Archivo de la etiqueta: arte

LA NIÑA DEL ABRIGO ROJO: Instantes de celuloide (IV)

abrigo rojo

Es apenas un instante. Se produce cuando nos parece que ya no nos puede conmocionar más el horror. Hemos visto como nieva ceniza sobre Cracovia y hemos descubierto el origen del fenómeno. Entonces, portado en una carretilla, aparece el abrigo rojo y los músculos de nuestra garganta se contraen.

Hoy escena doble de una película casi clásica rodada en casi blanco y negro:

 

LA VERDAD SE DESVELA: Serie de la Madre de Todas las Calamidades (V)

…Calló, y sólo el arpa resonó bajo los finos dedos de marfil. Y Scharkán, arrebatado, se sentía perdido en deseos infinitos. Entonces, tras un nuevo preludio, la joven cantó:

¡La amistad verdadera no puede soportar la amargura de la separación! ¡Hasta el sol palidece cuando tiene que dejar a la tierra!

Pero apenas cesó este canto, oyeron un enorme tumulto y un gran vocerío. Y vieron que avanzaba un tropel de guerreros cristianos con las espadas desnudas, y gritaban: “¡He aquí que has caído en nuestras manos! ¡He aquí, oh Scharkán, tu día de perdición!”

Y al oír Scharkán estas palabras, pensó en seguida en una traición, encaminándose sus sospechas contra la joven. Pero cuando se volvía hacia donde estaba, dispuesto a reconvenirla, la vio lanzarse
afuera, muy pálida.

Y la joven llegó ante los guerreros, y les dijo: “¿Qué queréis?” Entonces se adelantó el jefe de los guerreros, y le contestó, después de haber besado la tierra entre sus manos: “¡Oh reina llena de gloria! ¡Oh mi noble señora Abriza, la perla más noble entre las perlas de las aguas! ¿Ignoras la presencia del que está en este monasterio?”

Y la reina Abriza contestó: “¿De quién hablas?” Y él dijo: “Hablo de aquel a quien llaman maestro de héroes, el destructor de ciudades, el terrible Scharkán ibn-Omar Al-Nemán, aquel que no ha dejado una torre sin destruirla, ni una fortaleza sin derribarla. Ahora bien, ¡oh reina Abriza! el rey Hardobios, tu padre y señor nuestro, ha sabido en Kaissaria, su ciudad, por los propios labios de la anciana Madre de todas las Calamidades, que el príncipe Scharkán estaba aquí. Porque la Madre de todas las Calamidades ha dicho al rey que había visto a Scharkán en el bosque, cuando se dirigía a este monasterio. Así, pues, ¡oh reina! tu mérito es inconmensurable, por haber cogido al león en tus redes, facilitándonos la victoria sobre el ejército de los musulmanes”.

Entonces, la joven reina Abriza, hija del rey Hardobios, señora de Kaissaria, miró indignadísima al jefe de los guerreros, y le dijo:

“¿Cuál es tu nombre?” Y el otro contestó: “¡Tu esclavo el patricio Massura ibn-Mossora ibn-Kacherda!”

Y ella le dijo: “¿Y cómo es que has osado, ¡oh insolente Massura! entrar en este monasterio sin avisarme ni pedir permiso?” Y él dijo: “¡Oh mi soberana! Ninguno de los porteros me ha cerrado el camino, pues al contrario, todos nos han guiado hasta la puerta de tu aposento. Y ahora, según las órdenes de tu padre, esperamos que nos entregues a ese Scharkán, el guerrero más formidable entre los musulmanes”. Y la reina Abriza dijo: “¿Pero qué piensas? ¿No sabes que esa Madre de todas las Calamidades es una embustera? ¡Por el Mesías! Aquí hay un hombre, pero no es el Scharkán de quién hablas, sino un extranjero que ha venido a pedirnos hospitalidad, y en seguida se la hemos otorgado generosamente. Y además, aun en el caso de que fuera Scharkán, los deberes de la hospitalidad me mandan protegerle contra todo el mundo.

