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EN LA CRESTA DE LA OLLA: Una mirada atrás en lascosasdeunciempiés (II)

Si algo me sorprende en esta retrospectiva que estoy realizando de lo publicado estos años es que nada parece haber perdido actualidad. Vivimos en un mundo que se nos antoja frenético, convulso. La actualidad se nos presenta como un jeringuillazo de adrenalina. Y sin embargo…
Hoy releo y comparto tres publicaciones.
La primera “MALAS LENGUAS: Reflexiones filológicas de un no-filólogo”, muestra una de mis principales preocupaciones en el tiempo. La preocupación de comunicarme eficaz y correctamente. Como bien sabéis, sigo intentándolo.

http://lascosasdeunciempies.com/2011/11/23/malas-lenguas-reflexiones-filologicas-de-un-no-filologo/

La segunda, “NAZARENOS Y TETERAS”, desnuda ante vuestros ojos otra de mis perennes inquietudes: la perenne lucha entre un yo que siente la necesidad de creer y trascender, y otro (el mismo yo) que examina con los ojos de la razón el sentido de trascendencia que se me quiere vender.

http://lascosasdeunciempies.com/2012/03/31/nazarenos-y-teteras/

La tercera publicación, “ARTÍCULO DE PRESUNTA ACTUALIDAD”, muestra quizás mi inquietud más humana y más compartida con mi entorno social. Debido al presunto carácter del presunto artículo, creo que presuntamente se define mejor leyéndolo.

http://lascosasdeunciempies.com/2013/01/22/articulo-de-presunta-actualidad/

MALAS LENGUAS: Reflexiones filológicas de un no-filólogo.

23 de noviembre de 2011

Mi amigo W es autor de un magnífico blog, repleto de experiencias y reflexiones siempre acordes con su tremenda personalidad. En uno de sus post “El juego, la vida y las palabras”, analiza la situación de nuestra lengua madre.

http://mareundarum.wordpress.com/2010/05/23/el-juego-la-vida-y-las-palabras/

W se sitúa lejos de cualquier visión de la lengua como reducto de resistencia de los eruditos frente a la chabacanería general, el mal uso de la misma en los medios de in-comunicación, el alarmante zapateado de claqué sobre la misma, que cual Fred Astaire, realizan nuestras autoridades: políticos, jueces y tecnócratas varios.

W, en una visión vitalista y evolutiva de la lengua, entiende que la lengua ni se crea ni se destruye, sino que se transforma. Es pues, desde este punto de vista, un ente vivo que nace (de una lengua madre, como transformación de la misma), crece, y se transforma con el paso del tiempo, reproduciéndose en nuevos dialectos. En definitiva, en un perenne acto de nacer y morir a la vez que engendra nuevas vidas.

Este proceso fue el que hizo que el latín “renaciera” en su contemporánea forma de las lenguas romances (francés, portugués, italiano, español, etc.). ¿Puede alguien decir en qué momento murió el latín? ¿Murió acaso ensartada cuando los romanos se desembarazaron de su cultura etrusca y se abrazaron a la cultura helénica?¿Murió con las cabalgadas de Atila el rey de los Hunos? ¿Con el Concilio Vaticano II? … Curioso entonces que digamos, sin que tercie reflexión alguna por nuestra parte, que el latín es una lengua muerta.

Discrepo, no obstante, y me sitúo en este caso en una equidistancia entre mi amigo W y los señores y señoras (pocas) que ocupan los sillones de la R.A.E., eruditos que, como Lázaro Carreter, desnudan nuestros “malos” hábitos lingüísticos con su “El dardo en la palabra”.

Discrepo con algunas de las reflexiones que mi buen amigo W realiza en su post. Interpreto que, en la parte final de su discurso, cierta languidez, cansancio o cierta filantropía le llevo a disculpar lo que son netamente errores, por no decirlo en negrita, horrores, que se dan en nuestra comunicación tanto escrita como hablada.

