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EN LA CRESTA DE LA OLLA: Una mirada atrás en lascosasdeunciempiés (II)

Si algo me sorprende en esta retrospectiva que estoy realizando de lo publicado estos años es que nada parece haber perdido actualidad. Vivimos en un mundo que se nos antoja frenético, convulso. La actualidad se nos presenta como un jeringuillazo de adrenalina. Y sin embargo…
Hoy releo y comparto tres publicaciones.
La primera “MALAS LENGUAS: Reflexiones filológicas de un no-filólogo”, muestra una de mis principales preocupaciones en el tiempo. La preocupación de comunicarme eficaz y correctamente. Como bien sabéis, sigo intentándolo.

http://lascosasdeunciempies.com/2011/11/23/malas-lenguas-reflexiones-filologicas-de-un-no-filologo/

La segunda, “NAZARENOS Y TETERAS”, desnuda ante vuestros ojos otra de mis perennes inquietudes: la perenne lucha entre un yo que siente la necesidad de creer y trascender, y otro (el mismo yo) que examina con los ojos de la razón el sentido de trascendencia que se me quiere vender.

http://lascosasdeunciempies.com/2012/03/31/nazarenos-y-teteras/

La tercera publicación, “ARTÍCULO DE PRESUNTA ACTUALIDAD”, muestra quizás mi inquietud más humana y más compartida con mi entorno social. Debido al presunto carácter del presunto artículo, creo que presuntamente se define mejor leyéndolo.

http://lascosasdeunciempies.com/2013/01/22/articulo-de-presunta-actualidad/

MALAS LENGUAS: Reflexiones filológicas de un no-filólogo.

23 de noviembre de 2011

Mi amigo W es autor de un magnífico blog, repleto de experiencias y reflexiones siempre acordes con su tremenda personalidad. En uno de sus post “El juego, la vida y las palabras”, analiza la situación de nuestra lengua madre.

http://mareundarum.wordpress.com/2010/05/23/el-juego-la-vida-y-las-palabras/

W se sitúa lejos de cualquier visión de la lengua como reducto de resistencia de los eruditos frente a la chabacanería general, el mal uso de la misma en los medios de in-comunicación, el alarmante zapateado de claqué sobre la misma, que cual Fred Astaire, realizan nuestras autoridades: políticos, jueces y tecnócratas varios.

W, en una visión vitalista y evolutiva de la lengua, entiende que la lengua ni se crea ni se destruye, sino que se transforma. Es pues, desde este punto de vista, un ente vivo que nace (de una lengua madre, como transformación de la misma), crece, y se transforma con el paso del tiempo, reproduciéndose en nuevos dialectos. En definitiva, en un perenne acto de nacer y morir a la vez que engendra nuevas vidas.

Este proceso fue el que hizo que el latín “renaciera” en su contemporánea forma de las lenguas romances (francés, portugués, italiano, español, etc.). ¿Puede alguien decir en qué momento murió el latín? ¿Murió acaso ensartada cuando los romanos se desembarazaron de su cultura etrusca y se abrazaron a la cultura helénica?¿Murió con las cabalgadas de Atila el rey de los Hunos? ¿Con el Concilio Vaticano II? … Curioso entonces que digamos, sin que tercie reflexión alguna por nuestra parte, que el latín es una lengua muerta.

Discrepo, no obstante, y me sitúo en este caso en una equidistancia entre mi amigo W y los señores y señoras (pocas) que ocupan los sillones de la R.A.E., eruditos que, como Lázaro Carreter, desnudan nuestros “malos” hábitos lingüísticos con su “El dardo en la palabra”.

Discrepo con algunas de las reflexiones que mi buen amigo W realiza en su post. Interpreto que, en la parte final de su discurso, cierta languidez, cansancio o cierta filantropía le llevo a disculpar lo que son netamente errores, por no decirlo en negrita, horrores, que se dan en nuestra comunicación tanto escrita como hablada.

Entendiendo que la lengua es, en esencia, una herramienta humana cuyo objetivo es la comunicación, no puedo obviar el hecho de que nuestros malos hábitos lingüísticos, amén de empobrecer, vulgarizar y empequeñecer las aspiraciones estéticas de la lengua, también generan imprecisión al no emplearse las palabras y expresiones con su auténtico significado.

