LA SUPERACIÓN DE SÍ MISMO

El título puede sugerir que vamos a hablar de los libros de autoayuda, de psicología peatonal rayando con cartas astrológicas y barajas de tarot, o incluso de la moda mucho más moderna del “coaching”, en la que se nos “enseña” a ser feliz encontrando el sentido de nuestra vida en la competitividad capitalista del neoliberalismo.

Pues no, he desempolvado nuevamente a Nietzsche. He tomado el plumero y luego he abierto las páginas de “Así habló Zarathustra”. Esto es lo que nos cuenta, y no es poco, en este texto se juntan muchos de sus pensamientos fundamentales:

DE LA SUPERACIÓN DE SÍ MISMO

«Voluntad de verdad»: ¿es así como llamáis vosotros, los más sabios, a cuanto os impulsa e inflama?

Voluntad de volver pensable todo lo que existe: ¡así llamo yo a vuestra voluntad!

Queréis hacer pensable cuanto existe: pues, con justificada desconfianza, dudáis de que sea ya pensable.

Mas todo lo existente debe amoldarse y plegarse a vosotros: ¡así lo decreta vuestra voluntad! Debe allanarse y someterse al espíritu, como espejo e imagen reflejada de éste.

¡Así es vuestra voluntad, sapientísimos, una voluntad de poder! Hasta cuando habláis del bien y del mal, y de las valoraciones.

Queréis crear un mundo ante el que podáis arrodillaros: ésa es vuestra última esperanza y vuestra última embriaguez.

Los no sabios, ciertamente, el pueblo, son como el río sobre el que navega una barca: y en la barca se asientan solemnes y embozadas las tablas de valores.

Sobre el río del devenir habéis colocado vuestra voluntad y vuestros valores: lo que es creído por el pueblo como bueno y como malo me revela a mí una vieja voluntad de poder.

¡Oh, hombres sapientísimos! Vosotros sois quienes colocasteis tales pasajeros en la barquilla, y quienes les disteis pompas y nombres vanidosos. ¡Sí, vosotros, y vuestra voluntad de dominio!

Ahora el río lleva vuestra barca: tiene que llevarla. Poco importa que la ola rota espumee y se oponga encolerizada a la quilla.

¡Oh, sapientísimos, no es el río vuestro peligro y el término de vuestro bien y vuestro mal, sino aquella misma voluntad, la voluntad de poder, la inagotable y fecunda voluntad de vida!

Mas para que comprendáis mi palabra sobre el bien y el mal, voy a deciros mi palabra sobre la vida, y sobre la especie de todo cuanto tiene vida.

Yo he seguido las huellas de lo que vive, he recorrido los caminos más grandes y los más pequeños para conocer su especie.

En un espejo de cien facetas he captado su mirada cuando estaba cerrada su boca, a fin de que fuesen sus ojos los que me hablaran. Y sus ojos me han hablado.

Allá donde encontré seres vivos, allí también oí hablar de obediencia, todo ser con vida es obediente.

Y esto es lo segundo: sólo se manda a quien no sabe obedecerse a sí mismo. Así es la especie de los seres vivos.

Mas esto es lo tercero que oí: Mandar es más difícil que obedecer. Y no sólo porque quien manda ha de soportar el peso de quienes obedecen , un peso que fácilmente le aplasta.

En todo mandar he visto siempre un ensayo y un riesgo. Siempre que el ser vivo manda, se arriesga a sí mismo.

Y aun cuando se manda así mismo, tiene que expiar su mandar: tiene que ser juez, y vengador, y víctima de su propia ley.

¿Cómo puede ocurrir así?, me preguntaba. ¿Qué es lo que induce a los seres vivos a obedecer, y a mandar, y a ser obedientes aun mandando?

¡Escuchad, pues, mi palabra, sapientísimos! Examinad con seriedad si he profundizado hasta el corazón de la vida, hasta las raíces mismas de su corazón.