Entendiendo que la lengua es, en esencia, una herramienta humana cuyo objetivo es la comunicación, no puedo obviar el hecho de que nuestros malos hábitos lingüísticos, amén de empobrecer, vulgarizar y empequeñecer las aspiraciones estéticas de la lengua, también generan imprecisión al no emplearse las palabras y expresiones con su auténtico significado.

Nuestra pobreza de vocabulario, nuestra falta de tiempo o afición a la lectura, nuestro desinterés alimentan estas imprecisiones y esta falta de eficacia de la comunicación lingüística. Sí a la imprecisión le añadimos la falta de construcción lógica (sujeto + verbo + complementos diversos), y la incoherencia al no pensar antes de abrir la boca, tenemos los ingredientes perfectos para que nuestro vehículo de comunicación patine y se salga de la carretera.

Si tenemos en cuenta la falta de empatía en la gran mayoría de los humanos y ese subjetivismo/relativismo desde el que contemplamos con indiferencia el discurso y el parecer de la persona que tenemos enfrente. Si a eso le añadimos unas gotas de error y de imprecisión, el resultado es que el objetivo de la comunicación se pierde en el desagüe de la in-comunicación.

Por todo ello, amigo W, no puedo estar plenamente de acuerdo con tu visión de evolución de las lenguas. Acepto la vitalidad de las lenguas. Huyo del purismo y fanatismo exacerbado de los señores académicos (y señoras). Pero no puedo aceptar todos los cambios como una Evolución de la lengua, o al menos no como una Evolución positiva.

Por ello, si cuando mantengo una conversación con alguien me repite incesantemente la pregunta “¿Vale?”, no lo puedo evitar le replico: “No, no me vale”.

NAZARENOS Y TETERAS

31 de marzo de 2012.