¡Nunca se dirá que Abriza hizo traición al huésped, después de haber mediado entre ellos el pan y la sal!

De modo que lo que debes hacer, ¡oh patricio Massura! es marcharte en seguida cerca del rey, mi padre; besarás la tierra entre sus manos, y le dirás que la vieja Madre de todas las Calamidades ha mentido y le ha engañado”.

El patricio Massura, dijo: “Reina Abriza, no puedo volver junto al rey Hardobios, tu padre, sin llevar al prisionero, como nos ha mandado”. Ella llena de cólera, dijo: “¿Quién te mete en estas cosas, ¡oh guerrero!? Sólo te toca combatir cuando puedas, pues te pagan para combatir. Pero guárdate de meterte en asuntos que no te incumben. Además, si te atrevieras a atacar a Scharkán, lo pagarás con tu vida y con la vida de todos los guerreros que están contigo. ¡Y he aquí que lo voy a llamar, para que venga con su alfanje y su escudo!”

Y el patricio Massura dijo: “¡Oh qué desgracia la mía! Porque si me libro de tu cólera, caeré en la de tu padre, nuestro rey. Si se presentase ese Scharkán, lo mandaría detener inmediatamente por mis soldados., y lo llevaría prisionero entre las manos de tu padre, el rey de Kaissaria”.

Y Abriza exclamó: “Hablas demasiado para ser un guerrero, ¡oh patricio Massura! ¡Y tus palabras exceden en punto a pretensión e insolencia! ¿Olvidas acaso que sois cien contra uno? Si tu patriciado no te quitó hasta el rastro del valor, combátele de hombre a hombre. Pues si eres vencido, otro ocupará tu puesto, y así sucesivamente, hasta que Scharkán caiga en nuestras manos. ¡Y así se decidirá quién de todos vosotros es el héroe!”

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGO LA 50ª NOCHE
Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que la joven reina Abriza exclamó: “¡Y veremos quién de todos vosotros es el héroe!”

Y el patricio Massura repuso: “¡Por el Mesías! ¡Has hablado muy bien! ¡Yo seré el primero que se presente a luchar!”

Ella dijo: “Pues aguarda que vaya a avisarle y a saber su respuesta. Si acepta, así se hará; si se niega, será de todos modos el huésped protegido”. Y Abriza se apresuró a ir en busca de Scharkán, y le puso al corriente de todo, excepto de quién era ella.

Y Scharkán comprendió que había juzgado mal al dudar de la generosidad de la joven, y se reconvino mucho, y con doble motivo por haberse equivocado al juzgar a la joven y por haberse metido imprudentemente en medio del país de los rumís.

Y después dijo: “¡Oh mi señora! No tengo la costumbre de combatir contra un solo guerrero, sino contra diez a un tiempo, y de esa manera pienso entablar el combate”.

Dijo, y se puso en pie de un salto, y se precipitó al encuentro de los guerreros cristianos. Y llevaba en la mano su alfanje y su escudo.

Cuando el patricio Massura vio que se acercaba Scharkán, saltó sobre él de un brinco, y le atacó furiosamente; pero Scharkán paró el golpe que se le dirigía, y se lanzó contra su adversario como un
león. Y le dio en el hombro un tajo tan terrible, que el alfanje salió brillando por la cadera, después de haberle atravesado el vientre y los intestinos.

Al ver esto, el valor de Scharkán creció considerablemente a los ojos de la reina, que pensó: “¡He aquí el héroe con quien habría yo podido luchar en el bosque!”