Nuestra pobreza de vocabulario, nuestra falta de tiempo o afición a la lectura, nuestro desinterés alimentan estas imprecisiones y esta falta de eficacia de la comunicación lingüística. Sí a la imprecisión le añadimos la falta de construcción lógica (sujeto + verbo + complementos diversos), y la incoherencia al no pensar antes de abrir la boca, tenemos los ingredientes perfectos para que nuestro vehículo de comunicación patine y se salga de la carretera.

Si tenemos en cuenta la falta de empatía en la gran mayoría de los humanos y ese subjetivismo/relativismo desde el que contemplamos con indiferencia el discurso y el parecer de la persona que tenemos enfrente. Si a eso le añadimos unas gotas de error y de imprecisión, el resultado es que el objetivo de la comunicación se pierde en el desagüe de la in-comunicación.

Por todo ello, amigo W, no puedo estar plenamente de acuerdo con tu visión de evolución de las lenguas. Acepto la vitalidad de las lenguas. Huyo del purismo y fanatismo exacerbado de los señores académicos (y señoras). Pero no puedo aceptar todos los cambios como una Evolución de la lengua, o al menos no como una Evolución positiva.

Por ello, si cuando mantengo una conversación con alguien me repite incesantemente la pregunta “¿Vale?”, no lo puedo evitar le replico: “No, no me vale”.

NAZARENOS Y TETERAS

31 de marzo de 2012.