En aquellas ocasiones en que gente muy dispar se reúne por alguna causa (Congresos, Reuniones, Convenciones, etc.), es frecuente que los organizadores sugieran a los participantes no tratar ciertos temas. Se considera que temas como la religión, la política o el fútbol (si esto fuera Cuba hablaríamos del béisbol), pueden enardecer los ánimos y entorpecer la convivencia.
Mi deseo no es que en este espacio terminemos a tomatazos. Tampoco me conformo con me digáis “Sí, cariño” a todo (me consta que no es así) Tal vez por ello, y por la confianza que me proporciona este teclado, me dedico a tocaros una y otra vez las partes, perdón quise decir los temas sensibles.
Hoy no va a ser menos. Los “ciempieses” tenemos muchas más patas que los pulpos para “toquetear”. El tema de hoy es claro, pero no, con la iglesia no hemos topado en esta ocasión, esta vez, hemos topado conmigo mismo.
A lo largo de mi vida me he visto confrontado muchas veces a mis “incoherencias” (léanse las comillas) Cuestiones como ser de aquí y de allá a la vez, e incluso de ninguna parte o de donde me venga en gana. Esto puede ser tan trivial como que me guste el color verde y el naranja a la par.
Pudiera ser que os fuera a confesar que soy obrero y de derechas a la vez, pero no es el día ni el caso y no me creo tan atolondrado en ese o en otro sentido. Hablaremos de religión, concretamente de mi/s punto/s de  vista.
Me resulta inevitable acudir a los textos de Richard Dawkins, célebre científico y divulgador, que desde su postura netamente ateísta, desnuda en sus libros los tejemanejes y manipulaciones de la religión. Ya desde su prólogo denuncia sentencias tan simples como ” niño musulmán” o “niño cristiano”. Dawkins defiende la inocencia del niño y confronta estas adjetivaciones con otras como “niño comunista”, “niña conservadora” o similares.
A continuación desgrana conceptos que para el lector común, al que debe dirigirse toda obra de divulgación realmente efectiva, pueden resultar confusos. Así, resbalando sobre conceptos como monoteísmo, politeísmo o panteísmo, se centra en conceptos filosófico-teológicos más sutiles, definiendo teísmo, deísmo, agnosticismo y ateísmo.
Vayamos por partes. Un teísta cree en un Dios creador que sigue interviniendo en su creación vía milagros, comunicación con sus criaturas, premios, castigos, etc. Un deísta cree en un Dios que diseña y crea el Cosmos y se aparta de él como un espectador. Sus criaturas, incluidos nosotros, los humanos, no pueden tener una experiencia directa de Él, y Él no altera caprichosamente las reglas que ha proporcionado en el diseño de su creación. Este es el Dios de Newton. Un agnóstico sostiene que no es posible saber mediante la razón o el conocimiento humanos si existe o no existe un Dios en o detrás de su posible creación. Un ateo niega directamente la existencia de ese Dios.
Dawkins, seguidamente, establece una escala (flexible) en la que se dan todos los casos entre el blanco y el negro de las posturas acerca de la existencia/inexistencia de la divinidad. Esta escala se divide a efectos prácticos en siete peldaños:
1. Fuertemente teísta. Cien por ciento de probabilidades de Dios. En las palabras de C. G. Jung: “Yo no creo, Yo sé”.
 2. Muy alta probabilidad, pero menor al cien por cien. Teísta de facto:
“No lo puedo saber con certidumbre, pero creo fuertemente en Dios y vivo mi vida con la asunción de que el esta alli”.
3. Mayor al cincuenta por ciento; pero no muy alta. Técnicamente agnóstico pero se inclina hacia el teísmo:
 “Tengo mucha incertidumbre, pero estoy inclinado a creer en Dios”.
4. Exactamente cincuenta por ciento. Agnóstico completamente imparcial:
“La existencia y la no-existencia de Dios son exactamente iguales de probables”.
5. Menos del cincuenta por ciento pero no muy bajo. Técnicamente agnóstico pero se inclina al ateísmo:
 “Yo no se si Dios existe, pero me inclino a ser escéptico”.
6. Muy bajas probabilidades, pero sin llegar a cero. Ateo de facto:
“No puedo saberlo con certidumbre, pero pienso que Dios es muy improbable, y vivo mi vida con la asunción de que Él no esta alli”.
7.  Fuertemente ateo:
 “Yo sé que Dios no existe, con la misma convicción de que Jung sabe que existe uno”.
El autor de esta escala se sitúa en el escalón 6 y considera que, racionalmente, no se puede adoptar una postura como la 7ª.
