FALLECIÓ AGUSTÍN GARCÍA CALVO

No fue profeta en su tierra. Cantó a sus árboles y veredas, pero sobre todo a la libertad transparente del corazón y la mente. Zamorano universal, filósofo, lingüista, dramaturgo, poeta, ensayista, traductor, editor. ¡Qué triste! ¡Qué duro! será ver mañana en el periódico a las autoridades arrimársele!

Catedrático de Lenguas clásicas, primero en Sevilla, luego en Madrid hasta que en 1965 es separado de su cátedra por el franquismo y exiliado a Francia. Su delito: apoyar las protestas estudiantiles de aquella Universidad, entonces efervescente.

Nos dejó. Nos deja su recuerdo, sus ideales anarquistas, su desilusión teñida de esperanza en el brillo incendiario de sus ojos. Nos deja sus traducciones de Sócrates, de Platón, de Jenofonte, de Shakespeare, del Marqués de Sade. Nos deja sus poemas (algunos musicados por Amancio Prada) sus ensayos, sus obras de teatro, el Himno Oficial de la Comunidad de Madrid.

El día 19 de mayo de 2011, un Agustín García Calvo entregado, emocionado, se dirige a la multitud acampada en la Puerta del Sol, son los primeros días del llamado Movimiento 15M

Y para aquellos que gusten de leer la letra pequeña, dejo las transcripciones de dos de sus intervenciones:

Asamblea libre de la Puerta del Sol. Habla Agustín García Calvo. Madrid 19 de mayo de 2011 

