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EL CUENTO DE NAVIDAD DE AUGGIE WREN: Instantes de celuloide (XIV)

Sí, lo sé, me repito nuevamente por estas fechas. Pero todo tiene su justificación. Unos habéis llegado más tarde que otros a este blog y, además, en una serie en la que trato de desnudar las escenas cinematográficas que, en un sentido u otro han impactado mis retinas, Smoke, Paul Auster, Brooklyn y Harvey Keitel, siempre tendrán un espacio en mi corazón. Por otra parte este, y no otro, es el momento de esta película.

EL CUENTO DE NAVIDAD DE AUGGIE WREN

En estas fechas tan entgañables me llena de oggullo y satisfacción compagtir con todos los españoles y fogáneos este cuento de navidad. Vivimos tiempos difíciles, la cgisis golpea con fuegza a las familias y debemos ante todo haceg uso de la concogdia y la unidad. Ampagados en las nogmas de convivencia en el magco de nuestga Constitución debemos avanzag todos juntos… blablabla.

auggiewren

Lo dicho, felicidad a todos en estos días. Dessjuest, no seas malo, trincha al pavo y no a la suegra…

Os dejo con el cuento de navidad que ya comenté en septiembre (siempre igual de intempestivo) Esta vez con la letra.

AUSTER PAUL – El Cuento De Navidad De Auggie Wren

Próximamente nueva página (muy luminosa) de la Pinacoteca (disculpad la demora)

UN PASEO POR BROOKLYN

 

Pasear… Paseando se conocen las ciudades, se percibe el latido de las gentes. Paseando en día de trabajo, paseando en día de fiesta. Paseando…

Cuando, en mi devenir, llegaba nuevo a una ciudad, solía emplear el tiempo libre en callejear. Evitando, en caso de conocerlo, las zonas problemáticas, pero con el tiempo y con precaución también estas se incorporaban a mis itinerarios. En el día de hoy me repito, he vuelto a una de mis ciudades de la infancia (tal vez sea de aquí). Quizás por eso, o porque mi curiosidad está más moderada, ya no siento el mismo impulso.

En realidad sí, me gustaría estirar las piernas. Las noto algo oxidadas aquí en la butaca frente al ordenador. No me vendría mal el ejercicio, pero necesitaría horizontes nuevos y atractivos para dirigir mis pasos. Como no me lo permiten ni el tiempo ni el monedero, emplearé, para pasear las herramientas de que dispongo: esta pantalla y la imaginación.

Muchos lugares, muchas culturas atraen mi atención. Siento, a menudo, cierta aversión por lo estadounidense. Su monopolio del cine, su conservadurismo, sus mariners… Pero Nueva York se me antoja diferente, mágica, vital, atrevida. Y en Nueva York está Brooklyn.

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Cuando los holandeses llegaron a la desembocadura del Hudson fundaron Nueva Amsterdam (que luego sería Nueva York), y a la zona de la marisma la llamaron Breukelen “pequeña marisma”, como a una ciudad de su tierra originaria.

Carl Sagan, el astrofísico, el exitoso divulgador, el polémico activista nació allí, en el seno de una familia de judíos ucranianos. Pero También Michael Jordan, Rita Hayworth, Woody Allen, y por supuesto Harvey Keitel y Paul Auster.

A estos últimos, en particular les debo una extraña fijación por Brooklyn. Un deseo de pisar esas calles, respirar el aroma viciado de la gran ciudad, asomarme al vértigo del puente y beber su agua de grifo (algo tiene que tener sin duda)

El escritor Paul Auster como guionista, Wayne Wang como director y Harvey Keitel encarnando al inolvidable estanquero Auggie Wren, me hicieron soñar con entrar en aquel ficticio estanco y comprar unos cigarrillos “Schimmelpennicks”. Apoyándome en la totémica estatua de un indio hablaría del último partido de béisbol y me quejaría del insoportable calor del verano. Prendería un cigarrillo y guiñaría con complicidad a … Smoke, conocida como “Cigarros” en latinoamérica, una película del montón pero todo un canto a la cotidianeidad (me gustaría escuchar a la Ministra Portavoz pronunciando esta palabra) y su belleza.

La belleza de lo cotidiano, de lo sencillo, de la complicidad. La amistad que surge en un ambiente hostil de solitarios engullidos por el hormigón. Y, finalmente, tras una secuencia interminable de planos cortos, con la cámara centrándose en cada arruga, en cada gesto de Auggie y de Paul, una voz negra desgarrada acompaña al Cuento de Navidad (en Septiembre) con el que les dejo.

Cuento de Navidad de Auggie Wren