Diréis que aún no he comenzado con mi confesión. Cierto, estoy dando vueltas y vueltas y aún no suena la música de Full Monty, no he empezado a contonearme ni a despojarme del cinturón. Dadme tiempo que empiezo: no tengo claro donde situarme. Puedo decir que tal vez me encuentre con un pie en el tercer escalón y un brazo en el quinto. Evidentemente no creo en un padre benévolo con barbas, ni en una virgen que fue concebida a su vez de forma pura por su madre, ni de un padrastro vengativo. Mi débil fe se acerca más, en todo caso a un Dios en todas las cosas (panteísmo), o una inteligencia creadora excepcional (Primer motor, Madre del Huevo Cósmico, etc.)
Acudiendo a la simpleza racional aristotélica de establecer la virtud en el punto medio, podríamos pensar que ser un agnóstico puro “fifty-fifty” es lo más razonable. Sin embargo, la línea es tremendamente fina y la tibieza, templanza o medianía tremendamente artera. Más adelante, cuando hable de la tetera de Rusell podemos volver a pensar en ello.
Mi incoherencia y mis “estiramientos” no terminan ahí, pero antes de desabotonar mi camisa y mostrar el cuerpo de este líder de opinión (uy, pérdón, ese no soy yo, ese es otro), seguiré comentando algunas cosillas sobre el libro de Dawkins.
Además de aclarar conceptos y de establecer divisiones y escalas, el autor proporciona interesantes datos sobre la persecución que empuja a los ateos y científicos escépticos hacia las catacumbas en la norteamérica anglosajona. Concretamente  cita los datos de una encuesta realizada a la sociedad estadounidense en el año 1999. A la pregunta de si votarían para un cargo público a una persona cualificada que fuese:
  • MUJER (95% lo harían)
  • CATÓLICA-ROMANA (94% lo harían)
  • JUDÍA (92 %)
  • MORMÓN (79%)
  • HOMOSEXUAL (79%)
  • ATEA (49%)
Curioso en una nación establecida como secular en su constitución. Aunque, eso sí, en su otra constitución (la monetaria) reza aquello de “In God We trust”. Esto me recuerda aquellas declaraciones atribuidas a George Bush padre en las cuales venía a decir que los ateos no debían considerarse auténticos ciudadanos estadounidenses (en realidad decía “american people”, lo siento, estos yanquis siempre olvidan que el continente continúa al sur de Texas)
En el libro de Dawkins, que aún no he citado “God delusion”, traducido en español como “El espejismo de Dios”, continúa desarrollándose el pensamiento del autor acudiendo a numerosas citas. Entre otras, compartiré con vosotros una de las más llamativas, fruto del pensamiento del filósofo y matemático Bertrand Rusell:
Muchas personas ortodoxas hablan como si fuese la responsabilidad de los escépticos desprobar ciertos dogmas en vez de que sea la responsabilidad de los dogmáticos el probarlos. Esto es; por supuesto, un error. Si yo sugiriese que entre la Tierra y Marte hay una jarra de porcelana para té dando vueltas alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie sería capaz de desprobar mi afirmación debido a que yo fui cuidadoso en añadir que la jarra de té es tan pequeña que no puede ser vista ni por el más poderoso de nuestros telescopios. Pero si yo continuase para añadir además que como mi afirmación no puede ser desprobada, sería una intolerable presunción de la razón humana dudar de ella, debe pensarse correctamente de mí que estoy hablando sin sentido. Si; en cambio, la existencia de tal jarra de té fuese afirmada en un libro de la antigüedad, enseñada como una verdad sagrada cada domingo e introducida gradualmente en la mente de los niños en las escuelas, dudar en creer en su existencia se convertiría en una marca de excentricidad y daría derecho a enviar a quien duda al psiquiatra en la era de la ilustración o al inquisidor en tiempos más antiguos.
Y sin embargo se mueve…
Bien, ahora sí, ahora me quito la camisa y enseño pecho-lobo (que más quisiera). No, lo que voy a decir es que este escéptico, durante estos días, se tomará vacaciones. En un momento dado el corazón se contagiará de un redoble de tambor. El tímpano bostezará al son de una corneta y de un clarinete. El estómago ronroneará sintiendo el trombón y el bombardino y su nariz se inflamará con el olor de los hachones, de las velas y el incienso.
Es Semana Santa en Zamora. La razón queda en suspenso y, guiado más por la tradición y el sentimiento que por fe, este individuo volverá a boquear y a temblar al paso de las imágenes y de los cofrades. De paso, os aburriré un poquito hablando de Vírgenes, Pasión y Nazarenos.
Buenas noches y buena suerte.