Después se volvió hacia los soldados; y les dijo: “¿Qué esperáis para proseguir el combate? ¿No pensáis vengar la muerte del patricio?” Entonces avanzó a grandes pasos un gigante de aspecto
formidable, y cuya cara respiraba una gran energía. Era el propio hermano del patricio Massura. Pero Scharkán no le dio tiempo para más, pues le dio tal tajo en el hombro, que el alfanje salió brillando por la cadera, después de haber atravesado el vientre y los intestinos. Entonces avanzaron otros guerreros, uno a uno, pero Scharkán les hacía sufrir la misma suerte, y para su alfanje era un juego el hacer volar sus cabezas. Y de ese modo mató a cincuenta. Cuando los otros cincuenta que quedaron vieron la suerte que habían corrido sus compañeros, se reunieron en una sola masa, y se precipitaron todos juntos contra Scharkán, pero esto los perdió.

Scharkán los esperaba con toda la bravura de su corazón, más duro que la roca, y los trilló como se trillan los granos en la era, y los desparramó a ellos y a sus almas para siempre.

Entonces la reina Abriza gritó a sus doncellas: “¿Quedan más hombres en el monasterio?” Y ellas contestaron: “No quedan más hombres que los porteros”. Entonces la reina Abriza avanzó al encuentro de Scharkán, y le estrechó entre sus brazos, y le besó con fervor. Después contó el número de muertos, y se encontraron ochenta. En cuanto a los otros veinte combatientes, lograron escaparse, a pesar de su estado, y habían desaparecido.

Y Scharkán pensó entonces en limpiar la hoja ensangrentada de su alfanje. Y arrastrado por Abriza, volvió al monasterio, recitando estas estrofas bélicas:

¡Contra mí se han lanzado furiosamente para combatirme el día de mi valentía! Y he arrojado sus altaneros caballos como pasto a los leones, a mis hermanos los leones.

¡Vamos! ¡Libradme del peso de mi ropa, si queréis!

En el día de mi valentía no he hecho más que pasar, y he aquí a todos los guerreros tendidos en la tierra abrasadora de mi desierto.

Y como habían llegado al salón, la joven Abriza, sonriente de placer cogió la mano de Scharkán y se la llevó a los labios. Después se levantó el vestido, y aparecieron por debajo una cota de malla y una espada de acero fino de la India. Y Scharkán asombrado. preguntó: “¿Para qué son, ¡oh mi señora! esta cota de malla y esta espada?” Y ella dijo: “¡Oh Scharkán! durante el combate me armé apresuradamente por si tenía que correr en tu auxilio, pero no has necesitado de mi brazo!”

Después la reina Abriza mandó llamar a los porteros, y les dijo “¿Cómo es que sin mi permiso habéis dejado penetrar a los hombres del rey?” Y dijeron: “No es costumbre que pidan permiso los hombres del rey, y mucho menos su gran patricio”.

Ella dijo: “¡Sospecho que habéis querido perderme y ocasionar la muerte de mi huésped!

Y rogó a Scharkán que les cortara la cabeza, y Scharkán les cortó la cabeza.

Entonces la reina dijo a sus esclavas: “¡Merecían un castigo más duro!”

Después se volvió hacia Scharkán, y exclamó: “¡He aquí, ¡oh Scharkán! que voy a revelarte lo que ha estado oculto para ti hasta ahora!”

Y dijo así:

“Sabe, ¡oh Scharkán! que soy la hija única del rey griego Hardobios, señor de Kaissaria, y me llamo Abriza. Y tengo por enemiga inexorable a la vieja Madre de todas las Calamidades, que ha sido la
nodriza de mi padre y es muy temida y atendida en palacio. Y la causa de esta enemistad entre ella y yo, es una causa que me dispensarás que te cuente, pues intervienen unas jóvenes en esta historia, y ya conocerás con el tiempo todos los pormenores. Así es que la Madre de todas las Calamidades hará cuanto pueda para perderme, sobre todo ahora que he sido la causa de la muerte del jefe de los patricios y de los guerreros. Y dirá a mi padre que he abrazado vuestra causa. Así es que la única resolución que puedo tomar, mientras la Madre de todas las Calamidades me persiga, es irme lejos de mi familia y de mi país. Y te ruego que me ayudes y obres conmigo como yo he obrado contigo, pues te corresponde parte de culpa de cuanto acaba de pasar”.