En aquellas ocasiones en que gente muy dispar se reúne por alguna causa (Congresos, Reuniones, Convenciones, etc.), es frecuente que los organizadores sugieran a los participantes no tratar ciertos temas. Se considera que temas como la religión, la política o el fútbol (si esto fuera Cuba hablaríamos del béisbol), pueden enardecer los ánimos y entorpecer la convivencia.
Mi deseo no es que en este espacio terminemos a tomatazos. Tampoco me conformo con me digáis “Sí, cariño” a todo (me consta que no es así) Tal vez por ello, y por la confianza que me proporciona este teclado, me dedico a tocaros una y otra vez las partes, perdón quise decir los temas sensibles.
Hoy no va a ser menos. Los “ciempieses” tenemos muchas más patas que los pulpos para “toquetear”. El tema de hoy es claro, pero no, con la iglesia no hemos topado en esta ocasión, esta vez, hemos topado conmigo mismo.
A lo largo de mi vida me he visto confrontado muchas veces a mis “incoherencias” (léanse las comillas) Cuestiones como ser de aquí y de allá a la vez, e incluso de ninguna parte o de donde me venga en gana. Esto puede ser tan trivial como que me guste el color verde y el naranja a la par.
Pudiera ser que os fuera a confesar que soy obrero y de derechas a la vez, pero no es el día ni el caso y no me creo tan atolondrado en ese o en otro sentido. Hablaremos de religión, concretamente de mi/s punto/s de  vista.
Me resulta inevitable acudir a los textos de Richard Dawkins, célebre científico y divulgador, que desde su postura netamente ateísta, desnuda en sus libros los tejemanejes y manipulaciones de la religión. Ya desde su prólogo denuncia sentencias tan simples como ” niño musulmán” o “niño cristiano”. Dawkins defiende la inocencia del niño y confronta estas adjetivaciones con otras como “niño comunista”, “niña conservadora” o similares.
A continuación desgrana conceptos que para el lector común, al que debe dirigirse toda obra de divulgación realmente efectiva, pueden resultar confusos. Así, resbalando sobre conceptos como monoteísmo, politeísmo o panteísmo, se centra en conceptos filosófico-teológicos más sutiles, definiendo teísmo, deísmo, agnosticismo y ateísmo.
Vayamos por partes. Un teísta cree en un Dios creador que sigue interviniendo en su creación vía milagros, comunicación con sus criaturas, premios, castigos, etc. Un deísta cree en un Dios que diseña y crea el Cosmos y se aparta de él como un espectador. Sus criaturas, incluidos nosotros, los humanos, no pueden tener una experiencia directa de Él, y Él no altera caprichosamente las reglas que ha proporcionado en el diseño de su creación. Este es el Dios de Newton. Un agnóstico sostiene que no es posible saber mediante la razón o el conocimiento humanos si existe o no existe un Dios en o detrás de su posible creación. Un ateo niega directamente la existencia de ese Dios.
Dawkins, seguidamente, establece una escala (flexible) en la que se dan todos los casos entre el blanco y el negro de las posturas acerca de la existencia/inexistencia de la divinidad. Esta escala se divide a efectos prácticos en siete peldaños:
1. Fuertemente teísta. Cien por ciento de probabilidades de Dios. En las palabras de C. G. Jung: “Yo no creo, Yo sé”.
 2. Muy alta probabilidad, pero menor al cien por cien. Teísta de facto:
“No lo puedo saber con certidumbre, pero creo fuertemente en Dios y vivo mi vida con la asunción de que el esta alli”.
3. Mayor al cincuenta por ciento; pero no muy alta. Técnicamente agnóstico pero se inclina hacia el teísmo:
 “Tengo mucha incertidumbre, pero estoy inclinado a creer en Dios”.
4. Exactamente cincuenta por ciento. Agnóstico completamente imparcial:
“La existencia y la no-existencia de Dios son exactamente iguales de probables”.
5. Menos del cincuenta por ciento pero no muy bajo. Técnicamente agnóstico pero se inclina al ateísmo:
 “Yo no se si Dios existe, pero me inclino a ser escéptico”.
6. Muy bajas probabilidades, pero sin llegar a cero. Ateo de facto:
“No puedo saberlo con certidumbre, pero pienso que Dios es muy improbable, y vivo mi vida con la asunción de que Él no esta alli”.
7.  Fuertemente ateo:
 “Yo sé que Dios no existe, con la misma convicción de que Jung sabe que existe uno”.
El autor de esta escala se sitúa en el escalón 6 y considera que, racionalmente, no se puede adoptar una postura como la 7ª.
Diréis que aún no he comenzado con mi confesión. Cierto, estoy dando vueltas y vueltas y aún no suena la música de Full Monty, no he empezado a contonearme ni a despojarme del cinturón. Dadme tiempo que empiezo: no tengo claro donde situarme. Puedo decir que tal vez me encuentre con un pie en el tercer escalón y un brazo en el quinto. Evidentemente no creo en un padre benévolo con barbas, ni en una virgen que fue concebida a su vez de forma pura por su madre, ni de un padrastro vengativo. Mi débil fe se acerca más, en todo caso a un Dios en todas las cosas (panteísmo), o una inteligencia creadora excepcional (Primer motor, Madre del Huevo Cósmico, etc.)
Acudiendo a la simpleza racional aristotélica de establecer la virtud en el punto medio, podríamos pensar que ser un agnóstico puro “fifty-fifty” es lo más razonable. Sin embargo, la línea es tremendamente fina y la tibieza, templanza o medianía tremendamente artera. Más adelante, cuando hable de la tetera de Rusell podemos volver a pensar en ello.
Mi incoherencia y mis “estiramientos” no terminan ahí, pero antes de desabotonar mi camisa y mostrar el cuerpo de este líder de opinión (uy, pérdón, ese no soy yo, ese es otro), seguiré comentando algunas cosillas sobre el libro de Dawkins.
Además de aclarar conceptos y de establecer divisiones y escalas, el autor proporciona interesantes datos sobre la persecución que empuja a los ateos y científicos escépticos hacia las catacumbas en la norteamérica anglosajona. Concretamente  cita los datos de una encuesta realizada a la sociedad estadounidense en el año 1999. A la pregunta de si votarían para un cargo público a una persona cualificada que fuese:
  • MUJER (95% lo harían)
  • CATÓLICA-ROMANA (94% lo harían)
  • JUDÍA (92 %)
  • MORMÓN (79%)
  • HOMOSEXUAL (79%)
  • ATEA (49%)
Curioso en una nación establecida como secular en su constitución. Aunque, eso sí, en su otra constitución (la monetaria) reza aquello de “In God We trust”. Esto me recuerda aquellas declaraciones atribuidas a George Bush padre en las cuales venía a decir que los ateos no debían considerarse auténticos ciudadanos estadounidenses (en realidad decía “american people”, lo siento, estos yanquis siempre olvidan que el continente continúa al sur de Texas)
En el libro de Dawkins, que aún no he citado “God delusion”, traducido en español como “El espejismo de Dios”, continúa desarrollándose el pensamiento del autor acudiendo a numerosas citas. Entre otras, compartiré con vosotros una de las más llamativas, fruto del pensamiento del filósofo y matemático Bertrand Rusell:
Muchas personas ortodoxas hablan como si fuese la responsabilidad de los escépticos desprobar ciertos dogmas en vez de que sea la responsabilidad de los dogmáticos el probarlos. Esto es; por supuesto, un error. Si yo sugiriese que entre la Tierra y Marte hay una jarra de porcelana para té dando vueltas alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie sería capaz de desprobar mi afirmación debido a que yo fui cuidadoso en añadir que la jarra de té es tan pequeña que no puede ser vista ni por el más poderoso de nuestros telescopios. Pero si yo continuase para añadir además que como mi afirmación no puede ser desprobada, sería una intolerable presunción de la razón humana dudar de ella, debe pensarse correctamente de mí que estoy hablando sin sentido. Si; en cambio, la existencia de tal jarra de té fuese afirmada en un libro de la antigüedad, enseñada como una verdad sagrada cada domingo e introducida gradualmente en la mente de los niños en las escuelas, dudar en creer en su existencia se convertiría en una marca de excentricidad y daría derecho a enviar a quien duda al psiquiatra en la era de la ilustración o al inquisidor en tiempos más antiguos.
Y sin embargo se mueve…
Bien, ahora sí, ahora me quito la camisa y enseño pecho-lobo (que más quisiera). No, lo que voy a decir es que este escéptico, durante estos días, se tomará vacaciones. En un momento dado el corazón se contagiará de un redoble de tambor. El tímpano bostezará al son de una corneta y de un clarinete. El estómago ronroneará sintiendo el trombón y el bombardino y su nariz se inflamará con el olor de los hachones, de las velas y el incienso.
Es Semana Santa en Zamora. La razón queda en suspenso y, guiado más por la tradición y el sentimiento que por fe, este individuo volverá a boquear y a temblar al paso de las imágenes y de los cofrades. De paso, os aburriré un poquito hablando de Vírgenes, Pasión y Nazarenos.
Buenas noches y buena suerte.