 

ARTÍCULO DE PRESUNTA ACTUALIDAD

22 de enero de 2013

sobre con corazones

Sí, lo sé, con todas las cosas que pasan alrededor, me prodigo presuntamente poco hablando de temas de actualidad. Pero hoy, que presuntamente tengo metido un vídeo en el presunto horno, voy, presuntamente a hablar algo del tema.

Pero permitidme que antes os haga una presunta advertencia: estos son terrenos cenagosos y el presunto Mariano nos ha dicho que, presuntamente, no le temblará la mano a la hora de ordenar a su ombligo que le haga una presunta auditoría a la pelusilla que lo recubre; pero tampoco a la hora de emprender presuntas acciones legales contra aquellos que presuntamente difamen a su presunto partido político.

Por esa razón, presuntamente voy a mirar hacia otro lado. Sí, en definitiva, presuntamente no hablaré del secadero de salchichones, salamis, morcillas, cecinas y embutidos varios que hay en la Calle Génova. (fíjense bien, amigos, que presuntamente no he hablado de “chorizos”). Y de la presunta sorpresa que se han llevado con la noticia nuestros presuntos políticos, periodistas y ciudadanos.

Pues eso, no voy a hablar de ese presunto partido político, voy a hablar de ese presunto maniqueísmo de nuestros periodistas y nuestros presuntos medios de información. Para ello, acompaño el presunto artículo con (y esta vez no son presuntas) unas definiciones del Diccionario de la Real Academia Española:

sobresueldo.

1. m. Retribución o consignación que se añade al sueldo fijo.

sobornar.

(Del lat. subornāre).

1. tr. Corromper a alguien con dádivas para conseguir de él algo.

soborno1.

(De sobornar).

1. m. Acción y efecto de sobornar.

2. m. Dádiva con que se soborna.

3. m. Cosa que mueve, impele o excita el ánimo para inclinarlo a complacer a otra persona.


soborno2.(Del lat. supernus, superior).1. m. Arg. Cosa que se añade a una carga regular.

Ahora decidme, amigos, si los presuntos sobres con dinero presuntamente negro que el presunto Luis repartía entre directivos de ese presunto partido político, era el presunto Luis quien los repartía y no el responsable de pagar las nóminas. Si tenemos en cuenta que, además, presuntamente no se corresponden con ningún presunto concepto de presunta paga de beneficios (¿o sí?) ni horas extras, etc.: ¿Estamos ante un presunto Sobresueldo como dicen nuestros presuntos periodistas o ante un presunto Soborno?

Si consideramos que el presunto Luis, presuntamente, no repartía dádivas a tontas y a locas sino que tenía unos presuntos objetivos que lograr, y los presuntos sobres presuntamente se repartían entre aquellos con autoridad y poder en el presunto partido para empujarle hacia su presunta consecución: ¿Estamos ante un presunto Sobresueldo como dicen nuestros presuntos periodistas o ante un presunto Soborno?

¿Por qué nuestros presuntos periodistas se empeñan en presuntamente tomarnos el supuesto pelo de nuestras cabezas con presuntas palabras presuntamente suavizadas?

El despresuntador que lo despresunte buen despresuntador será (presuntamente)

ARTÍCULO DE PRESUNTA ACTUALIDAD

sobre con corazones

Sí, lo sé, con todas las cosas que pasan alrededor, me prodigo presuntamente poco hablando de temas de actualidad. Pero hoy, que presuntamente tengo metido un vídeo en el presunto horno, voy, presuntamente a hablar algo del tema.

Pero permitidme que antes os haga una presunta advertencia: estos son terrenos cenagosos y el presunto Mariano nos ha dicho que, presuntamente, no le temblará la mano a la hora de ordenar a su ombligo que le haga una presunta auditoría a la pelusilla que lo recubre; pero tampoco a la hora de emprender presuntas acciones legales contra aquellos que presuntamente difamen a su presunto partido político.

Por esa razón, presuntamente voy a mirar hacia otro lado. Sí, en definitiva, presuntamente no hablaré del secadero de salchichones, salamis, morcillas, cecinas y embutidos varios que hay en la Calle Génova. (fíjense bien, amigos, que presuntamente no he hablado de “chorizos”). Y de la presunta sorpresa que se han llevado con la noticia nuestros presuntos políticos, periodistas y ciudadanos.

Pues eso, no voy a hablar de ese presunto partido político, voy a hablar de ese presunto maniqueísmo de nuestros periodistas y nuestros presuntos medios de información. Para ello, acompaño el presunto artículo con (y esta vez no son presuntas) unas definiciones del Diccionario de la Real Academia Española:

sobresueldo.