Donde divisé un ser vivo, allí encontré también voluntad de poder: e incluso en la voluntad del siervo encontré la voluntad de ser señor.

Servir al más fuerte, a eso persuade al más débil su voluntad, que quiere ser señora de lo que es más débil todavía: tal es el único goce del que no quiere privarse.

Y así como el menor se entrega al mayor, para dominar y disfrutar de poder sobre el mínimo, así también el mayor se entrega y arriesga la vida por amor al poder.

Tal es la entrega del más fuerte: ser temeridad y riesgo, y un juego de dados con la muerte.

Donde existen sacrificio y servicios, y miradas de amor, allí hay también voluntad de dominio. Por caminos tortuosos se introduce el débil enel fortín, hasta el corazón del poderoso – y le roba el poder.

Este secreto me ha revelado la vida: «Mira -me vino a decir-, yo soy lo que siempre debe superarse a sí mismo.»

Vosotros llamáis a eso voluntad de engendrar, o instinto de los fines, de algo más alto, más alejado, más diverso: pero todo eso es una sola y misma realidad, un único misterio.

Prefiero hundirme en mi ocaso y renunciar a esa única cosa: en verdad, donde haya ocaso y otoño, allí la vida se inmola a sí misma -¡por el poder!

¡Yo tengo que ser combate y devenir, y finalidad, y contradicción de los fines!¡Ay, quien comprenda mi voluntad comprenderá también las sendas tortuosas por las que tengo que caminar!

Cualesquiera cosas que yo crea, y las ame como las ame, pronto tendré que ser su adversario, y el adversario de mi amor: así lo quiere mi voluntad.

Y también tú, hombre del conocimiento, no eres sino un sendero y una huella de mi voluntad: ¡en verdad, mi voluntad de poder sigue igualmente las huellas de tu voluntad de verdad!

No hadado ciertamente en el banco de la verdad quien contra ella lanzó la frase «voluntad de existir»: ¡tal voluntad no existe!

Lo que no existe no puede querer; y lo que está en la existencia, ¿cómo habría de apetecer lo que ya tiene?

Solamente hay voluntad allí donde hay vida: pero no voluntad de vida, sino -tal es mi doctrina- ¡voluntad de poder!

Muchas cosas tiene el viviente en mayor aprecio que su propia vida. Mas en su propio apreciar habla -¡la voluntad de poder!

Eso me enseñó la vida, y por eso resuelvo yo, oh, sabios, hasta el enigma de vuestros corazones.

En verdad os digo, no existen un bien ni un mal imperecederos. Tienen que superarse a sí mismos por sí mismos siempre de nuevo.

Con vuestros valores, con vuestras palabras sobre el bien y el mal, vosotros, los valoradores, ejercéis la violencia, y ése es vuestro oculto amor, el esplendor, la emoción, el desbordamiento de vuestra alma.

Mas de vuestros valores brota una violencia más fuerte y una renovada superación: al chocar con ella se rompen el huevo y la cáscara.

Y quien quiere ser un creador en el bien y en el mal, ése ha de ser primero un destructor, y quebrantar valores.

Así, para realizar el mayor bien hay que cometer el mayor mal: ésa es la bondad creadora.

Hablemos de esto, sapientísimos, aunque haga daño. Peor es callar: todas las verdades calladas se vuelven venenosas.

¡Y rompamos todo aquello que podamos romper a nuestras verdades! ¡Hay aún muchas cosas por edificar!

Así habló Zarathustra.

4 comentarios en “LA SUPERACIÓN DE SÍ MISMO”

  1. ¡Pues qué placer encontrar un blog que hable del maestro de Basilea! Siempre hay que estar releyendo estos textos imprescindibles. Gracias por ello.
    Nota aparte: no dejo comentarios en los posts de música porque no conozco ningún tema de los que subes. En ese punto vamos por carriles diferentes.

      1. No hay problema; cada cual debe hablar de lo que le apetece. Ya llegará el momento en que coincidamos en algo. Por lo que veo, eso no es algo imposible.

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