 

ARTÍCULO DE PRESUNTA ACTUALIDAD

22 de enero de 2013

sobre con corazones

Sí, lo sé, con todas las cosas que pasan alrededor, me prodigo presuntamente poco hablando de temas de actualidad. Pero hoy, que presuntamente tengo metido un vídeo en el presunto horno, voy, presuntamente a hablar algo del tema.

Pero permitidme que antes os haga una presunta advertencia: estos son terrenos cenagosos y el presunto Mariano nos ha dicho que, presuntamente, no le temblará la mano a la hora de ordenar a su ombligo que le haga una presunta auditoría a la pelusilla que lo recubre; pero tampoco a la hora de emprender presuntas acciones legales contra aquellos que presuntamente difamen a su presunto partido político.

Por esa razón, presuntamente voy a mirar hacia otro lado. Sí, en definitiva, presuntamente no hablaré del secadero de salchichones, salamis, morcillas, cecinas y embutidos varios que hay en la Calle Génova. (fíjense bien, amigos, que presuntamente no he hablado de “chorizos”). Y de la presunta sorpresa que se han llevado con la noticia nuestros presuntos políticos, periodistas y ciudadanos.

Pues eso, no voy a hablar de ese presunto partido político, voy a hablar de ese presunto maniqueísmo de nuestros periodistas y nuestros presuntos medios de información. Para ello, acompaño el presunto artículo con (y esta vez no son presuntas) unas definiciones del Diccionario de la Real Academia Española:

sobresueldo.

1. m. Retribución o consignación que se añade al sueldo fijo.

sobornar.

(Del lat. subornāre).

1. tr. Corromper a alguien con dádivas para conseguir de él algo.

soborno1.

(De sobornar).

1. m. Acción y efecto de sobornar.

2. m. Dádiva con que se soborna.

3. m. Cosa que mueve, impele o excita el ánimo para inclinarlo a complacer a otra persona.


soborno2.(Del lat. supernus, superior).1. m. Arg. Cosa que se añade a una carga regular.

Ahora decidme, amigos, si los presuntos sobres con dinero presuntamente negro que el presunto Luis repartía entre directivos de ese presunto partido político, era el presunto Luis quien los repartía y no el responsable de pagar las nóminas. Si tenemos en cuenta que, además, presuntamente no se corresponden con ningún presunto concepto de presunta paga de beneficios (¿o sí?) ni horas extras, etc.: ¿Estamos ante un presunto Sobresueldo como dicen nuestros presuntos periodistas o ante un presunto Soborno?

