EL BAÚL DE LOS RECUERDOS (I)

No, no pienso cantar como Karina. Además, esa canción me pilla completamente fuera de tesitura y no me lo creo. No, no creo que cualquier tiempo pasado sea o nos parezca mejor. Es más, ahora que parece que retrocedemos en el tiempo, comprobamos en nuestras carnes y en nuestro estómago que no, el tiempo pasado no era mejor.

Lo que pretendo, aparte de marear la perdiz (en eso sí que soy un especialista) es rescatar algunos de esos post publicados hace tiempo que, bien porque aún no conocíais este rincón, o bien porque esa semana no estabais para andar callejeando por estos suburbios, no llegasteis a leer.

Quizá apreciéis lo novato que era en estas lides. No como ahora que soy un auténtico Líder de opinión. Ah, que no, que ese no soy yo, es mi vecino Dess. En que estaría pensando. Bueno, pues a eso voy, al rescate:

DEL AZUL AL GRIS: “Historia de un globo que se nos va de las manos”

Entrada publicada en lascosasdeunciempiés el 11 de diciembre de 2011. En fechas próximas se celebrará la Cumbre del Cambio Climático de este año. El resultado de la misma, es de temer, que será similar.

Hoy es un día gris. Se podría pensar que me refiero a las nubes y al frío que envuelven este rincón mesetario desde el que escribo. Sería una impresión acertada, sin duda, llevamos dos semanas largas en las que se suceden las nieblas con las tímidas lluvias, y el sol apenas asoma.

Pero voy más allá en mi pensamiento, en realidad es un día gris para toda la humanidad. Más aún para todo el planeta. Hemos globalizado la economía y los mercados (es lo que interesa), y de paso globalizamos el desastre al que nos precipitamos casi todos los seres vivos (no las bacterias ni las cucarachas) en esta azulada arca de Noé.

La Globalización podría ser una palabra hermosa. El término, manoseado por los políticos y periodistas, es relativamente reciente en nuestra historia. Es un término que de por sí resulta sobrecogedoramente soberbio. El planeta está globalizado desde que es planeta. El clima es global: la temperatura y los flujos de las corrientes marinas en nuestras antípodas condicionan las lluvias y las sequías en nuestro hábitat local. Los ecosistemas son globales y particulares a la vez: al extinguirse un eslabón de la cadena no podemos predecir fielmente cuantos eslabones más se verán afectados.

Aún así, Globalización sería una palabra hermosa si significara que los humanos entendiéramos, todos y cada uno, que formamos parte de un único Globo. Que este Globo está por encima de todos los colores, banderas, partidos, religiones y en definitiva, de los intereses monetarios que se ocultan agazapados detrás de ellos. Sí las Naciones des-Unidas dejaran de ser el refugio del Veto de los poderosos.

Pero está claro, al final la Globalización solamente es la unificación de los mercados, la economía global, que da la vuelta al mundo y se devora a sí misma como una serpiente Uróboros, o si lo preferís servido más sencillo, como una gigantesca pescadilla que se muerde la cola. Al final, creyéndolo o rebelándonos, servimos a ese Único Dios que es el papel moneda y a la selecta élite que se oculta detrás de él.

En los últimos días se ha celebrado la cumbre anual del clima en Durban, esa simpática ciudad de Sudáfrica en la que la Selección Española de Fútbol se encaminó hacia la victoria en el mundial. Si hace año y medio aquella ciudad estaba repleta de periodistas, en esta ocasión puede decirse que no ha acudido ni “El Tato”. En los noticiarios apenas alguna breve reseña insistiendo y acertando en el presumible enésimo fracaso de la cumbre.

Ningún jefe de estado, lejos ha quedado el glamour de otras cumbres como la archiconocida de Kioto, o la de Río de Janeiro. No me consta ni que haya acudido Al Gore, se le debió pasar la fiebre de los documentales. Tan sólo un puñado de científicos y de ¿ministros o sólo secretarios? de Medio Ambiente. Pareciera que ya no habitáramos en el Planeta Tierra. Si un alienígena inteligente nos observara pensaría que en una alucinación colectiva nos creemos habitando el Planeta Moneda.

¡Qué soledad! ¡Qué tristeza! Incluso aquellos periódicos más cercanos a las tesis medioambientales han relegado la noticia a la página 30 en el apartado de Ciencias.

Curiosamente también la Ciencia parece estar en venta. Últimamente no paramos de encontrar planetas candidatos para albergar la vida, a la par que excusas para no respetar el milagroso equilibrio del único que tenemos al alcance de nuestras manos.

2 comentarios en “EL BAÚL DE LOS RECUERDOS (I)”

  1. ¿Hasta donde puede llegar la estupidez humana? es una pregunta que nos deberíamos hacer de vez en cuando.
    No nos conformamos con arreglar nuestro planeta, cosa que debería ser prioritaria para todos, sino que buscamos otros donde plantar nuestros devastadores pies para, poco a poco, ir minándolo, como la Tierra, por ejemplo.
    ¡Por favor! busquen posibilidades en Marte, en Neptuno o dónde quiera que sea, pero arreglen este planeta azul, que es nuestra vida presente y futura.
    Un fuerte abrazo, amigo.

    P.D. No me pasa nada de particular, sólo que soy abuela de cuatro nietos y madre de seis hijos. Algunos dan un poco la tabarra, pero conste, estoy encantada.

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