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UN JARDÍN CON TRES DELICIAS (Parte III): “El Infierno musical y las Siete trompetas del Apocalipsis”

infiernoCuando inicié esta serie sobre el tríptico de El Jardín de las Delicias de Hieronymus Bosch, tenía una idea vaga de lo que pretendía con los acompañamientos musicales. Al contrario que el tríptico de Las Tentaciones de San Antonio, los tres paneles que componen la obra, en este caso, son tremendamente heterogéneos en color, con temáticas y ambientes muy definidos.

A la hora de ambientar el panel izquierdo “El Jardín del Edén”, opté por lo fácil, una música que transmitiera sosiego, reposo, perfección. Mi elección fue el Segundo Movimiento (el lento) de El Invierno de Vivaldi. Cierto, apreciado y observador lector, el jardín no tiene nada de invernal, pero la música fundamentalmente se refiere a la paz del hogar, el amor de la lumbre, el sosiego y, eso sí, gotas de lluvia cayendo en el alféizar de la ventana con el deshielo de los carámbanos del tejado.

Para el panel central, “El Jardín de los placeres carnales”, encontré una adecuada simbiosis con los Cármina Burana de Carl Orff. De modo que mientras los personajes se dedican a “amar la fruta” (la fruta es sensualidad y pecado en este cuadro, debe ser que acompaña al postre), cantan los parabienes de la bebida en la taberna. Pudiera haber optado por los Cármina más propiamente amatorios, pero lo cierto es que, dejándome llevar, nuevamente, por la música, me decante por la viveza, el colorido y los cambios rítmicos de “In taberna quando sumus”

http://lascosasdeunciempies.com/2013/01/19/un-jardin-con-tres-delicias-parte-i/

http://lascosasdeunciempies.com/2013/07/12/un-jardin-con-tres-delicias-parte-ii-el-jardin-de-los-placeres-carnales-y-los-carmina-burana/

El panel derecho, que ahora nos ocupa, se diferencia de partida en que no es un jardín. El segundo a su manera tampoco lo era y señalaba ya el camino hacia lo que venía en el presente. Estimados lectores, el panel derecho es un infierno. Un infierno en el que, conducidos por grotescos demonios, los hombres y mujeres que en el panel anterior, despreocupadamente, se dedicaban a la sensualidad y el pecado, se ven entregados al horror y a la destrucción.

Se trata, eso sí, de un infierno muy particular y es que, dominando el centro de las imágenes unos instrumentos musicales de grandes proporciones se unen al cadalso de los hombres. ¿un particular odio de H. Bosch hacia la música? ¿una identificación de la música con la sensualidad y los vicios? Aventuradas las hipótesis, me planteo que opinaría entonces Jerónimo de este trabajo.

Al abordar la musicalización de este panel, debo reconocer que me había planteado hacer uso de alguna pieza del Requiem de Mozart, tipo “Confutatis”, “Dies irae”. Como alternativa probé a emplear el “Dies irae”, mucho menos conocido, de G. Verdi. Tras varios escarceos y tentativas pasando por la “Sinfonía fantástica” de Héctor Berlioz, sucedió el accidente.

Me encontraba trasteando, y entre otras opciones me planteé utilizar “Seven trumpets” de los Aphrodite’s Child (una rareza de Vangelis, Demis Rousas y Lucas Sideras en sus tiempos mozos) cuando, por azar, tropecé con una pieza “Las siete trompetas del Apocalipsis” de un joven compositor alicantino. Tras escuchar la interpretación de la composición, comprendí que era la música que había estado buscando.