Sois la alegría, es la alegría de lo inesperado, de lo no previsto, ni por parte de las autoridades y gobiernos, ni por parte de los partidos de cualquier color, verdaderamente imprevisto: vosotros mismos o casi todos, hace unos pocos meses o semanas, tampoco lo preveíais que pudiera surgir. Aunque esto es así, la alegría es lo inesperado y no hay otra alegría, no hay futuro, como repetiré ahora, sin embargo voy a decir algo que parece contradictorio, que es que yo estaba esperando esto desde hace cuarenta y tantos años, cuarentayséis. [vivas y aplausos]
Os cuento un poco cómo: por los años sesenta, como habéis oído los más jóvenes, empezó a levantarse por el mundo una oleada principalmente de estudiantes en las universidades, cámpuses y sitios así de Tokio, California… el sesentaycinco, en febrero, esa oleada llegó a Madrid; yo me dejé arrastrar por ella con mucha alegría, me costara lo que me costara; como sabéis, la ola después siguió en Alemania con Rudi Dutschke el Rojo y después finalmente en Francia, con el famoso mayo francés, donde fue más o menos terminando la ola. Os voy a decir cómo entiendo yo que aquello del año 65 se relaciona con esto. Tal vez alguno de los más viejos o no tan viejos os lo podrán decir (que aquí seguramente incluso los padres de los más viejos de vosotros eran en aquel entonces estudiantes en la ciudad universitaria de Madrid, corriendo conmigo delante de los guardias, que entonces se llamaban los grises…), pero por mi parte os lo voy a decir: es que en aquellos años en el mundo avanzado o “primero” se estaba estableciendo un régimen, un régimen del poder, que es justamente éste mismo que ahora estáis padeciendo conmigo… Me callo un poco mientras… [Mucho jaleo. Una voz: “¡No te calles, sigue!”] …se estaba estableciendo este régimen, que es el que hoy estáis padeciendo conmigo, y que es, para decirlo brevemente, el régimen, la forma de poder en que el Estado, la gobernación, la administración estatal está del todo confundida con el capital, con las finanzas, con la inversión financiera: enteramente confundida. [Aplausos, gritos.] Por tanto, se puede decir que es el Régimen del Dinero, simplificando, y por tanto yo creo que muchos de vosotros por lo bajo estáis sospechando que es contra eso principalmente contra lo que os levantáis, contra lo que sentís ganas de gritar, de decir lo único que el pueblo sabe, que es decir ¡NO! [Aplausos largos. Voces: “ahí está”.]
Por tanto, aquello que me arrebató a mis treintaynueve años, hace cuarenta y seis, es lo mismo que ahora llega a su culminación, a su casi vejez: el régimen del estado-capital, el régimen del dinero, efectivamente da señas él mismo de estar cansado, con cosas como los cuentos de la larguísima crisis y cualesquiera otros que os lleguen, y con las cifras y estadísticas con las que cada día tratan de entreteneros para que no sintáis, no os deis cuenta de lo que está pasando por detrás de las cifras y de los nombres que gobiernos o partidos sacan para eso, para teneros entretenidos precisamente. De manera que es bastante lógico que me encuentre entre vosotros en este momento de, más que madurez, envejecimiento del régimen, como me encontraba en sus comienzos. Para mí el levantamiento de los estudiantes por el mundo en el 65 obedecía a que se daban cuenta de lo que nos venía encima; ahora vosotros habéis tenido mucha más cantidad de sufrimiento directo de lo que el régimen es, aunque lo llaméis con diferentes nombres a este sufrimiento, y por tanto es, al mismo tiempo que inesperado, lógico que os estéis levantando y voceando contra ello.
Yo puedo contaros más, pero tampoco querría, por ponerme aquí a colaborar a mi manera con este levantamiento, como quiera que lo llaméis, no querría parecer que vengo a dar consejo, pero, a pesar de que no quiero parecer tal cosa, os voy a adelantar un par de ocurrencias que me vienen, ocurrencias negativas sobre todo. Lo primero es no contar para nada con el Estado sea cual sea: ninguna forma de organización estatal. [Aplausos y revuelo.] Es un error que por lo que veo muchos de vosotros percibís sin que haga mucha falta decíroslo. Por tanto, y a consecuencia y a continuación, tampoco se puede utilizar para nada la Democracia, ni el nombre de ‘democracia’. Lo siento, esto ya veo que no despierta tan inmediatos aplausos, pero sin embargo tengo que insistir en ello. Ya comprendo que lo de elegir lemas como “Democracia real ya” puede ser, por parte de quien lo inventara, una táctica, una táctica para no dar demasiado la cara, porque parecería que decir de frente y de inmediato “¡No a cualquier Estado, democrático o no!”, podría sonar mal y esta timidez o modestia puede esplicarlo, pero yo creo que es hora de irse desprendiendo de este engaño. La Democracia es un trampantojo, es un engaño para lo que nos queda de pueblo vivo y de gente; lo era ya desde que se inventó entre los antiguos griegos en Atenas y otros sitios. Es un trampantojo que está fundado sobre todo en esta confusión que el nombre mismo denuncia: demo kratosKratos es poder y Demo se supone que es pueblo, y, sea lo que sea de los avatares de cualquier historia, nunca el pueblo puede tener el poder: el poder está contra el pueblo.