MÚSICA, SIEMPRE MÚSICA (Y POESÍA)

pabloEl Cantador dijo:

Yo crecí escuchando música de tríos y lamento que la industria moderna no los promueva, nos estamos alejando de la poesía en la música y nos sumergimos en lo superfluo.

  • lufegaba75 dijo:

    No siempre, amigo, y para demostrártelo, haré un post próximamente sobre un joven cantante español

    Pues aquí vamos, manos a la masa:
    La verdad es que después de escuchar “La Macarena” (con todos mis respetos a Los del Río que divierten a mucha gente incluyendo a Bill Clinton), y otras cosas que mejor no mencionar, se puede llegar a tu conclusión, Cantador.
    Pero luego la vida va y te sorprende de nuevo y te encuentras con MÚSICA y Música en mayúsculas, con poesía, con corazón, con arte. La melodía y la lírica, la pasión, y en gente muy joven y muy novedosa.
    Va por ti, Cantador, y por todos. Tal vez en el otro lado del charco penséis que sólo tenemos a Bisbal y poco más, pero, si no lo conocéis aún, pronto conoceréis a este joven talento de nuestra música. Sí, lo sé, no es un trío, pero hay poesía.
    Les dejo en buena compañía: Don Pablo Alborán, mucho más que un fenómeno de masas y de quinceañeras.

EL BAÚL DE LOS RECUERDOS (I)

No, no pienso cantar como Karina. Además, esa canción me pilla completamente fuera de tesitura y no me lo creo. No, no creo que cualquier tiempo pasado sea o nos parezca mejor. Es más, ahora que parece que retrocedemos en el tiempo, comprobamos en nuestras carnes y en nuestro estómago que no, el tiempo pasado no era mejor.

Lo que pretendo, aparte de marear la perdiz (en eso sí que soy un especialista) es rescatar algunos de esos post publicados hace tiempo que, bien porque aún no conocíais este rincón, o bien porque esa semana no estabais para andar callejeando por estos suburbios, no llegasteis a leer.

Quizá apreciéis lo novato que era en estas lides. No como ahora que soy un auténtico Líder de opinión. Ah, que no, que ese no soy yo, es mi vecino Dess. En que estaría pensando. Bueno, pues a eso voy, al rescate:

DEL AZUL AL GRIS: “Historia de un globo que se nos va de las manos”

Entrada publicada en lascosasdeunciempiés el 11 de diciembre de 2011. En fechas próximas se celebrará la Cumbre del Cambio Climático de este año. El resultado de la misma, es de temer, que será similar.

Hoy es un día gris. Se podría pensar que me refiero a las nubes y al frío que envuelven este rincón mesetario desde el que escribo. Sería una impresión acertada, sin duda, llevamos dos semanas largas en las que se suceden las nieblas con las tímidas lluvias, y el sol apenas asoma.

Pero voy más allá en mi pensamiento, en realidad es un día gris para toda la humanidad. Más aún para todo el planeta. Hemos globalizado la economía y los mercados (es lo que interesa), y de paso globalizamos el desastre al que nos precipitamos casi todos los seres vivos (no las bacterias ni las cucarachas) en esta azulada arca de Noé.

La Globalización podría ser una palabra hermosa. El término, manoseado por los políticos y periodistas, es relativamente reciente en nuestra historia. Es un término que de por sí resulta sobrecogedoramente soberbio. El planeta está globalizado desde que es planeta. El clima es global: la temperatura y los flujos de las corrientes marinas en nuestras antípodas condicionan las lluvias y las sequías en nuestro hábitat local. Los ecosistemas son globales y particulares a la vez: al extinguirse un eslabón de la cadena no podemos predecir fielmente cuantos eslabones más se verán afectados.

Aún así, Globalización sería una palabra hermosa si significara que los humanos entendiéramos, todos y cada uno, que formamos parte de un único Globo. Que este Globo está por encima de todos los colores, banderas, partidos, religiones y en definitiva, de los intereses monetarios que se ocultan agazapados detrás de ellos. Sí las Naciones des-Unidas dejaran de ser el refugio del Veto de los poderosos.

Pero está claro, al final la Globalización solamente es la unificación de los mercados, la economía global, que da la vuelta al mundo y se devora a sí misma como una serpiente Uróboros, o si lo preferís servido más sencillo, como una gigantesca pescadilla que se muerde la cola. Al final, creyéndolo o rebelándonos, servimos a ese Único Dios que es el papel moneda y a la selecta élite que se oculta detrás de él.