1. m. Retribución o consignación que se añade al sueldo fijo.

sobornar.

(Del lat. subornāre).

1. tr. Corromper a alguien con dádivas para conseguir de él algo.

soborno1.

(De sobornar).

1. m. Acción y efecto de sobornar.

2. m. Dádiva con que se soborna.

3. m. Cosa que mueve, impele o excita el ánimo para inclinarlo a complacer a otra persona.


soborno2.(Del lat. supernus, superior).1. m. Arg. Cosa que se añade a una carga regular.

Ahora decidme, amigos, si los presuntos sobres con dinero presuntamente negro que el presunto Luis repartía entre directivos de ese presunto partido político, era el presunto Luis quien los repartía y no el responsable de pagar las nóminas. Si tenemos en cuenta que, además, presuntamente no se corresponden con ningún presunto concepto de presunta paga de beneficios (¿o sí?) ni horas extras, etc.: ¿Estamos ante un presunto Sobresueldo como dicen nuestros presuntos periodistas o ante un presunto Soborno?

Si consideramos que el presunto Luis, presuntamente, no repartía dádivas a tontas y a locas sino que tenía unos presuntos objetivos que lograr, y los presuntos sobres presuntamente se repartían entre aquellos con autoridad y poder en el presunto partido para empujarle hacia su presunta consecución: ¿Estamos ante un presunto Sobresueldo como dicen nuestros presuntos periodistas o ante un presunto Soborno?

¿Por qué nuestros presuntos periodistas se empeñan en presuntamente tomarnos el supuesto pelo de nuestras cabezas con presuntas palabras presuntamente suavizadas?

El despresuntador que lo despresunte buen despresuntador será (presuntamente)

“NO, AHÍ HESKUSAS!”

Lo sé, os escuecen los ojos y no es por alergia, sueño o conjuntivitis. A mí también me resulta hiriente. Tal vez fuera divertido escribir ese conjunto desamparado de letras que forman el título frente al domicilio de mis profesores de lengua. Más aún si pudiera ver por el ojo de una cerradura su gesto de espanto. Pero no es ese el propósito.

Ciertamente, si tuviera embajadas en algún remoto (o no tan remoto) país en que el pundonor de la lengua fuese una religión, iría raudo en busca de extintores y acapararía a los mejores guardaespaldas. No es tampoco el caso.

Quienes venís siguiendo la zigzagueante historia de este blog, con sus “paradiñas”, bloqueos ocasionales, …, conocéis también mi preocupación por el uso del idioma. Intento, y no siempre lo consigo, ser correcto. Juguetón también, muchas veces las palabras tienen el tacto de la plastilina, pero, en general, trato de ser correcto. De hecho, os animo a que en privado, o a viva voz me corrijáis cuando meta la patita o la pataza. 

(Para los profanos os sugiero visitar

http://lascosasdeunciempies.com/2011/11/23/malas-lenguas-reflexiones-filologicas-de-un-no-filologo/)

Mi intención no es ser más papista que el Papa ni hacerme pasar a estas alturas por “Sor Virtudes”. ¡Lejos de mí los fundamentalismos!¡Cualquier clase de fundamentalismo!¡ABAJO LOS FUNDAMENTALISTAS!¡Quememos a todos los f…! (EJEM)

Entiendo el lenguaje como una herramienta de comunicación. Una herramienta, eso sí, preciosa. La comunicación precisa de eficacia, y la eficacia depende del contexto, del emisor, del receptor y del medio (oral, escrito). Para esa eficacia se precisan unos convenios o acuerdos, y de ahí las reglas (gramaticales, ortográficas, etc. ) Un profesor de lengua lo explicaría mejor pero tardaría más tiempo.

“I  xk tanto mpeño x mi parte?”