Al oír estas palabras, Scharkán sintió que la alegría le hacía perder la razón, y que su pecho se ensanchaba, y se dilataba todo su ser, y dijo: “¡Por Alah! ¿Quién se atreverá a acercarse a ti, mientras mi alma esté en mi cuerpo? Pero ¿podrías sobrellevar realmente el verte alejada de tu padre y de los tuyos? Y ella contestó: “Seguramente que sí”. Entonces Scharkán le hizo que lo jurase, y ella juró. Y después ella dijo: “Ya se ha tranquilizado mi corazón.

Pero tengo que dirigirte otra súplica”. Scharkán dijo: “¿Y cuál es esa súplica?” Y ella contestó: “Que vuelvas a tu país, con todos los soldados”. Pero él dijo: “¡Oh señora mía! Mi padre Omar Al-Nemán me ha mandado a este país de los rumís para combatir y vencer a tu padre, contra el cual nos ha pedido auxilio el rey Afridonios de Constantinia. Pues tu padre ha mandado confiscar un navío cargado de riquezas, entre ellas tres gemas preciosas que poseen admirables virtudes”. Entonces Abriza contestó: “¡Tranquiliza tu alma y endulza tus ojos! Porque he aquí que voy a decirte la verdadera historia de nuestra hostilidad con el rey Afridonios:

“Sabe que nosotros los griegos celebramos una fiesta anual, que es la fiesta de este monasterio. Y cada año en igual fecha acuden aquí todos los reyes cristianos desde todas las comarcas, así como los nobles y los grandes comerciantes. Y también vienen las mujeres y las hijas de los reyes y de los demás; y esta fiesta dura siete días completos. Ahora bien; cierto año fui yo una de las visitantes, y aquí estaba también la hija del rey Afridonios de Constantinia, que se llamaba Safía, y es ahora concubina de tu padre, el rey Omar Al-Nemán, y madre de sus hijos. Pero en aquel momento era todavía doncella. Cuando terminó la fiesta y llegó el séptimo día, que era el día de la marcha, Safía dijo: “No quiero volver por tierra a Constantinia, sino por mar”. Entonces le prepararon una nave, en la cual se embarcó con sus compañeras, y mandó embarcar todas las cosas que le pertenecían; y se dieron a la vela, y zarparon. Pero apenas se había alejado el navío, se levantó viento contrario, que hizo desviarse a la nave de su ruta. Y la Providencia quiso que hubiera precisamente en tales parajes un gran navío lleno de guerreros cristianos de la isla de Kafur, en número de quinientos afrangí.(Francos: nombre dado a los europeos)

Y todos estaban armados y forrados de hierro. Y sólo aguardaban una ocasión como aquélla para lograr botín, pues desde hacía tiempo que andaban por el mar. De modo que en cuanto vieron el navío en que estaba Safía, lo abordaron, le echaron los garfios y se apoderaron de él. Después se dieron de nuevo a la vela llevándolo a remolque. Pero levantó una furiosa tempestad que los arrojó a nuestras costas, desamparados. Entonces se arrojaron sobre ellos nuestros hombres, mataron a los piratas, y se apoderaron a su vez de las sesenta jóvenes entre las cuales se encontraba Safía.

También recogieron todas las riquezas acumuladas en los buques. Vinieron a ofrecer las sesenta jóvenes como regalo a mi padre el rey de Kaissaria, y se guardaron las riquezas. Mi padre escogió para
sí las diez jóvenes más hermosas y distribuyó el resto entre su séquito. Después eligió cinco de las más bellas, y se las envió como regalo a tu padre, el rey Omar Al-Nemán. Y entre esas cinco estaba precisamente Safía, hija del rey Afridonios: pero nosotros no nos lo figurábamos, porque ni ella ni nadie nos había revelado su condición ni su nombre, y he aquí ¡oh Scharkán ! cómo Safía llegó a ser concubina de tu padre, el rey Omar Al-Nemán. Y además, le fue enviada con otros muchos regalos, como sederías, paños y bordados de Grecia. Pero a principios de este año, el rey mi padre recibió una carta del rey Afridonios, padre de Safía. Y en esta carta había cosas que no te sabría repetir. Pero decía lo siguiente:

“Hace dos años que cogiste a unos piratas sesenta jóvenes, una de las cuales era mi hija Safía. Hasta ahora no me he enterado, ¡oh rey Hardobios! porque nada me has dicho.