El autor, Óscar Navarro, natural de Novelda (Alicante), no es ningún desconocido en los mundos de la música profesional. Desarrolló sus estudios musicales especializándose en clarinete y obteniendo las máximas calificaciones y premios. Sus composiciones son interpretadas por bandas y orquestas a lo largo y ancho del mundo. Fue seleccionado por La Universidad del Sur de California para realizar estudios de composición para cine y TV, recibiendo lecciones, entre otros grandes, nada más y nada menos que de John Williams (compositor de Star Wars, Indiana Jones, etc.) Pero que mejor que escuchar su música primero y visitar su propia página (después) para saber de quién y de qué hablamos.

http://www.onavarro.com

Una cosa más, gracias Óscar por tu música y por permitirme usarla en este blog. Os dejo con el vídeo:

Interpretación musical a cargo de:

Orquesta Filarmónica de Requena,

Coral de la Un. Politécnica de Valencia,

Orfeón de Aldaia,

Coral de Vinalopo,

Director de orquesta: Francisco Melero Belmonte

VOLVEMOS AL JARDÍN DE LAS DELICIAS

LA ENTRADA ORIGINAL “UN JARDÍN CON TRES DELICIAS (Parte I), FUE PUBLICADA EL 19 DE ENERO.

http://lascosasdeunciempies.com/2013/01/19/un-jardin-con-tres-delicias-parte-i/

NO OBSTANTE, AHORA QUE RETOMAMOS EL HILO DE ESTA BITÁCORA, ME PARECE APROPIADO RECORDAR DONDE LO DEJAMOS. A CONTINUACIÓN EL ARTÍCULO PUBLICADO ENTONCES, Y… EN BREVE LA CONTINUACIÓN (ESTÁ CALENTITA EN EL HORNO)

Iniciamos aquí un nuevo recorrido por otra joya de la pintura. No hace falta ser muy sagaz para advertir la fascinación que siento por la obra de Hieronymus Bosch y para deducir que, en este recorrido, la joya será El Tríptico del Jardín de las Delicias.

Ya han pasado un par de meses desde la publicación del artículo y el vídeo sobre El Tríptico de las Tentaciones de San Antonio:

http://lascosasdeunciempies.com/2012/11/25/el-triptico-de-las-tentaciones-de-san-antonio/

En este tiempo hemos visitado la obra de otros pintores como Joaquín Sorolla y Murillo, y de artistas de difícil clasificación como M.C. Escher. Hoy, pasando de largo de la obra de otros grandes que aún no hemos visitado, repetimos de nuevo con El Bosco.

Diréis que porqué con tres delicias… Las delicias serán las músicas que acompañen a nuestra visita al jardín, pero todo a su debido tiempo.

The_Garden_of_Earthly_Delights_by_Bosch_High_Resolution_2

A la hora de abordar esta obra, nos encontramos con tres paneles muy heterogéneos entre sí. Tanto que, junto con la complejidad del panel central y del derecho, me he visto obligado, por razones de espacio y de “ambiente” de la obra, a desmenuzarlo en tres partes. De modo que tenemos un tríptico en tres partes. No resulta muy original ¿verdad?

Esta complejidad ha supuesto un mayor esfuerzo a la hora de decidir con que delicias (músicas) acompañar cada una de las partes. Todo junto y reunido sirve para escusar porqué he tardado casi un mes en colgar un nuevo cuadro, y sólo uno, en esta personal Pinacoteca. Ahora me encuentro ya en condiciones de colgar a lo largo de unos pocos días las tres partes en este cajón de sastre que abrís de vez en cuando en vuestras pantallas.

Hieronymus_Bosch_-_The_Garden_of_Earthly_Delights_-_The_exterior_(shutters)El Jardín de las Delicias es el más conocido de los nueve cuadros que componen la colección que el Rey Felipe II recogió de la obra de H. Bosch. Durante mucho tiempo la obra habitó en el Monasterio de El Escorial. Hoy en día, podemos contemplarla en el Museo del Prado de Madrid.

La obra trata de ser moralizante, enseñándonos que los pecados y la inmoralidad nos llevan de la paz y la inocencia del Jardín del Edén, hacia el caos y el suplicio de los infiernos.

El tríptico cerrado representa, en blanco y negro, la Creación del Mundo. Por la ausencia del Sol y la Luna, se dice que representa el tercer día de la creación narrada por el Génesis.

Una vez abierto, el Panel de la izquierda representa el Paraíso en el momento en que Dios le presenta a Adán la última de sus creaciones: Eva. El Panel central muestra la corrupción por el pecado de la lujuria y el Panel de la derecha castiga con el cadalso del infierno a los pecadores del panel central.