[Bravos.] Esto es una cosa demasiado clara, pero hay que entenderla. [Aplausos y vivas.] De manera que supongo que esta contradicción que está ínsita en el propio nombre de la democracia os anima mucho más a entenderlo de veras. El régimen democrático es simplemente el más avanzado, el más perfecto, el que ha dado mejores resultados, el que ha llegado a producir el Régimen del Bienestar en el que nos dicen que vivimos; es simplemente eso, pero al mismo tiempo no deja de ser el Poder, el de siempre. Por el contrario, cuanto más perfecto, cuanto más avanzado, está más avanzado en sus trucos para engañar y por tanto en el manejo de la mentira, que es esencial para cualquier Poder. Esto espero que lo entendáis también bien: sin mentira no se sostiene ninguna forma de Poder. La mentira es el hacer creer, la fe, y ése es el cimiento, el fundamento para cualquier estado. De manera que, si alguno de vosotros tiene la ilusión de acceder a una democracia mejor, pues le pediría que se fuera desengañando de ese camino. No es por ahí, no es por ahí, y si vuestro levantamiento llegara a alcanzar un carácter organizado, en definitiva semejante al de la propia administración del Estado, estaría ya con ello mismo perdido, no estaría haciendo más que repetir otra vez la misma historia con otros colores y perfeccionada justamente porque ha asimilado el levantamiento, porque ha asimilado la protesta, que es la manera en que a través de revoluciones siempre fracasadas los estados han venido avanzando; es lo que justamente les hace falta, porque para seguir siendo el mismo como lo es, el Dinero no puede menos de cambiar, cambiar para seguir igual: éste es el gran truco que tenéis encima. Cuando os sugiero o os pido la renuncia a ideas de otro estado mejor, de otro poder mejor y os recuerdo que… [Jaleo grande en la plaza.]
…ya voy a terminar para que os entretengáis con otras cosas a lo mejor más divertidas que yo. Cuando estoy atreviéndome a recomendaros el desengaño de cualquier forma de poder, y por tanto estoy borrando de la lista algunas de las reivindicaciones que vuestros dirigentes han establecido y divulgado, al mismo tiempo os estoy desengañando de otra cosa, que es el Futuro, el Futuro: éste es el enemigo. Comprendéis bien que al rechazar vuestro levantamiento como intención de encontrar otro régimen mejor, estoy desengañándoos de el futuro. El futuro es eso con que os engañan, a los viejos también, pero sobre todo a los más jóvenes, cada día: os dicen “tenéis mucho futuro” o “tenéis que haceros un futuro”, “cada uno tiene que hacerse su futuro” y eso es justamente, aunque no lo digan, una resignación a la muerte, a la muerte futura. El futuro es eso; por tanto, el futuro es el que necesita el Capital; el dinero no es más que crédito, es decir, futuro, fe en el futuro; si no pudiera echar cuentas, ni habría Banca ni habría presupuestos estatales. El futuro es de ellos, es su arma. Por tanto, nunca dejéis que os suene como algo bendito o beneficioso: debe sonaros justamente a muerte, que es lo que es el futuro. Lo que estemos haciendo aquí, lo que estéis haciendo aquí, ello dirá lo que da de sí, pero no tenemos futuro; no tenemos futuro porque eso es propio de las Empresas, de las finanzas y del Capital. ¡No tenéis futuro!: esto es lo que hace falta ser valientes para denunciar.Os voy a dejar ya, no voy a hacer más sugerencias por ahora. Una cosa mucho más práctica y de momento: desearía por supuesto que después de las famosas elecciones de… del 22, que estorban mucho (ya lo habréis visto cómo no sólo los Medios os enredan junto con la cuestión de las elecciones, que no tienen nada que hacer, sino que muchos de vosotros perdéis una gran parte de vuestro tiempo pensando cuál es lo que hay que hacer respecto a votar o no votar y votar por acá o votar por allá), es un estorbo formidable… de manera que mi deseo sería que, cuando pase ese coñazo, esa estupidez de las votaciones, sigáis vivos, sigáis vivos y más o menos juntos los unos con los otros. [Aplausos.] Y en ese caso me atrevería a sugeriros una táctica de momento (seguir haciendo las asambleas aquí es probablemente un error que no puede sostenerse mucho): desde luego en esto, en una rebelión como ésta, como ya creo que todos sabéis, no puede haber otro Órgano ni decisivo ni representativo más que las asambleas. Y os lo voy a decir enseguida por qué [Aplausos]: no puede haberlo porque las asambleas como ésta misma tienen esta gran ventaja: que no se sabe cuántos son, están entrando y saliendo, y nunca se pueden contar, y por tanto nunca pueden votar, como hacen los demócratas, porque no se sabe ni cuántos son ni cabe estadística ni cabe cómputo ninguno. Esto es lo que a una gran asamblea la acerca a ser eso de pueblo, que no existe pero que lo hay, y que es lo que queda por debajo de las personas, que ésas, sí, se cuentan en número de almas y en número de votos, pero lo que queda por debajo, no. Así que no renunciar nunca a las asambleas. Tal vez una dispersión.