Esto es la mayor ofensa y el mayor oprobio para mí y alrededor de mí. Por lo tanto, en cuanto recibas mi carta, si no quieres ser mi enemigo, me devolverás a mi hija Safía, intacta e íntegra. Si demoras su envío, te trataré como mereces, y mi cólera y mi resentimiento tomarán represalias terribles contra ti”.

“Y en cuanto mi padre leyó esta carta, se quedó muy perplejo y muy alarmado, pues la joven Safía había sido enviada como regalo a tu padre, el rey Omar Al-Nemán, y no había ninguna probabilidad de que siguiese intacta e íntegra, puesto que ya la había hecho madre el rey Omar Al-Nemán.

“Comprendimos entonces que aquello era una gran calamidad. Y mi padre no tuvo otro recurso que escribirle una carta al rey Afridonios, en que le exponía la situación, y disculpándose con la ignorancia en que había estado respecto a la personalidad de Safía, y jurándoselo mil veces.

“Al recibir la carta de mi padre, el rey Afridonios se enfureció de una manera trágica; se levantó, se sentó, echó espuma, y dijo: “¿Es posible que mi hija, cuya mano se disputaban todos los reyes cristianos, haya llegado a ser una esclava entre las esclavas de un musulmán? ¿Es posible que se haya rendido a sus deseos y compartido su lecho sin contrato legal? ¡Por el Mesías! que he de tomar de ese cabalgador musulmán, no saciado de mujeres, una venganza que hará hablar al Oriente y al Occidente”.

“Y entonces fue cuando el rey Afridonios discurrió enviar embajadores a tu padre con ricos presentes, y hacerle creer que estaba en guerra contra nosotros, y pedirle socorro. Pero en realidad era para hacerte caer a ti, ¡oh Scharkán! y a tus diez mil jinetes en una emboscada.

“En cuanto a las tres gemas maravillosas poseedoras de tantas virtudes, existen realmente. Eran propiedad de Safía, y cayeron en manos de los piratas, y después en las de mi padre, que me las regaló. Y yo las tengo, y ya te las enseñaré. Pero por ahora lo más importante es que busques a tus jinetes y emprendas con ellos el camino de Bagdad, antes de caer en las redes del rey de Constantinia y antes de que os incomuniquen por completo”.

Al oír Scharkán estas palabras, cogió la mano de Abrizia y se la llevó a los labios. Y después dijo: “¡Loor a Alah y a las criaturas de Alah! ¡Loor al que te ha puesto en mi camino, para que seas causa de mi salvación y de la salvación de mis compañeros! Pero ¡oh deliciosa y caritativa reina! Yo no puedo separarme de ti después de cuanto ha pasado, y no permitiré que te quedes aquí sola, pues no sé lo que te puede ocurrir. ¡Ven, Abriza, vamos a Bagdad, donde estarás segura”.

Pero Abriza, que había tenido tiempo para reflexionar, le dijo: “¡Oh Scharkán! date prisa a marcharte. Apodérate de los enviados del rey Afridonios, que están en tus tiendas, oblígalos a confesar la verdad, y de este modo comprobarás mis palabras. Yo te alcanzaré antes de que hayan pasado tres días, y entraremos juntos en Bagdad”.

Después se levantó, se acercó a él, le cogió la cabeza con ambas manos, y le besó. Y Scharkán hizo lo mismo.

Y la reina lloraba lágrimas abundantes.