Si consideramos que el presunto Luis, presuntamente, no repartía dádivas a tontas y a locas sino que tenía unos presuntos objetivos que lograr, y los presuntos sobres presuntamente se repartían entre aquellos con autoridad y poder en el presunto partido para empujarle hacia su presunta consecución: ¿Estamos ante un presunto Sobresueldo como dicen nuestros presuntos periodistas o ante un presunto Soborno?

¿Por qué nuestros presuntos periodistas se empeñan en presuntamente tomarnos el supuesto pelo de nuestras cabezas con presuntas palabras presuntamente suavizadas?

El despresuntador que lo despresunte buen despresuntador será (presuntamente)

THE THINGS OF A CENTIPEDE FOR EVERYONE ALONG THE WORLD

O lo que es lo mismo, lascosasdeunciempiés para todos a lo largo y a lo ancho del mundo.

A partir de ahora si deseas leerme en tu lengua natal podrás conectar desde esta línea (a través de la página TRADUCTOR/TRANSLATOR) y tendrás estos textos, con sus limitaciones, traducidos a google-english, google-français, google-deutsch y el idioma que haga falta.

Bienvenidos, Wellcome, Willkommen, Bienvenue, Benvinguts, Ongi etorri, Benvidos.

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EL DESASOSIEGO DE PESSOA

Entre los 72 heterónimos de F. Pessoa, se dice que Bernardo Soares era el más afín a su auténtica personalidad. Recuérdese que con heterónimos entendemos algo más que pseudónimos. Un pseudónimo es tan solo un nombre, un heterónimo es una personalidad completa con sus vicios y virtudes (ver El fingidor)

 Fue Bernardo Soares, a través de Pessoa (¿O fue Pessoa a través de Soares?) quien nos dejó El libro del desasosiego como obra póstuma que no se publicaría hasta 1982, 57 años después de su muerte. En él el autor nos envuelve en una prosa densa y compleja repleta de… sí, repleta precisamente de eso, de desasosiegos.

Fragmento del Libro del desasosiego.

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Todo se me evapora. Mi vida entera, mis recuerdos, mi imaginación y lo que contiene, mi personalidad, todo se me evapora. Continuamente siento que he sido otro, que he sentido otro, que he pensado otro. Aquello a lo que asisto es un espectáculo con otro escenario. Y aquello a lo que asisto soy yo. Encuentro a veces, en la confusión vacía de mis gavetas literarias, papeles escritos por mí hace diez años, hace quince años, hace quizás más años. Y muchos de ellos me parecen de un extraño; me desreconozco en ellos. Hubo quien los escribió, y fui yo. Los sentí yo, pero fue como en otra vida, de la que hubiese despertado como de un sueño ajeno.Es frecuente que encuentre cosas escritas por mí cuando todavía era muy joven, fragmentos de los diecisiete años, fragmentos de los veinte años. Y algunos tienen un poder de expresión que no recuerdo poder haber tenido en aquel tiempo de mi vida. Hay en ciertas frases, en varios períodos, de cosas escritas a pocos pasos de mi adolescencia, que me parecen producto de tal cual soy ahora, educado por años y por cosas. Reconozco que no soy el mismo que era. Y, habiendo sentido que me encuentro hoy en un progreso grande de lo que he sido, pregunto dónde está el progreso si entonces era el mismo que soy ahora.

Hay en esto un misterio que me desvirtúa y me oprime.

Hace unos días sufrí una impresión espantosa con un breve escrito de mi pasado. Recuerdo perfectamente que mi escrúpulo, por lo menos relativo, por el lenguaje data de hace pocos años. Encontré en una gaveta un escrito mío, mucho más antiguo, en que ese mismo escrúpulo estaba fuertemente acentuado. No me comprendí en el pasado positivamente. ¿Cómo he avanzado hacia lo que ya era? ¿Cómo me he conocido hoy lo que me desconocí ayer? Y todo se me confunde en un laberinto donde, conmigo, me extravío de mí.

Devaneo con el pensamiento, y estoy seguro de que esto que escribo ya lo he escrito. Lo recuerdo. Y pregunto al que en mí presume de ser si no habrá en el platonismo de las sensaciones otra anamnesis más inclinada, otro recuerdo de una vida anterior que apenas sea de esta vida…Dios mío, Dios mío, ¿a quién asisto? ¿Cuántos soy? ¿Quién es yo? ¿Qué es este intervalo que hay entre mí y mí?