En los últimos días se ha celebrado la cumbre anual del clima en Durban, esa simpática ciudad de Sudáfrica en la que la Selección Española de Fútbol se encaminó hacia la victoria en el mundial. Si hace año y medio aquella ciudad estaba repleta de periodistas, en esta ocasión puede decirse que no ha acudido ni “El Tato”. En los noticiarios apenas alguna breve reseña insistiendo y acertando en el presumible enésimo fracaso de la cumbre.

Ningún jefe de estado, lejos ha quedado el glamour de otras cumbres como la archiconocida de Kioto, o la de Río de Janeiro. No me consta ni que haya acudido Al Gore, se le debió pasar la fiebre de los documentales. Tan sólo un puñado de científicos y de ¿ministros o sólo secretarios? de Medio Ambiente. Pareciera que ya no habitáramos en el Planeta Tierra. Si un alienígena inteligente nos observara pensaría que en una alucinación colectiva nos creemos habitando el Planeta Moneda.

¡Qué soledad! ¡Qué tristeza! Incluso aquellos periódicos más cercanos a las tesis medioambientales han relegado la noticia a la página 30 en el apartado de Ciencias.

Curiosamente también la Ciencia parece estar en venta. Últimamente no paramos de encontrar planetas candidatos para albergar la vida, a la par que excusas para no respetar el milagroso equilibrio del único que tenemos al alcance de nuestras manos.

EL TRÍPTICO DE LAS TENTACIONES DE SAN ANTONIO

En mi viaje a Lisboa, una de las experiencias más gratas fue sentarme frente al Tríptico de las Tentaciones de Antonio de El Bosco. En parte, tras recorrer andando el trecho que va desde el centro histórico de la ciudad hasta la Torre de Belem y volver, mis piernas agradecieron un cuarto de hora de descanso. Pero el cuarto de hora pasó y con él, media hora más y ya no fueron las piernas las que me obligaban a permanecer en el asiento. El tríptico acaparaba mi atención y mis ojos, de forma incansable, recorrían palmo a palmo los tres lienzos tratando, de ser posible, de adherir a mí las figuras, los misterios, los colores, formas e interrogantes que se me planteaban.

Jeroen Anthoniszoon van Aeken, conocido en España como El Bosco, firmaba sus cuadros como Hieronymus Bosch, y así me referiré a él de aquí en adelante. El nombre deriva de la localidad en que nació Bolduque o Bois le duc (Bosque del duque) hacia 1454, en un rincón de lo que hoy son los Países Bajos.

En sus obras abunda el sarcasmo, lo grotesco y una imaginería onírica. Una de las explicaciones para esto es que ‘El Bosco’ aún se encuentra imbuido por la visión medieval repleta de la creencia en hechiceras, la alquimia, la magia, etc. Además, en aquella época de transición hacia la Edad Moderna, abundaban las premoniciones apocalíticas.

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El tema de las tentaciones de San Antonio se repite con frecuencia en la Historia del Arte. Aparece en pinturas medievales, libros iluminados, grabados, etc. Resulta un tema especialmente interesante desde el punto de vista doctrinal, al tratarse de un Santo que se enfrenta al mal y lo vence. Es la eterna lucha entre el Bien y el Mal, entre Cristo y el Diablo.

San Antonio nació  y vivió en el Egipto cristiano del siglo III de nuestra era. Se le tiene por el precursor de la vida monástica, aunque su vida fue más la de un eremita que la de un monje en comunidad. San Antonio renuncia a los bienes y placeres del mundo y vence una tras otra todas las tentaciones que el demonio le presenta en forma de poder, lujuria, etc. Lo más importante, San Atanasio, obispo de Alejandría, en una época de fuertes disputas entre lo que hoy entendemos como ortodoxia cristiana y la herejía arriana, utiliza el ejemplo de la vida virtuosa de Antonio Abad, y sus obras de caridad, como estandarte de su causa.

Hablemos del tríptico. Cuando está cerrado se observan dos escenas en grisalla. Una es el Prendimiento de Cristo, y la otra el Camino al Calvario. Una vez abierto, se disponen ante nosotros tres lienzos con distintas escenas de la vida de San Antonio Abad, en las que se intenta simbolizar la multitud de tormentos por los que pudo pasar el santo de acuerdo con la tradición. Las tentaciones y los demonios aparecen con formas grotescas y seductoras, pero San Antonio vuelve su atención hacia el Señor y hacia las Santas Escrituras derrotando así al mal.

Realizar interpretaciones del cuadro resulta extremadamente aventurado. Lo es incluso para aquellos más avezados en la iconografía y el significado de los símbolos. Muchos han encontrado guiños al simbolismo del Malleus maleficarum y su descripción de las misas negras. Algunas interpretaciones hablan del Fuego de San Antón, una enfermedad extendida en aquellas épocas por Europa central por el consumo de centeno con cornezuelo. La dietilamina del ácido lisérgico (LSD) se obtendría en el horneo y habría producido la sensación de volar, caer, las visiones y la locura. El rezo al santo se entendía que podía favorecer la curación.