Mi experiencia me dice que de lo que aprendemos el 90% es por imitación, por observación. El niño o el adulto que lee (libros se entiende, no el “feisbuj”, el “guasá” ni la prensa deportiva ni la prensa de provincias ni la prensa “seria” tampoco) comete menos faltas de ortografía. Las palabras forman dibujos, casi como los ideogramas chinos o japoneses, (no nos referimos obviamente a los “palabros”: otorrinolaringólogo, esternocleidomastoideo, o Lazurtegi- Uribetxeberria). Por eso, cuando en un texto escrito encontramos un “avia” o “Pribado Proivido pasar” nuestros ojos se detienen y… escuecen.

Por eso y, pensando en essa niña que hoy nace en Essshpaña. Essa niña que tiene unosssh padressssh y quiere una educación y una sanidad. Essa niña que nace en España y quiere un trabajo digno el día de mañana… Bien, pensando en todas, todos y toditos, lo intento.

(Para los que desconozcan la historia de essa niña)

Hoy tengo (tenemos) una excusa menos para no hacer un buen uso del idioma. Hoy la Fundéu BBVA (no confundir con “fondue”) ha presentado junto a la Real Academia Española el manual “Escribir en internet. Guía para los nuevos medios y las redes sociales“. Asimismo, la Real Academia ha anunciado que, en su próxima edición, el Diccionario oficial de nuestro idioma incluirá “tuit”, “blog” y otros interesantes vocablos (no incluirá, me temo, el vocablo “miembra”, lo siento-a)

De modo que queda claro, podremos hablar ya de blog sin circunloquios, aunque, quien así lo prefiera, puede optar por bitácora y su helénica belleza. Y queda también claro, escribir y comunicarse en las nuevas tecnologías tiene sus reglas y sus consejos. Adjunto un enlace en el que amablemente nos han seleccionado 10 consejos para escribir en internet.

http://www.huffingtonpost.es/2012/09/20/escribir-en-internet-15-c_n_1899888.html

Mucho me temo que me cuesta predicar con el ejemplo (jojojo)

POESÍA ERES TÚ

Escuchando la radio he sabido que hoy se celebraba el Día Internacional de la Poesía. Se suele decir (una de esas “verdades” que nadie sabe donde ha escuchado o leído) que un hombre, para ser hombre, debe plantar un libro, tener un árbol y escribir un hijo… Me da a mí que no era así, colocadlo vosotros.

Bien, el caso es que no me consta haber tenido ningún hijo (será que no soy ni El Cordobés ni Julio Iglesias). En cuanto a los árboles, si la copla se trata de haber plantado un árbol, sí, lo he plantado. Ahora bien, si se trata de haber plantado un árbol más de los que por mis hábitos de consumo se han talado, pues mal.

Me queda hablar de lo de plantar un libro. Vaya, parece que tampoco. En realidad, al igual de con el árbol, depende. Depende de si nos referimos a haber escrito “algo”, a que haya alguien que lo haya leído, o a publicar con editorial, editor, rueda de prensa, libros dedicados y tertulia radiofónica.

Pero, volviendo al inicio, hoy es el Día Mundial de la Poesía. He desayunado mis galletas rellenas de chocolate, he tomado tres cafés, he trabajado mis horas, me he quejado del tiempo y del tráfico… Un día como otro cualquiera en definitiva, pero volviendo a casa no pude por menos que preguntarme: “¿A qué huelen las nubes?”

Si todavía estás ahí te habrás dado cuenta que hoy es uno de esos días de cavilaciones espesas, de divagaciones amplias. La pregunta, en realidad, y trataré de ser menos travieso en las próximas cinco líneas es acerca de qué es realmente la poesía.

No voy a ponerme a teorizar, aunque sin remedio lo haré. Mi propósito es simplemente reflexionar juntos y para ello agradeceré vuestros comentarios. Podríamos hablar de la forma poética, podríamos hablar de formar imágenes, de lenguaje rítmico. Seguramente que en todos los casos estaríamos hablando de algo que es poesía, y a su vez, de algo que no necesariamente lo es.