PESSOA Y EL FINGIDOR

A pocos kilómetros de mi ciudad, el río Duero se sumerge en los Arribes. El río discurre encañonado constituyéndose en frontera natural entre España y Portugal. Hay numerosos puntos, como la solitaria ermita de Fariza que visité esta primavera (uno de sus almendros nos ilumina con sus flores, hoy tan sólo cáscaras de almendras amargas)

Desde ese punto, es posible ver la otra orilla, a tan sólo 200 ó 300 metros. Tan cercana que pueden oírse los ladridos de los perros del cercano pueblo. Pero para llegar hay que recorrer varios kilómetros hasta el paso fronterizo y su puente sobre el río.

Esa es la historia de dos vecinos que, frecuentemente, se han visto sin mirarse o se han mirado sin verse. Dos vecinos, puerta con puerta, que pocas veces saben algo o se interesan por la vida del otro.

Durante mi infancia, el contacto que tuve con Portugal fue visitar la cercana y fronteriza Miranda do Douro. Luego pasaron muchos años hasta que Portugal volvió a presentárseme. Esta vez fue en forma de música primero, y luego de poesía.

Eran mis años de Universidad y solía enseñar mis poesías a algunos escogidos (no siempre a los ojos más indicados). Entre los elegidos alguien aseguró que se parecían a las letras de un grupo portugués llamado Madredeus. En pocos días me proporcionó un casete con varias canciones del grupo. 

Entré en contacto con un mundo de saudade (nostalgia, melancolía, pérdida, tristeza) y entendí que a mi amigo mis poemas le sonaban a aquello, y que quería conocer más de aquella saudade. 

A mis manos fueron llegando, uno tras otro, grabaciones y originales con los discos y canciones de Madredeus. La voz de Teresa Salgueiro lagrimeaba en mi habitación y poco a poco fui comprendiendo que los vecinos teníamos más en común que una árida frontera.

Al final se presentó la oportunidad: un tren, un amigo que hablaba portugués, un puente, algunas pesetas ahorradas para los bocadillos, y unas tremendas ganas de conocer la capital, Lisboa.

El modesto presupuesto de estudiante no me permitió degustar el bacalhao en un restaurante ni asistir a una velada de Fado en Alfama. Pero mis piernas y mis ánimos me permitieron ascender por Alfama hasta el Castillo de San Jorge, recorrer La Rua das Janelas Verds, subir en el ascensor del ingeniero Eiffel, asomarme al mar desde la Torre de Belem y saborear los pasteis  en la cercana pastelería.

Entre tanto trasiego, mis piernas y mi ansia de ver más cosas se frenaron en tres momentos (aparte de para comer y dormir). Uno fue ante el tríptico de las tentaciones de San Antonio de El Bosco. Otro fue en la pastelería de Belem, y otro, en una de las muchas librerías de la ciudad, ante la mirada penetrante de un poeta portugués que me contemplaba desde las pastas de un libro.

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No tengo claro si era Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos, o era otro de los 72 heterónimos* quien me contemplaba. Sí sé, de buena tinta, que en su documento de identidad rezaba “Fernando António Nogueira Pessoa”

No fue hasta mi regreso a Salamanca que comprendí que me había tropezado con uno(¿72?) de los grandes. Él es el autor de una frase de tal calado como  “Minha pátria é a língua portuguesa” («mi patria es la lengua portuguesa») ¿O fue Bernardo Soares? 

Su voz, transmutada en piedra filosofal con la firma de su heterónimo Bernardo Soares (el más cercano a su presunta personalidad) también nos dejó estas líneas:

Autopsicografía

 

El poeta es un fingidor.

Finge tan completamente

que finge qué es dolor

el dolor que realmente siente.

 

Y, en el dolor que han leído,

a leer sus lectores vienen,

no los dos que él ha tenido,

sino sólo el que no tienen.

 

Y así en la vida se mete,

distrayendo la razón,

y gira, el tren de juguete

que se llama corazón.

Los heterónimos* son algo más que simples pseudónimos. Son personalidades complejas. Vidas incubadas por el propio Pessoa con sus propias personalidades, expresiones, vicios, transgresiones, inmoralidades y sus propias éticas.