Ahora me dirijo un poco a la parte de vosotros que son estudiantes más o menos y que me tocan más de cerca: una de las tareas más inmediatas sería ocupar las escuelas y facultades… [Aplausos.] Y termino diciéndoos por qué: porque hace mucho tiempo bajo el Régimen del Bienestar, bajo este régimen que padecemos, los centros de enseñanza, las Universidades, han quedado reducidas a una sola condición real, que es la examinación: examinar, todo lo demás son cuentos. [Aplausos.] Tienen que examinar para producir por ese camino futuros funcionarios tanto del Capital como del Estado o de la Universidad misma, que es también una parte de esos implementos del Estado.  

Por tanto y para dejaros, mi sugerencia va en este sentido: ocupación de los centros, hacerlos reconocer que no están ahí ni para enseñar ni para investigar ni para nada, que están ahí para examinar, examinaros y producir así futuros funcionarios, están creando vuestro futuro, en eso no nos engañan, y por tanto la acción más inmediata ¿cuál puede ser?: pues naturalmente la destrucción, el boicoteo de los exámenes en curso; por ejemplo, los que ahora acaban de empezar en mayo mismo. Es algo de corazón. [Aplausos.] Con esto que a lo mejor lo primero os puede parecer un poco descabellado, pero que, si os dejáis pensarlo, a lo mejor no tanto, recordando que la sumisión a los exámenes es simplemente sumisión al futuro, que nosotros no tenemos futuro, y recordando que los centros en los que estáis metidos están destinados solamente a eso, a la fabricación de futuro y números de funcionarios, tal vez no os parezca tan insensata la propuesta. Pero os parezca o no, con esto ya me despido, volviendo a repetiros la alegría que esto tan inesperado me ha traído y que al mismo tiempo estaba esperando desde el año ’65. ¡Salud! [¡GRACIAS!]

Asamblea libre de la Puerta del Sol. Habla Agustín García Calvo. Madrid 26 de mayo de 2011 

Esto tiene que durar, tiene que seguir durando;  lo primero, porque es algo precioso por así decir,  algo inusitado, no previsto, no controlado por nadie, que por tanto viene de abajo,  del buen sitio, y ya por eso solo tiene que durar y seguir durando. Si acaso esto tiene que morirse, que se muera como se mueren las rosas. No hace falta que lo mate nadie.  Tiene que seguir durando también porque es una ocasión donde se pueden discutir cosas. Hay muchas cosas que discutir, muchas cosas en qué pensar en común acerca del sentido de esto que nos trae, de esto que nos mueve, y,  para eso, para discutir y pensar sobre eso, no vale el hacerlo en las casas de uno o de varios, ni en los bares ni de maneras más o menos familiares; hay que seguirlo haciendo aquí, en sitios como estos con bastante gente no contada, de manera que también por esa segunda razón, porque hay muchas cosas de qué hablar y hablar de esta manera,  esto tiene que seguir durando.  

Tiene que seguir durando también para que esto se convierta en algo como una costumbre. Los que no tenemos o hemos renunciado a leyes, a reglamentos,  a organizaciones como las organizaciones que el Estado y el Capital tienen montadas, no tenemos como función otra cosa que eso, la costumbre. Tiene que seguir durando para que acabemos tomando esto tan inesperado, sin embargo, como una costumbre, a la que acuden y en la que se encuentran gentes hasta entonces  extrañas,  que se van entendiendo y encontrando entre los unos y los otros algo de lo común,  y para que esto se haga una costumbre tiene que seguir durando.

Y, lo último, tiene que tiene que seguir durando también para dar guerra, porque todos sabéis que las autoridades y las gentes bien asentadas en el régimen del bienestar están deseando que esto termine, se darán un gran suspiro en cuanto les digan “Se han marchado”, “Ha terminado”. De manera que yo creo que con esto basta: no podemos darles el gusto a los de arriba ni a las autoridades ni a nadie;  aunque nada más fuera por eso,  también esto tiene que seguir durando.