(Pinchando en la imagen podeis ver el cuadro en alta definición)

Pero lo dicho, especulaciones. Mejor o peor realizadas pero mucho me temo que ya no podamos preguntarle a Jerónimo qué es lo que pretendía pintar. Tal vez ni siquiera lo sabía. Los pintores entonces eran artesanos por encargo y sus obras seguían las pautas del contrato. Tal vez el noble o comerciante que le encargara la obra le diera unas instrucciones y las siguiera de forma más o menos fiel.

Os invito, en cualquier caso a, si así lo deseáis, visitar estas páginas que os darán mucha más información:

http://es.wikipedia.org/wiki/Tr%C3%ADptico_de_las_Tentaciones_de_san_Antonio

http://es.wikipedia.org/wiki/El_Bosco

http://arteinternacional.blogspot.com.es/2010/03/pintura-gotica-flamenca-el-bosco.html

Las imágenes han sido tomadas de:

http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:The_Temptation_of_Saint_Anthony_by_Hieronymus_Bosch_(Lisbon)

Lo mejor es que observemos con atención a nuestro protagonista, el cuadro:

CANCIONES EN UNA VIDA (y XVII)

Tirando de la cuerda comenzarían a aflorar más y más canciones que de alguna u otra forma han dejado su huella en mi vida. Sin embargo ya tocaría rascar un poco bajo el corazón y resultaría forzado. Lo más probable es que empezara a hablar de las canciones que me gustan  (y estas 17 me gustan y mucho), pero no ya de las que, auténticamente, forman parte de mi vida.

 Empecé mandando señales de humo y termino renunciando a ti. Poco importaron mis dudas. Probablemente no encontraste ese amor… yo, a día de hoy, tampoco.

Más canciones pueden entrelazarse con mi vida, pero por el momento esta sección queda concluida al llegar al 17. El día de mal augurio para los antiguos egipcios, el día de la muerte de Osiris y el día en que nací.

LA SUPERACIÓN DE SÍ MISMO

El título puede sugerir que vamos a hablar de los libros de autoayuda, de psicología peatonal rayando con cartas astrológicas y barajas de tarot, o incluso de la moda mucho más moderna del “coaching”, en la que se nos “enseña” a ser feliz encontrando el sentido de nuestra vida en la competitividad capitalista del neoliberalismo.

Pues no, he desempolvado nuevamente a Nietzsche. He tomado el plumero y luego he abierto las páginas de “Así habló Zarathustra”. Esto es lo que nos cuenta, y no es poco, en este texto se juntan muchos de sus pensamientos fundamentales:

DE LA SUPERACIÓN DE SÍ MISMO

«Voluntad de verdad»: ¿es así como llamáis vosotros, los más sabios, a cuanto os impulsa e inflama?

Voluntad de volver pensable todo lo que existe: ¡así llamo yo a vuestra voluntad!

Queréis hacer pensable cuanto existe: pues, con justificada desconfianza, dudáis de que sea ya pensable.

Mas todo lo existente debe amoldarse y plegarse a vosotros: ¡así lo decreta vuestra voluntad! Debe allanarse y someterse al espíritu, como espejo e imagen reflejada de éste.

¡Así es vuestra voluntad, sapientísimos, una voluntad de poder! Hasta cuando habláis del bien y del mal, y de las valoraciones.

Queréis crear un mundo ante el que podáis arrodillaros: ésa es vuestra última esperanza y vuestra última embriaguez.

Los no sabios, ciertamente, el pueblo, son como el río sobre el que navega una barca: y en la barca se asientan solemnes y embozadas las tablas de valores.

Sobre el río del devenir habéis colocado vuestra voluntad y vuestros valores: lo que es creído por el pueblo como bueno y como malo me revela a mí una vieja voluntad de poder.

¡Oh, hombres sapientísimos! Vosotros sois quienes colocasteis tales pasajeros en la barquilla, y quienes les disteis pompas y nombres vanidosos. ¡Sí, vosotros, y vuestra voluntad de dominio!

Ahora el río lleva vuestra barca: tiene que llevarla. Poco importa que la ola rota espumee y se oponga encolerizada a la quilla.

¡Oh, sapientísimos, no es el río vuestro peligro y el término de vuestro bien y vuestro mal, sino aquella misma voluntad, la voluntad de poder, la inagotable y fecunda voluntad de vida!

Mas para que comprendáis mi palabra sobre el bien y el mal, voy a deciros mi palabra sobre la vida, y sobre la especie de todo cuanto tiene vida.

Yo he seguido las huellas de lo que vive, he recorrido los caminos más grandes y los más pequeños para conocer su especie.