¿por qué 72?* Buena pregunta… Pessoa es misterioso, a menudo resulta místico y una lectura de sus textos nos puede aproximar de forma tangencial al esoterismo de finales del siglo XIX y principios del XX. Pessoa era masón, seguidor de la teosofía, cristiano gnóstico y … que curioso ¿72 no son acaso las cartas del tarot y los nombres cabalísticos de Dios?

“NO, AHÍ HESKUSAS!”

Lo sé, os escuecen los ojos y no es por alergia, sueño o conjuntivitis. A mí también me resulta hiriente. Tal vez fuera divertido escribir ese conjunto desamparado de letras que forman el título frente al domicilio de mis profesores de lengua. Más aún si pudiera ver por el ojo de una cerradura su gesto de espanto. Pero no es ese el propósito.

Ciertamente, si tuviera embajadas en algún remoto (o no tan remoto) país en que el pundonor de la lengua fuese una religión, iría raudo en busca de extintores y acapararía a los mejores guardaespaldas. No es tampoco el caso.

Quienes venís siguiendo la zigzagueante historia de este blog, con sus “paradiñas”, bloqueos ocasionales, …, conocéis también mi preocupación por el uso del idioma. Intento, y no siempre lo consigo, ser correcto. Juguetón también, muchas veces las palabras tienen el tacto de la plastilina, pero, en general, trato de ser correcto. De hecho, os animo a que en privado, o a viva voz me corrijáis cuando meta la patita o la pataza. 

(Para los profanos os sugiero visitar

http://lascosasdeunciempies.com/2011/11/23/malas-lenguas-reflexiones-filologicas-de-un-no-filologo/)

Mi intención no es ser más papista que el Papa ni hacerme pasar a estas alturas por “Sor Virtudes”. ¡Lejos de mí los fundamentalismos!¡Cualquier clase de fundamentalismo!¡ABAJO LOS FUNDAMENTALISTAS!¡Quememos a todos los f…! (EJEM)

Entiendo el lenguaje como una herramienta de comunicación. Una herramienta, eso sí, preciosa. La comunicación precisa de eficacia, y la eficacia depende del contexto, del emisor, del receptor y del medio (oral, escrito). Para esa eficacia se precisan unos convenios o acuerdos, y de ahí las reglas (gramaticales, ortográficas, etc. ) Un profesor de lengua lo explicaría mejor pero tardaría más tiempo.

“I  xk tanto mpeño x mi parte?”

Mi experiencia me dice que de lo que aprendemos el 90% es por imitación, por observación. El niño o el adulto que lee (libros se entiende, no el “feisbuj”, el “guasá” ni la prensa deportiva ni la prensa de provincias ni la prensa “seria” tampoco) comete menos faltas de ortografía. Las palabras forman dibujos, casi como los ideogramas chinos o japoneses, (no nos referimos obviamente a los “palabros”: otorrinolaringólogo, esternocleidomastoideo, o Lazurtegi- Uribetxeberria). Por eso, cuando en un texto escrito encontramos un “avia” o “Pribado Proivido pasar” nuestros ojos se detienen y… escuecen.

Por eso y, pensando en essa niña que hoy nace en Essshpaña. Essa niña que tiene unosssh padressssh y quiere una educación y una sanidad. Essa niña que nace en España y quiere un trabajo digno el día de mañana… Bien, pensando en todas, todos y toditos, lo intento.

(Para los que desconozcan la historia de essa niña)

Hoy tengo (tenemos) una excusa menos para no hacer un buen uso del idioma. Hoy la Fundéu BBVA (no confundir con “fondue”) ha presentado junto a la Real Academia Española el manual “Escribir en internet. Guía para los nuevos medios y las redes sociales“. Asimismo, la Real Academia ha anunciado que, en su próxima edición, el Diccionario oficial de nuestro idioma incluirá “tuit”, “blog” y otros interesantes vocablos (no incluirá, me temo, el vocablo “miembra”, lo siento-a)

De modo que queda claro, podremos hablar ya de blog sin circunloquios, aunque, quien así lo prefiera, puede optar por bitácora y su helénica belleza. Y queda también claro, escribir y comunicarse en las nuevas tecnologías tiene sus reglas y sus consejos. Adjunto un enlace en el que amablemente nos han seleccionado 10 consejos para escribir en internet.

http://www.huffingtonpost.es/2012/09/20/escribir-en-internet-15-c_n_1899888.html

Mucho me temo que me cuesta predicar con el ejemplo (jojojo)