Y su llanto era capaz de derretir las piedras

Scharkán, al ver llorar aquellos ojos, se enterneció más todavía, y llorando recitó estas dos estrofas:

¡Me despedí de ella, y mi mano derecha enjugaba mis lágrimas, mientras que mi mano izquierda rodeaba su cuello!

Y me dijo, medrosa: “¿No temes comprometerte ante las mujeres de mi tribu?” Y le dije: “¡No lo temo! ¿Acaso el día de la despedida no es el de la traición de los enamorados?”

Y Scharkán se separó de Abriza, y salió del monasterio. Montó de nuevo en su corcel, cuyas bridas sujetaban dos jóvenes, y se fue. Pasó el puente de cadenas de acero, se internó entre los árboles de la selva, y acabó por llegar al claro situado en medio del bosque. Y apenas había llegado, vio tres jinetes frente a él, que habían detenido bruscamente el galopar de sus caballos. Y Scharkán sacó su rutilante espada, y se cubrió con ella, dispuesto al choque. Pero súbitamente los conoció y le reconocieron, pues
los tres jinetes eran el visir Dandán y los dos emires principales de su séquito. Entonces los tres jinetes se apearon rápidamente, y desearon respetuosamente la paz al príncipe Scharkán, y le expresaron toda la angustia que por su ausencia había sentido el ejército. Y Scharkán les contó la historia con todos sus detalles, desde el principio hasta el fin, y la próxima llegada de la reina Abriza, y la traición proyectada por los embajadores de Afridonios.

Y les dijo: “Es probable que se hayan aprovechado de vuestra ausencia para escaparse y avisar a su rey. Y ¡quién sabe si el ejército enemigo habrá destruido al nuestro! ¡Corramos, pues, junto a nuestros soldados!”

ANGRY DANCE: Instantes de celuloide (II)

Cuando la injusticia parece prender en todos los rincones de tu alma. Cuando la rabia prende y amenaza con cebarse y alimentarse de cada gota de tu sangre. Cuando sientes el arrebato de gritar hasta perforar el algodón de las nubes y nadie te escucha. Cuando toda luz se extingue y la mediocridad extiende sus tentáculos para envolverte… Entonces, si el corazón habla, préstale atención y deja que nazca el arte. 
Nadie como Billy Elliot para enseñarnos:

UN JARDÍN CON TRES DELICIAS (Parte III): “El Infierno musical y las Siete trompetas del Apocalipsis”

infiernoCuando inicié esta serie sobre el tríptico de El Jardín de las Delicias de Hieronymus Bosch, tenía una idea vaga de lo que pretendía con los acompañamientos musicales. Al contrario que el tríptico de Las Tentaciones de San Antonio, los tres paneles que componen la obra, en este caso, son tremendamente heterogéneos en color, con temáticas y ambientes muy definidos.

A la hora de ambientar el panel izquierdo “El Jardín del Edén”, opté por lo fácil, una música que transmitiera sosiego, reposo, perfección. Mi elección fue el Segundo Movimiento (el lento) de El Invierno de Vivaldi. Cierto, apreciado y observador lector, el jardín no tiene nada de invernal, pero la música fundamentalmente se refiere a la paz del hogar, el amor de la lumbre, el sosiego y, eso sí, gotas de lluvia cayendo en el alféizar de la ventana con el deshielo de los carámbanos del tejado.

Para el panel central, “El Jardín de los placeres carnales”, encontré una adecuada simbiosis con los Cármina Burana de Carl Orff. De modo que mientras los personajes se dedican a “amar la fruta” (la fruta es sensualidad y pecado en este cuadro, debe ser que acompaña al postre), cantan los parabienes de la bebida en la taberna. Pudiera haber optado por los Cármina más propiamente amatorios, pero lo cierto es que, dejándome llevar, nuevamente, por la música, me decante por la viveza, el colorido y los cambios rítmicos de “In taberna quando sumus”

http://lascosasdeunciempies.com/2013/01/19/un-jardin-con-tres-delicias-parte-i/

http://lascosasdeunciempies.com/2013/07/12/un-jardin-con-tres-delicias-parte-ii-el-jardin-de-los-placeres-carnales-y-los-carmina-burana/

El panel derecho, que ahora nos ocupa, se diferencia de partida en que no es un jardín. El segundo a su manera tampoco lo era y señalaba ya el camino hacia lo que venía en el presente. Estimados lectores, el panel derecho es un infierno. Un infierno en el que, conducidos por grotescos demonios, los hombres y mujeres que en el panel anterior, despreocupadamente, se dedicaban a la sensualidad y el pecado, se ven entregados al horror y a la destrucción.