220px-Hieronymus_Bosch_018Así, sin más. ¿ya está? ¿todo explicado? Mucho me temo que no. Las escuetas interpretaciones que podemos encontrar repartidas por la web, por libros y, por supuesto, en Wikipedia, ya nos adelantan que no todo lo blanco es blanco ni todo lo negro es negro en esta obra. Fijémonos, por ejemplo en la mirada maliciosa de la lechuza desde el ojo de la fuente de la vida. Maravillémonos con esa roca al pie del lago que, rodeada de reptiles y serpientes, adquiere la silueta de una cabeza (¿no os recuerda a Salvador Dalí?). Sigámosle la pista a esos anímales que luchan y se devoran, a las cumbres de la montaña que se comban anticipando la degradación y el desastre…

Adanes y Evas, les dejo, como no, con el primero de los vídeos que componen este jardín. La música no requiere de mucha presentación (¿o sí?). Se trata del genio de Vivaldi aplicado a un violín solista en el Segundo Movimiento del Invierno. Tal vez hubiera sido más apropiado para el Edén una Primavera o un Verano, pero con Vivaldi hubieran resultado “tormentosos”. No obstante, a pesar de que la música describa una apacible tarde refugiándose de la lluvia y el frío al pie de la lumbre, me ha parecido que su melosidad y ambiente pacífico podía sentarle bien a nuestro propósito.

Disfruten y, ya saben, en breve los otros paneles y las otras delicias.

Continuará…

UN JARDÍN CON TRES DELICIAS (Parte I)

Iniciamos aquí un nuevo recorrido por otra joya de la pintura. No hace falta ser muy sagaz para advertir la fascinación que siento por la obra de Hieronymus Bosch y para deducir que, en este recorrido, la joya será El Tríptico del Jardín de las Delicias.

Ya han pasado un par de meses desde la publicación del artículo y el vídeo sobre El Tríptico de las Tentaciones de San Antonio:

http://lascosasdeunciempies.com/2012/11/25/el-triptico-de-las-tentaciones-de-san-antonio/

En este tiempo hemos visitado la obra de otros pintores como Joaquín Sorolla y Murillo, y de artistas de difícil clasificación como M.C. Escher. Hoy, pasando de largo de la obra de otros grandes que aún no hemos visitado, repetimos de nuevo con El Bosco.

Diréis que porqué con tres delicias… Las delicias serán las músicas que acompañen a nuestra visita al jardín, pero todo a su debido tiempo.

The_Garden_of_Earthly_Delights_by_Bosch_High_Resolution_2

A la hora de abordar esta obra, nos encontramos con tres paneles muy heterogéneos entre sí. Tanto que, junto con la complejidad del panel central y del derecho, me he visto obligado, por razones de espacio y de “ambiente” de la obra, a desmenuzarlo en tres partes. De modo que tenemos un tríptico en tres partes. No resulta muy original ¿verdad?

Esta complejidad ha supuesto un mayor esfuerzo a la hora de decidir con que delicias (músicas) acompañar cada una de las partes. Todo junto y reunido sirve para escusar porqué he tardado casi un mes en colgar un nuevo cuadro, y sólo uno, en esta personal Pinacoteca. Ahora me encuentro ya en condiciones de colgar a lo largo de unos pocos días las tres partes en este cajón de sastre que abrís de vez en cuando en vuestras pantallas.

Hieronymus_Bosch_-_The_Garden_of_Earthly_Delights_-_The_exterior_(shutters)El Jardín de las Delicias es el más conocido de los nueve cuadros que componen la colección que el Rey Felipe II recogió de la obra de H. Bosch. Durante mucho tiempo la obra habitó en el Monasterio de El Escorial. Hoy en día, podemos contemplarla en el Museo del Prado de Madrid.

La obra trata de ser moralizante, enseñándonos que los pecados y la inmoralidad nos llevan de la paz y la inocencia del Jardín del Edén, hacia el caos y el suplicio de los infiernos.

El tríptico cerrado representa, en blanco y negro, la Creación del Mundo. Por la ausencia del Sol y la Luna, se dice que representa el tercer día de la creación narrada por el Génesis.

