Archivo de la etiqueta: música

SOBREVOLANDO ÁFRICA: Instantes de celuloide (IX)

La música y la fotografía pueden convertir una película vulgar, no digo que ésta necesariamente lo sea, en algo más. Una banda sonora es arte en sí, y sin ellas cualquier película se vería privada de sus señas de identidad.

Esto para los amantes de los vuelos. Me consta que alguno de mis seguidores ha sido piloto:

LA NIÑA DEL ABRIGO ROJO: Instantes de celuloide (IV)

abrigo rojo

Es apenas un instante. Se produce cuando nos parece que ya no nos puede conmocionar más el horror. Hemos visto como nieva ceniza sobre Cracovia y hemos descubierto el origen del fenómeno. Entonces, portado en una carretilla, aparece el abrigo rojo y los músculos de nuestra garganta se contraen.

Hoy escena doble de una película casi clásica rodada en casi blanco y negro:

 

UN JARDÍN CON TRES DELICIAS (Parte III): “El Infierno musical y las Siete trompetas del Apocalipsis”

infiernoCuando inicié esta serie sobre el tríptico de El Jardín de las Delicias de Hieronymus Bosch, tenía una idea vaga de lo que pretendía con los acompañamientos musicales. Al contrario que el tríptico de Las Tentaciones de San Antonio, los tres paneles que componen la obra, en este caso, son tremendamente heterogéneos en color, con temáticas y ambientes muy definidos.

A la hora de ambientar el panel izquierdo “El Jardín del Edén”, opté por lo fácil, una música que transmitiera sosiego, reposo, perfección. Mi elección fue el Segundo Movimiento (el lento) de El Invierno de Vivaldi. Cierto, apreciado y observador lector, el jardín no tiene nada de invernal, pero la música fundamentalmente se refiere a la paz del hogar, el amor de la lumbre, el sosiego y, eso sí, gotas de lluvia cayendo en el alféizar de la ventana con el deshielo de los carámbanos del tejado.

Para el panel central, “El Jardín de los placeres carnales”, encontré una adecuada simbiosis con los Cármina Burana de Carl Orff. De modo que mientras los personajes se dedican a “amar la fruta” (la fruta es sensualidad y pecado en este cuadro, debe ser que acompaña al postre), cantan los parabienes de la bebida en la taberna. Pudiera haber optado por los Cármina más propiamente amatorios, pero lo cierto es que, dejándome llevar, nuevamente, por la música, me decante por la viveza, el colorido y los cambios rítmicos de “In taberna quando sumus”

http://lascosasdeunciempies.com/2013/01/19/un-jardin-con-tres-delicias-parte-i/

http://lascosasdeunciempies.com/2013/07/12/un-jardin-con-tres-delicias-parte-ii-el-jardin-de-los-placeres-carnales-y-los-carmina-burana/

El panel derecho, que ahora nos ocupa, se diferencia de partida en que no es un jardín. El segundo a su manera tampoco lo era y señalaba ya el camino hacia lo que venía en el presente. Estimados lectores, el panel derecho es un infierno. Un infierno en el que, conducidos por grotescos demonios, los hombres y mujeres que en el panel anterior, despreocupadamente, se dedicaban a la sensualidad y el pecado, se ven entregados al horror y a la destrucción.

Se trata, eso sí, de un infierno muy particular y es que, dominando el centro de las imágenes unos instrumentos musicales de grandes proporciones se unen al cadalso de los hombres. ¿un particular odio de H. Bosch hacia la música? ¿una identificación de la música con la sensualidad y los vicios? Aventuradas las hipótesis, me planteo que opinaría entonces Jerónimo de este trabajo.

Al abordar la musicalización de este panel, debo reconocer que me había planteado hacer uso de alguna pieza del Requiem de Mozart, tipo “Confutatis”, “Dies irae”. Como alternativa probé a emplear el “Dies irae”, mucho menos conocido, de G. Verdi. Tras varios escarceos y tentativas pasando por la “Sinfonía fantástica” de Héctor Berlioz, sucedió el accidente.

Me encontraba trasteando, y entre otras opciones me planteé utilizar “Seven trumpets” de los Aphrodite’s Child (una rareza de Vangelis, Demis Rousas y Lucas Sideras en sus tiempos mozos) cuando, por azar, tropecé con una pieza “Las siete trompetas del Apocalipsis” de un joven compositor alicantino. Tras escuchar la interpretación de la composición, comprendí que era la música que había estado buscando.

El autor, Óscar Navarro, natural de Novelda (Alicante), no es ningún desconocido en los mundos de la música profesional. Desarrolló sus estudios musicales especializándose en clarinete y obteniendo las máximas calificaciones y premios. Sus composiciones son interpretadas por bandas y orquestas a lo largo y ancho del mundo. Fue seleccionado por La Universidad del Sur de California para realizar estudios de composición para cine y TV, recibiendo lecciones, entre otros grandes, nada más y nada menos que de John Williams (compositor de Star Wars, Indiana Jones, etc.) Pero que mejor que escuchar su música primero y visitar su propia página (después) para saber de quién y de qué hablamos.

http://www.onavarro.com

Una cosa más, gracias Óscar por tu música y por permitirme usarla en este blog. Os dejo con el vídeo:

Interpretación musical a cargo de:

Orquesta Filarmónica de Requena,

Coral de la Un. Politécnica de Valencia,

Orfeón de Aldaia,

Coral de Vinalopo,

Director de orquesta: Francisco Melero Belmonte