Se trata, eso sí, de un infierno muy particular y es que, dominando el centro de las imágenes unos instrumentos musicales de grandes proporciones se unen al cadalso de los hombres. ¿un particular odio de H. Bosch hacia la música? ¿una identificación de la música con la sensualidad y los vicios? Aventuradas las hipótesis, me planteo que opinaría entonces Jerónimo de este trabajo.

Al abordar la musicalización de este panel, debo reconocer que me había planteado hacer uso de alguna pieza del Requiem de Mozart, tipo “Confutatis”, “Dies irae”. Como alternativa probé a emplear el “Dies irae”, mucho menos conocido, de G. Verdi. Tras varios escarceos y tentativas pasando por la “Sinfonía fantástica” de Héctor Berlioz, sucedió el accidente.

Me encontraba trasteando, y entre otras opciones me planteé utilizar “Seven trumpets” de los Aphrodite’s Child (una rareza de Vangelis, Demis Rousas y Lucas Sideras en sus tiempos mozos) cuando, por azar, tropecé con una pieza “Las siete trompetas del Apocalipsis” de un joven compositor alicantino. Tras escuchar la interpretación de la composición, comprendí que era la música que había estado buscando.

El autor, Óscar Navarro, natural de Novelda (Alicante), no es ningún desconocido en los mundos de la música profesional. Desarrolló sus estudios musicales especializándose en clarinete y obteniendo las máximas calificaciones y premios. Sus composiciones son interpretadas por bandas y orquestas a lo largo y ancho del mundo. Fue seleccionado por La Universidad del Sur de California para realizar estudios de composición para cine y TV, recibiendo lecciones, entre otros grandes, nada más y nada menos que de John Williams (compositor de Star Wars, Indiana Jones, etc.) Pero que mejor que escuchar su música primero y visitar su propia página (después) para saber de quién y de qué hablamos.

http://www.onavarro.com

Una cosa más, gracias Óscar por tu música y por permitirme usarla en este blog. Os dejo con el vídeo:

Interpretación musical a cargo de:

Orquesta Filarmónica de Requena,

Coral de la Un. Politécnica de Valencia,

Orfeón de Aldaia,

Coral de Vinalopo,

Director de orquesta: Francisco Melero Belmonte

VOLVEMOS AL JARDÍN DE LAS DELICIAS

LA ENTRADA ORIGINAL “UN JARDÍN CON TRES DELICIAS (Parte I), FUE PUBLICADA EL 19 DE ENERO.

http://lascosasdeunciempies.com/2013/01/19/un-jardin-con-tres-delicias-parte-i/

NO OBSTANTE, AHORA QUE RETOMAMOS EL HILO DE ESTA BITÁCORA, ME PARECE APROPIADO RECORDAR DONDE LO DEJAMOS. A CONTINUACIÓN EL ARTÍCULO PUBLICADO ENTONCES, Y… EN BREVE LA CONTINUACIÓN (ESTÁ CALENTITA EN EL HORNO)

Iniciamos aquí un nuevo recorrido por otra joya de la pintura. No hace falta ser muy sagaz para advertir la fascinación que siento por la obra de Hieronymus Bosch y para deducir que, en este recorrido, la joya será El Tríptico del Jardín de las Delicias.