Una vez abierto, el Panel de la izquierda representa el Paraíso en el momento en que Dios le presenta a Adán la última de sus creaciones: Eva. El Panel central muestra la corrupción por el pecado de la lujuria y el Panel de la derecha   castiga con el cadalso del infierno a los pecadores del panel central.

220px-Hieronymus_Bosch_018Así, sin más. ¿ya está? ¿todo explicado? Mucho me temo que no. Las escuetas interpretaciones que podemos encontrar repartidas por la web, por libros y, por supuesto, en Wikipedia, ya nos adelantan que no todo lo blanco es blanco ni todo lo negro es negro en esta obra. Fijémonos, por ejemplo en la mirada maliciosa de la lechuza desde el ojo de la fuente de la vida. Maravillémonos con esa roca al pie del lago que, rodeada de reptiles y serpientes, adquiere la silueta de una cabeza (¿no os recuerda a Salvador Dalí?). Sigámosle la pista a esos anímales que luchan y se devoran, a las cumbres de la montaña que se comban anticipando la degradación y el desastre…

Adanes y Evas, les dejo, como no, con el primero de los vídeos que componen este jardín. La música no requiere de mucha presentación (¿o sí?). Se trata del genio de Vivaldi aplicado a un violín solista en el Segundo Movimiento del Invierno. Tal vez hubiera sido más apropiado para el Edén una Primavera o un Verano, pero con Vivaldi hubieran resultado “tormentosos”. No obstante, a pesar de que la música describa una apacible tarde refugiándose de la lluvia y el frío al pie de la lumbre, me ha parecido que su melosidad y ambiente pacífico podía sentarle bien a nuestro propósito.

Disfruten y, ya saben, en breve los otros paneles y las otras delicias.

Continuará…

EL TRÍPTICO DE LAS TENTACIONES DE SAN ANTONIO

En mi viaje a Lisboa, una de las experiencias más gratas fue sentarme frente al Tríptico de las Tentaciones de Antonio de El Bosco. En parte, tras recorrer andando el trecho que va desde el centro histórico de la ciudad hasta la Torre de Belem y volver, mis piernas agradecieron un cuarto de hora de descanso. Pero el cuarto de hora pasó y con él, media hora más y ya no fueron las piernas las que me obligaban a permanecer en el asiento. El tríptico acaparaba mi atención y mis ojos, de forma incansable, recorrían palmo a palmo los tres lienzos tratando, de ser posible, de adherir a mí las figuras, los misterios, los colores, formas e interrogantes que se me planteaban.

Jeroen Anthoniszoon van Aeken, conocido en España como El Bosco, firmaba sus cuadros como Hieronymus Bosch, y así me referiré a él de aquí en adelante. El nombre deriva de la localidad en que nació Bolduque o Bois le duc (Bosque del duque) hacia 1454, en un rincón de lo que hoy son los Países Bajos.

En sus obras abunda el sarcasmo, lo grotesco y una imaginería onírica. Una de las explicaciones para esto es que ‘El Bosco’ aún se encuentra imbuido por la visión medieval repleta de la creencia en hechiceras, la alquimia, la magia, etc. Además, en aquella época de transición hacia la Edad Moderna, abundaban las premoniciones apocalíticas.

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El tema de las tentaciones de San Antonio se repite con frecuencia en la Historia del Arte. Aparece en pinturas medievales, libros iluminados, grabados, etc. Resulta un tema especialmente interesante desde el punto de vista doctrinal, al tratarse de un Santo que se enfrenta al mal y lo vence. Es la eterna lucha entre el Bien y el Mal, entre Cristo y el Diablo.

San Antonio nació  y vivió en el Egipto cristiano del siglo III de nuestra era. Se le tiene por el precursor de la vida monástica, aunque su vida fue más la de un eremita que la de un monje en comunidad. San Antonio renuncia a los bienes y placeres del mundo y vence una tras otra todas las tentaciones que el demonio le presenta en forma de poder, lujuria, etc. Lo más importante, San Atanasio, obispo de Alejandría, en una época de fuertes disputas entre lo que hoy entendemos como ortodoxia cristiana y la herejía arriana, utiliza el ejemplo de la vida virtuosa de Antonio Abad, y sus obras de caridad, como estandarte de su causa.