A lo que vengo aquí esta tarde es justamente a contribuir en lo que pueda a eso, a que esto pueda seguir durando, de una manera o de otra. No voy a ocuparme naturalmente de los medios del poder que pueden acabar con esto, no voy a ocuparme de las medidas que puedan tomar y no tomar, del empleo de los medios más o menos violentos. Toda esta faramalla es cosa de ellos, les corresponde a ellos, ellos son los que tienen que seguir decidiendo qué hacer o qué no hacer, y por tanto no es aquí de eso de lo que hay que hablar. Cuanto más nos olvidemos de ellos, de los medios, de la ordenación de arriba, mejor. 

Vengo a hablar de lo que puede surgir de dentro mismo del levantamiento. Tal vez por afán de organización, de realismo, por cosas que os han enseñado en la escuela esa de la existencia, que está dominada por el dinero, podéis caer en proclamaciones, en pancartas que efectivamente están sirviendo para hacer lo mismo que ellos hacen, con los mismos medios. De manera que es contra eso contra lo que voy a hablar este poco rato. 

Para evitar eso en lo posible, lo primero que hay que hacer es no aprenderse el lenguaje del poder, el lenguaje de los políticos, los comerciantes, los financieros, los hombres asentados en el poder, no aprenderse su lenguaje ni sus vocablos, no intentar hablar en revolucionario pero utilizando los términos que el poder utiliza. Eso no puede ser. No hay por qué saber qué es tasa de paro, que es F.M.I. que,  por fortuna en estos momentos ni me acuerdo de lo que es, qué es D.N.I. que, por supuesto, sí me acuerdo, maldita sea, ni tampoco estadística, ni tampoco cancerígeno, ni cualquiera de los términos que os han hecho aprender a través de los medios y de las escuela.… No se puede emplear el lenguaje del poder. El lenguaje del poder está ya viciado en sí. No se puede acudir a las jergas ni políticas, ni filosóficas, ni literarias establecidas por ahí. El único lenguaje de la protesta es la lengua corriente y moliente, esta en la que os estoy hablando. No os enseñaré probablemente ninguna otra cosa, pero si os enseñara con mi ejemplo que con la lengua corriente, la lengua vulgar,  se puede decir todo lo bueno que haya que decir, ya me contentaría con haberos enseñando algo. Esto es lo primero que no hay que hacer.

Lo segundo, lo segundo que no hay que hacer es levantar las manos al cielo, es decir, dirigir las protestas, las reclamaciones, las reivindicaciones, las peticiones, las exigencias hacia las instancias superiores de la sociedad, hacia el poder organizado. Hacer eso lo único que consigue es ratificar y hacer más fuerte al poder, puesto que se acude a él como el pordiosero acude al señor.  Y de las manos del señor, desde arriba, no puede caer nada bueno, no puede caer nada bueno. De forma que está claro que tampoco es eso lo que hay que hacer.   

Tampoco se puede uno organizar según las organizaciones que justamente nos oprimen. No puede uno intentar contra ellas organizarse. Tampoco en este sentido se pueden utilizar contra el poder las armas del poder. Eso está bien claro. De manera que,  nada de nombrar comisiones, nada de nombrar representantes. A los que estamos aquí no nos representa nadie, ni Dios,  como en una pancarta se decía.  Ni comisiones ni ninguno de los otros trucos de la democracia. Como algunos de vosotros han sentido conmigo, el único órgano que la protesta,  que el levantamiento tiene es este: las asambleas libres, que tienen la gracia especial de que no se cuentan ni por el número de almas como el poder cuenta a sus súbditos ni pueden por tanto hacer cosas como votar y por el estilo que el régimen os ha enseñado… No se puede hacer nada de esto. Naturalmente este levantamiento, estas asambleas libres, de alguna manera se organizan pero como se organizan los seres naturales, los bichos y las plantas;  se irán organizando pero no con los medios, no con los esquemas que nos vienen impuestos desde arriba. 