Los ladrillos son las palabras, y la “caravista” de las mismas es su sonoridad. ¿En un poema se busca evocar un sentimiento o una imagen?  No necesariamente. ¿Un poema tiene que trascender la realidad? Tampoco parece preciso. ¿La rima, el ritmo y la estética por sí mismos forman una poesía? Tal vez le falte dirección, intención, profundidad y sentido.

En definitiva, puede ser muchas cosas y no serlas a la vez. Prefiero dejar en vuestras manos la decisión. Al fin y al cabo, soy de los que piensan que un poema es lo que escribo y se convierte en poesía si tú lo lees y lo aprecias.

De modo que, a la espera de vuestra visita y comentario, me despediré con los versos de Gustavo Adolfo Bécquer:

¿Qué es poesía? –dices mientras clavas
  en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
  Poesía… eres tú.

PAELL@S: y no hablamos de un plato de arroz.

Cuando  creo haber perdido mi capacidad de asombro, la realidad cotidiana me saca de mi error. Quien me lea con frecuencia habrá notado que me obstino en considerarme más mayor de lo que en realidad soy. En cuanto bajo la guardia descubro que aún puedo sorprenderme, entusiasmarme, decepcionarme, etc. y todo ello con bastante intensidad.

En la meseta del Duero acostumbramos a llamar paella, para inri de los valencianos, a cualquier plato de arroz, sea de verdura, de carne o de pescado. Sin embargo, y como dejo claro desde el título de este artículo, no es mi propósito hablar de cuestiones culinarias.

Me gustaría decir que hoy voy a partir una lanza a favor de nuestros magníficos publicistas. Lamentablemente, hoy tampoco es el día. Ciertamente, la programación de la televisión es soporífera o bien estridente e insoportable. Es frecuente que pasen varios días sin que apriete el interruptor de la caja tonta. Cuando finalmente lo hago, y si no es la televisión pública, muchas veces lo más interesante que echan son los abundantes anuncios (no todos) con que interrumpen indiscriminadamente series, informativos, películas y otras joyas.

Huyendo de la televisión, me refugio en esta pantalla y en este teclado, y a menudo opto por encender la radio para que me acompañe en sordina. La ausencia de imágenes permite comunicar sin acaparar mi atención con juegos de luces, y me dedico a otra cosa mientras la radio acompaña con su letanía.

Los anuncios de la radio son diferentes. En ellos no vale con mostrar una pierna, una melena, una silueta o un busto. En la radio hay que susurrar confidencias, hay que hablar de tú a tú. Y así hablando de tú a tú, esta mañana un anuncio consiguió emocionarme y erizarme los vellos que no sé si tengo en la nuca (no tengo forma de mirar ahí atrás). Tranquilos (y tranquilas) aún no he indicado en que consistía el anuncio y en que mi emoción.

Bien, el anuncio consistía en una voz femenina que, anunciando unos grandes almacenes de este país, nos recordaba que pa’ San Valentín disponen pa’ ellas de los más elegantes perfumes y joyas y pa’ ellos de lo último en tecnología. La emoción fue indignación.

Podemos llenarnos la boca hablando y malgastando saliva con la igualdad de roles entre hombres y mujeres. Podemos hablar de educar a las nuevas generaciones. Podemos sacar todas las leyes del mundo. Yes we can. Al final los comerciantes nos devuelven al redil del consumo y el mal gusto y nos recuerdan que ellos juegan con camiones, al fútbol y otras cosas útiles, y ellas con muñecas y  a cocinitas.

Tal vez, aprovechando que iniciamos la enésima reforma educativa de los últimos veinte años, sea el momento de volver a enseñar a los niños electricidad y a las niñas labores de hogar (mejor no doy ideas).

En definitiva, la publicidad está a nuestro alrededor, vigilad al ir a dormir debajo de vuestra cama. La publicidad nos re-define e insulta más cada día.