En un espejo de cien facetas he captado su mirada cuando estaba cerrada su boca, a fin de que fuesen sus ojos los que me hablaran. Y sus ojos me han hablado.

Allá donde encontré seres vivos, allí también oí hablar de obediencia, todo ser con vida es obediente.

Y esto es lo segundo: sólo se manda a quien no sabe obedecerse a sí mismo. Así es la especie de los seres vivos.

Mas esto es lo tercero que oí: Mandar es más difícil que obedecer. Y no sólo porque quien manda ha de soportar el peso de quienes obedecen , un peso que fácilmente le aplasta.

En todo mandar he visto siempre un ensayo y un riesgo. Siempre que el ser vivo manda, se arriesga a sí mismo.

Y aun cuando se manda así mismo, tiene que expiar su mandar: tiene que ser juez, y vengador, y víctima de su propia ley.

¿Cómo puede ocurrir así?, me preguntaba. ¿Qué es lo que induce a los seres vivos a obedecer, y a mandar, y a ser obedientes aun mandando?

¡Escuchad, pues, mi palabra, sapientísimos! Examinad con seriedad si he profundizado hasta el corazón de la vida, hasta las raíces mismas de su corazón.

Donde divisé un ser vivo, allí encontré también voluntad de poder: e incluso en la voluntad del siervo encontré la voluntad de ser señor.

Servir al más fuerte, a eso persuade al más débil su voluntad, que quiere ser señora de lo que es más débil todavía: tal es el único goce del que no quiere privarse.

Y así como el menor se entrega al mayor, para dominar y disfrutar de poder sobre el mínimo, así también el mayor se entrega y arriesga la vida por amor al poder.

Tal es la entrega del más fuerte: ser temeridad y riesgo, y un juego de dados con la muerte.

Donde existen sacrificio y servicios, y miradas de amor, allí hay también voluntad de dominio. Por caminos tortuosos se introduce el débil enel fortín, hasta el corazón del poderoso – y le roba el poder.

Este secreto me ha revelado la vida: «Mira -me vino a decir-, yo soy lo que siempre debe superarse a sí mismo.»

Vosotros llamáis a eso voluntad de engendrar, o instinto de los fines, de algo más alto, más alejado, más diverso: pero todo eso es una sola y misma realidad, un único misterio.

Prefiero hundirme en mi ocaso y renunciar a esa única cosa: en verdad, donde haya ocaso y otoño, allí la vida se inmola a sí misma -¡por el poder!

¡Yo tengo que ser combate y devenir, y finalidad, y contradicción de los fines!¡Ay, quien comprenda mi voluntad comprenderá también las sendas tortuosas por las que tengo que caminar!

Cualesquiera cosas que yo crea, y las ame como las ame, pronto tendré que ser su adversario, y el adversario de mi amor: así lo quiere mi voluntad.

Y también tú, hombre del conocimiento, no eres sino un sendero y una huella de mi voluntad: ¡en verdad, mi voluntad de poder sigue igualmente las huellas de tu voluntad de verdad!

No hadado ciertamente en el banco de la verdad quien contra ella lanzó la frase «voluntad de existir»: ¡tal voluntad no existe!

Lo que no existe no puede querer; y lo que está en la existencia, ¿cómo habría de apetecer lo que ya tiene?

Solamente hay voluntad allí donde hay vida: pero no voluntad de vida, sino -tal es mi doctrina- ¡voluntad de poder!

Muchas cosas tiene el viviente en mayor aprecio que su propia vida. Mas en su propio apreciar habla -¡la voluntad de poder!

Eso me enseñó la vida, y por eso resuelvo yo, oh, sabios, hasta el enigma de vuestros corazones.

En verdad os digo, no existen un bien ni un mal imperecederos. Tienen que superarse a sí mismos por sí mismos siempre de nuevo.

Con vuestros valores, con vuestras palabras sobre el bien y el mal, vosotros, los valoradores, ejercéis la violencia, y ése es vuestro oculto amor, el esplendor, la emoción, el desbordamiento de vuestra alma.

Mas de vuestros valores brota una violencia más fuerte y una renovada superación: al chocar con ella se rompen el huevo y la cáscara.

Y quien quiere ser un creador en el bien y en el mal, ése ha de ser primero un destructor, y quebrantar valores.

Así, para realizar el mayor bien hay que cometer el mayor mal: ésa es la bondad creadora.

Hablemos de esto, sapientísimos, aunque haga daño. Peor es callar: todas las verdades calladas se vuelven venenosas.

¡Y rompamos todo aquello que podamos romper a nuestras verdades! ¡Hay aún muchas cosas por edificar!

Así habló Zarathustra.