Ya han pasado un par de meses desde la publicación del artículo y el vídeo sobre El Tríptico de las Tentaciones de San Antonio:

http://lascosasdeunciempies.com/2012/11/25/el-triptico-de-las-tentaciones-de-san-antonio/

En este tiempo hemos visitado la obra de otros pintores como Joaquín Sorolla y Murillo, y de artistas de difícil clasificación como M.C. Escher. Hoy, pasando de largo de la obra de otros grandes que aún no hemos visitado, repetimos de nuevo con El Bosco.

Diréis que porqué con tres delicias… Las delicias serán las músicas que acompañen a nuestra visita al jardín, pero todo a su debido tiempo.

The_Garden_of_Earthly_Delights_by_Bosch_High_Resolution_2

A la hora de abordar esta obra, nos encontramos con tres paneles muy heterogéneos entre sí. Tanto que, junto con la complejidad del panel central y del derecho, me he visto obligado, por razones de espacio y de “ambiente” de la obra, a desmenuzarlo en tres partes. De modo que tenemos un tríptico en tres partes. No resulta muy original ¿verdad?

Esta complejidad ha supuesto un mayor esfuerzo a la hora de decidir con que delicias (músicas) acompañar cada una de las partes. Todo junto y reunido sirve para escusar porqué he tardado casi un mes en colgar un nuevo cuadro, y sólo uno, en esta personal Pinacoteca. Ahora me encuentro ya en condiciones de colgar a lo largo de unos pocos días las tres partes en este cajón de sastre que abrís de vez en cuando en vuestras pantallas.

Hieronymus_Bosch_-_The_Garden_of_Earthly_Delights_-_The_exterior_(shutters)El Jardín de las Delicias es el más conocido de los nueve cuadros que componen la colección que el Rey Felipe II recogió de la obra de H. Bosch. Durante mucho tiempo la obra habitó en el Monasterio de El Escorial. Hoy en día, podemos contemplarla en el Museo del Prado de Madrid.

La obra trata de ser moralizante, enseñándonos que los pecados y la inmoralidad nos llevan de la paz y la inocencia del Jardín del Edén, hacia el caos y el suplicio de los infiernos.

El tríptico cerrado representa, en blanco y negro, la Creación del Mundo. Por la ausencia del Sol y la Luna, se dice que representa el tercer día de la creación narrada por el Génesis.

Una vez abierto, el Panel de la izquierda representa el Paraíso en el momento en que Dios le presenta a Adán la última de sus creaciones: Eva. El Panel central muestra la corrupción por el pecado de la lujuria y el Panel de la derecha castiga con el cadalso del infierno a los pecadores del panel central.

220px-Hieronymus_Bosch_018Así, sin más. ¿ya está? ¿todo explicado? Mucho me temo que no. Las escuetas interpretaciones que podemos encontrar repartidas por la web, por libros y, por supuesto, en Wikipedia, ya nos adelantan que no todo lo blanco es blanco ni todo lo negro es negro en esta obra. Fijémonos, por ejemplo en la mirada maliciosa de la lechuza desde el ojo de la fuente de la vida. Maravillémonos con esa roca al pie del lago que, rodeada de reptiles y serpientes, adquiere la silueta de una cabeza (¿no os recuerda a Salvador Dalí?). Sigámosle la pista a esos anímales que luchan y se devoran, a las cumbres de la montaña que se comban anticipando la degradación y el desastre…

Adanes y Evas, les dejo, como no, con el primero de los vídeos que componen este jardín. La música no requiere de mucha presentación (¿o sí?). Se trata del genio de Vivaldi aplicado a un violín solista en el Segundo Movimiento del Invierno. Tal vez hubiera sido más apropiado para el Edén una Primavera o un Verano, pero con Vivaldi hubieran resultado “tormentosos”. No obstante, a pesar de que la música describa una apacible tarde refugiándose de la lluvia y el frío al pie de la lumbre, me ha parecido que su melosidad y ambiente pacífico podía sentarle bien a nuestro propósito.

Disfruten y, ya saben, en breve los otros paneles y las otras delicias.

Continuará…