La cuarta cosa que no hay que hacer es tener futuro, el futuro es cosa de ellos, es un invento que nos viene desde arriba, el tiempo de los relojes y los calendarios contados y contados siempre por lo que le interesa ese cómputo al Capital en primer lugar y también al Estado en cuanto al número de almas. Son ellos los que a vosotros, los menos formados, por no llamaros jóvenes, os cambian la vida por futuro,  todos los días. Os dicen que tenéis mucho futuro y cuando os están diciendo que tenéis mucho futuro os ocultan  que con futuro lo que están diciendo es muerte, puesto que su función es la organización de la muerte. De manera que nunca esto que nos está pasando o estamos haciendo puede tener futuro. Justamente para que haga algo que no sea lo que ya está hecho, para eso tiene que no tener futuro. Es  la función sin la cual no se hace nada. Si hay futuro, si hay ya planes, si hay previsiones, si hay metas, si hay blancos a los que alcanzar estáis haciendo lo mismo que los ejecutivos del poder, no se va diferenciar en nada,  y, por tanto estaríais estropeando las posibilidades de que esto crezca y que en este sentido se organice por sí solo,  desde abajo.

Y quinta,  y para terminar,  cosa que no es posible: no aburrirse, no aburrirse, porque este, como muchos de vosotros saben conmigo, es el peligro mortal, está desde luego contenido en todos los cuatro que antes he expuesto, porque efectivamente cuando alguno esta vez bien  intencionado de entre vosotros os ha empezado a soltar rollos acerca de planes, de blancos, de consecuciones que hay que alcanzar,  inmediatamente habréis notado cómo os aburría. En cuanto se habla de futuro se aburre uno. Eso lo sabe el poder que, al mismo tiempo que os aburre todo lo que puede, al mismo tiempo está gastando mucho en divertiros, porque de esa manera el aburrimiento no se cura pero queda oculto por la diversión, y al mismo tiempo el Capital hace un negocio pingüe con la diversión. No tengo por qué contároslo. De manera que hay que actuar, hay que hablar de maneras que cumplan esta condición:  no decir lo que ya está dicho porque eso es aburrir y aburrirse uno: no aburrir. 

Estas son en pocas palabras las principales prevenciones que quería presentaros para contribuir a que esto siga,  que siga durando. Por supuesto,  esto puede seguir durando de las maneras que ya lo está haciendo ahora, es decir, de una manera dispersa, por los barrios, por los pueblos. Ya hay muchas pequeñas asambleas por ahí;  incluso la extensión se espera que sea mucho más,  que salga fuera de las fronteras,  porque todo estro contra lo que luchamos no tiene nada de español, no es ninguna cosa de España, es del régimen del bienestar, de esta última oferta de la democracia que nos hunde. De manera que antes o después tiene que seguir repercutiendo entre otra gente de la menos formada en cualquiera de los otros sitios.  Así tiene que seguir,  así irá siguiendo en esas asambleas de los barrios y de los pueblos. 

Pero eso no quita para intentar que sea aquí, aquí precisamente,  donde empezó a producirse la primera gran asamblea, aunque no sea tan esplendorosamente como al principio, pero que aquí, que aquí siga. Por lo cual yo por mi parte y en lo que pueda valer,  me comprometo en este momento a estar aquí el jueves que viene y cada jueves de los que sigan,  al pie del oso y del madroño. Lo repito: Si vengo aquí al pie del oso y del madroño, y  me encuentro con unos cuantos, pues se charlará, aprenderemos algunas canciones que pueden venir muy a cuento… Si algún día hay más que unos cuantos,  volverá a haber otra pequeña asamblea y efectivamente se seguirá manteniendo así la continuidad de esto que he presentado como el único órgano del movimiento para hablar en público y no en privado. Es por eso por lo que,  si el Señor no se enfada entretanto mucho y me manda su rayo justiciero, aquí estaré al pie del oso y el madroño el jueves que viene y los jueves sucesivos para ver qué tenéis que decir o qué es lo que nos  hace.

Y para quien aún quiera más, os dejo enlace a su última tertulia política, y las “llaves de su casa” http://www.editoriallucina.es/cms/agustin-garcia-calvo/tertulias-politicas-del-ateneo/tertulias-ano-2012/621-tertulia-politica-numero-356-24-de-octubre-de-2012.html

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