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ESTADOS, BANDERAS, NACIONES, MERCADOS Y pueblos

Dos pequeños poemas dedicados a todos los que nos llenan la cabeza hablando de “Estados” y “Naciones” y nos miran torcido cuando decimos “pueblos”

Tristes paños de colores,
jirones ensuciando la mañana,
brisa y rocío,
acero, plomo y sangre rancia.
–     –     –
Enhiestos, fálicos mástiles,
estandartes,
cuernos y orgullosos señores,
triste soberbia la de los tambores.
–     –     –
Campo estéril anegado,
arado sin trigo,
de vino tinto la amapola y el arroyo,
de marzo un almendro sin retoño.
–     –     –
Rojo Marte, negro luto,
lluvia de pavesas y llanto
de flores y colores,
de madera hueca envuelta en paños.

 

 

BANDERAS
 Blancas, verdes, rojas o gualdas,
Al cielo se elevan como áspides,
Ninguna ondea sin su viento.
Dominando vaguadas y oteros
Estiércol de un grillete preso,
Rugidos del señor de las espadas,
Adalides de papel, oro y sangre,
Servidoras del dios de los becerros.

STRIP TEASE TÍMIDO DE LA MAR, BESANDO A LA PLAYA DE NOJA

playa trengandín noja

Te desnudas,

ante mí,

retirando la malva de tu falda,

revelando el laberinto de tu piel,

ocultando tu corazón

por detrás de cien costillas.

–     –     –

Me susurras,

con tus palabras blandas de espuma,

al oído,

con tu lengua fugaz de arena,

promesas de nata que ya se deshacen.

–     –     –

Me lanzas tu sonrisa

de cristal y turquesa en tus atardeceres.

Aparatosa

en tus collares de gasa verdes 

me muestras los escalones lúbricos,

esos que bajan por tu vientre.

–     –     –

Y te subes y bajas esa falda

canturreando tonadas imprecisas.

Y no sabes si vienes o vas

pero me guiñas y besas de sal.

Y aun cuando escapas,

haces que permaneces

acariciando de seda estos dedos

entreabiertos que no te prenden.

En Noja (Cantabria), Playa de Trengandín, Verano de 2005

AMANECER ENTRE BASTIDORES CON LA LLUVIA BATIENDO PALMAS SOBRE MI ALMOHADA.

Tendido junto a mí,

besabas con la suavidad

de esa espuma que dejan las olas al morir

y susurrabas…

*     *     *

Bebías de mis ojos

ese mismo licor que destilaban los tuyos.

Veías,

el mismo relámpago que yo

y la misma mecha prender

irisándose al pie de nuestras pupilas.

*     *     *

Con la furia de los elementos,

te revolvías de pronto,

huracán rugiente para mí,

volcán desbordándose por mi espalda

con la lava ardiente en tus manos.

*     *     *

Y en la nada vacía de los días,

éramos,

apenas dos juncos desprendidos de su orilla:

estremecidos, ateridos, abrazados.

*     *     *

Luego caía el telón,

entre bastidores escuchamos los aplausos:

fin de la función…

*     *     *

Y otra vez la lluvia en los cristales

batiendo, repicando en los tejados,

implacable.

Lluvia terca,

siempre lluvia

trovadora, tramoyista

bajando el telón de mis sueños,

desorinando en las aceras,

tachando el amanecer con cenizas.

cristales y lluvia

YACER

Yacer.

Sentir al fin

el mapa cálido extendido,

tu espalda,

el terciopelo ardiente.

Duerme un poco más,

yo te velo.

Fue dura la batalla,

la conquista, la invasión…,

yo te velo.

Y me desvelo

con el susurro de tu brisa,

con el temblor de tus aristas,

con el perfil de tus labios,

tu piel de frío estremecida.

Yo te abrigo

de ese frío que se cuela entre nosotros.

Te abrigo

con el aroma de la rosa,

el almizcle de la cera derretida y,

en mi hogar,

brasas al rojo y leño prendido.

Pero tú duerme,

duerme un poco más 

que la noche fue larga

y la mañana será corta.

Mas aquí y ahora

te noto, te siento, te tengo,

algodón de azúcar entre mis brazos,

rendido.

 

amantes

 

CONSULTA

 

Doctor,

no es fácil lo que le pido,

vengo a usted con confianza y dispuesto.

–     –     –

Y es que hace mucho que noto,

aquí a la izquierda, en el pecho

un grano enjaulado que palpita.

–     –      –

Doctor, le pido,

y no se dilate en lecciones de anatomía,

que me arranque este apéndice de cuajo,

que me extirpe este quiste molesto.

–      –     –

Y es que hace tiempo

que cobró vida propia y habla,

que como alquitrán se aferra a mis pulmones.

–     –     –

Pagaré con dolor,

con sangre, sudor y tinta en el quirófano

por apagar esta máquina.

–     –     –

Le pediré que en su lugar ponga

un sonajero, un llavero o lo que le venga mejor,

pero haga que de una vez calle,

se lo pido, Doctor.