mundo, de la aurora,

y el sol nace en tu vientre, donde encontró su nido.

–     –     –

El hijo fue primero sombra y ropa cosida

por tu corazón hondo desde tus hondas manos.

Con sombras y con ropas anticipó su vida,

con sombras y con ropas de gérmenes humanos.

–     –     –

Las sombras y las ropas sin población, desiertas,

se han poblado de un niño sonoro, un movimiento,

que en nuestra casa pone de par en par las puertas,

y ocupa en ella a gritos el luminoso asiento.

–     –     –

¡Ay, la vida: que hermoso penar tan moribundo!

Sombras y ropas trajo la del hijo que nombras.

Sombras y ropas llevan los hombres por el mundo.

Y todos dejan siempre sombras: ropa y sombras.

–      –     –

Hijo del alba eres, hijo del mediodía.

Y han de quedar de ti luces en todo impuestas,

mientras tu madre y yo vamos a la agonía,

dormidos y despiertos con el amor a cuestas.

–     –     –

Hablo y el corazón me sale en el aliento.

Si no hablara lo mucho que quiero me ahogaría.

Con espliego y resinas perfumo tu aposento.

Tú eres el alba, esposa. Yo soy el mediodía.

–     –     –

III

(HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA)

–     –      –

Tejidos en el alma, grabados, dos panales

no pueden detener la miel en los pezones.

Tus pechos en el alba: maternos manantiales,

luchan y se atropellan con blancas efusiones.

–     –      –

Se han desbordado, esposa, lunarmente tus venas,

hasta inundar la casa que tu sabor rezuma.

Y es como si brotaras de un pueblo de colmenas,

tú toda una colmena de leche con espuma.

–     –     –

Es como si tu sangre fuera dulzura toda,

laboriosas abejas filtradas por tus poros.

Oigo un clamor de leche, de inundación, de boda

junto a ti, recorrida por caudales sonoros.

–     –     –

Caudalosa mujer, en tu vientre me entierro.

Tu caudaloso vientre será mi sepultura.

Si quemaran mis huesos con la llama del hierro,

verían que grabado llevo allí tu figura.

–      –      –

Para siempre fundidos en el hijo quedamos:

fundimos como anhelan nuestras ansias voraces:

en un ramo de tiempo, de sangre, los dos ramos,

en un haz de caricias, de pelo, los dos haces.

–     –     –

Los mjuertos, con un fuego congelado que abrasa,

laten junto a los vivos de una manera terca.

Viene a ocupar el hijo los campos y la casa

que tú y yo abandonamos quedándonos muy cerca.

–     –     –

Haremos de este hijo generador sutento,

y hará de nuestra carne materia decisiva:

donde sienten su alma las manos y el aliento

las hélices circulen, la agricultura viva.

–     –     –

Él hará que esta vida no caiga derribada,

pedazo desprendido de nuestros dos pedazos,

que de nuestras dos bocas hará una sola espada

y dos brazos eternos de nuestros cuatro brazos.

–      –      –

No te quiero a ti sola: te quiero en tu ascendencia

y en cuanto de tu vientre descenderá mañana.

Porque la especie humana me han dado por herencia

la familia del hijo será la especie humana.

–      –      –

Con el amor a cuestas, dormidos y despeirtos,

seguiremos besándonos en el hijo profundo.

Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos,

se besan los primeros pobladores del mundo.

–     –     –

Miguel Hernández “Cancionero y romancero de ausencias”

LA NOCHE

No soy el primero. A  buen seguro tampoco seré el último que quede prendado del misterio de la noche. Diseñada para dormir, nuestra naturaleza se rebela y busca el secreto, la sombra, el silencio y los muchos encantos que asoman cuando el sol se esconde. Revolviendo entre los papeles ya algo amarillentos del “Cuaderno de versos y mentiras”, estas son las líneas que vinieron a mis manos en esta hora silenciosa. Estas son las líneas que hoy comparto:

NOCHE

–     –     –

Noche sucia de humo,

noche de negras siluetas,

de titilantes estrellas

y ciego novilunio.

–     –     –

Noche perezosa y ronca,

de negros aullidos,

con las fauces abiertas,

loba,

arcana hechicera.

–     –     –

Espía,

alcahueta,

serena cómplice de amantes y deseos,

prendidos a tu lienzo oscuro,

parcheado,

maltrecho.

–     –     –

Eres río ardiente de lava,

eres fango,

sangre vertida,

sudor,

lágrimas, ira,

eres vacío,

heces y escarcha.

–     –     –

Orgullosa reina,

me aferro a tus mentiras,

me pierdo en tus grutas escarpadas,

me embriago en tus esquinas,

noche profunda,

noche oscura.

–     –     –

Noche negra,

preñada de aromas rancios,

noche ebria.

La de sueños dormidos,

la de ansias despiertas.

Noche encelada,

Edén de solitarios.

Noche ciega.