Hablemos del tríptico. Cuando está cerrado se observan dos escenas en grisalla. Una es el Prendimiento de Cristo, y la otra el Camino al Calvario. Una vez abierto, se disponen ante nosotros tres lienzos con distintas escenas de la vida de San Antonio Abad, en las que se intenta simbolizar la multitud de tormentos por los que pudo pasar el santo de acuerdo con la tradición. Las tentaciones y los demonios aparecen con formas grotescas y seductoras, pero San Antonio vuelve su atención hacia el Señor y hacia las Santas Escrituras derrotando así al mal.

Realizar interpretaciones del cuadro resulta extremadamente aventurado. Lo es incluso para aquellos más avezados en la iconografía y el significado de los símbolos. Muchos han encontrado guiños al simbolismo del Malleus maleficarum y su descripción de las misas negras. Algunas interpretaciones hablan del Fuego de San Antón, una enfermedad extendida en aquellas épocas por Europa central por el consumo de centeno con cornezuelo. La dietilamina del ácido lisérgico (LSD) se obtendría en el horneo y habría producido la sensación de volar, caer, las visiones y la locura. El rezo al santo se entendía que podía favorecer la curación.

(Pinchando en la imagen podeis ver el cuadro en alta definición)

Pero lo dicho, especulaciones. Mejor o peor realizadas pero mucho me temo que ya no podamos preguntarle a Jerónimo qué es lo que pretendía pintar. Tal vez ni siquiera lo sabía. Los pintores entonces eran artesanos por encargo y sus obras seguían las pautas del contrato. Tal vez el noble o comerciante que le encargara la obra le diera unas instrucciones y las siguiera de forma más o menos fiel.

Os invito, en cualquier caso a, si así lo deseáis, visitar estas páginas que os darán mucha más información:

http://es.wikipedia.org/wiki/Tr%C3%ADptico_de_las_Tentaciones_de_san_Antonio

http://es.wikipedia.org/wiki/El_Bosco

http://arteinternacional.blogspot.com.es/2010/03/pintura-gotica-flamenca-el-bosco.html

Las imágenes han sido tomadas de:

http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:The_Temptation_of_Saint_Anthony_by_Hieronymus_Bosch_(Lisbon)

Lo mejor es que observemos con atención a nuestro protagonista, el cuadro:

ABRIMOS LA PINACOTECA

Se dice que toda historia tiene su principio y su final. Durante las últimas semanas he compartido muchas de las canciones que han representado hitos en mi vida. Unas me han hecho llorar, otras me han hecho sonreír, otras las he tarareado, otras las he (o me las han) dedicado… Pero en breve acabaré ese repaso y hay que seguir. Y he decidido acercarme a la pintura.

Mi experiencia con la pintura, advierto, es muy limitada. Funciono a impulsos y, por lo tanto, mi deseo no es compartir las mejores obras pictóricas de todos los tiempos, sino aquellas que de algún modo me han conmovido.

He visitado el Museo del Prado sólo una vez, el del Louvre ninguna porque nunca he estado en París. Del Prado puedo decir que llegué ansiando ver los cuadros de Velázquez, y he de reconocer que, sin ánimo de quitarle ningún  mérito ni de negar que fuera un adelantado a su época en las perspectivas usadas, me aburrí.

Sí, especialmente me aburrí de ver a la Infanta Margarita, la Infanta Teresa y demás familia. Pero si no hubiera sido por los retratos por encargo, ni Velázquez ni los demás pintores hubieran podido sobrevivir y pintar sus otras obras de arte.

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Por contra, luego me extasié con la Rendición de Breda y permanecí más de media hora sentado frente al Tríptico del Jardín de las Delicias de Hieronymus Bosch.

Y hasta aquí por hoy. Disculpadme todos por la irreverencia en esta reflexión. Las próximas entregas de la pinacoteca serán otra cosa, lo prometo. Diego Velázquez tendrá también su sitio en el Olimpo, porque lo merece.

Hasta prontito.