UNA FÁBULA ENVENENADA

Estaba convencido, cuando lo trajeron dos semanas atrás, el envenenado tenía un aspecto más vital y su piel carecía de aquel tono mortecino. Sin embargo, observando aquella piltrafa agonizante, escuchando el siseo de la penosa respiración de sus pulmones, notando el temblor de sus brazos escuálidos y la extrema fragilidad de aquellas piernas que ya no podrían sostenerle, dudaba de todo convencimiento.

El paciente permanecía en la mesa de aquella sala apenas iluminada. Sus ojos febriles miraban con terror la lámpara suspendida sobre su cabeza y, con más terror aún, los gestos de sus médicos que, en corro, rodeaban la mesa y se mesaban las barbas satisfechos.

Se acercó con tiento al grupo de sabios que, en breve, determinarían el tratamiento a seguir en los próximos días, tras examinar al enfermo. En breve, cuando jocosos dirigieran sus cuerpos y sus túnicas que hacían “fris-fris” hacia la salida y, entonces, discutieran quien entre ellos era el mejor apostando en las carreras de caballos. Carraspeó pero nadie pareció percatarse de su molesta presencia. El primero de los médicos, acercó a su cara un cuenco con sangre y excrementos. Arrugó la nariz y asintió con rotundidad moviendo arriba y abajo los largos mechones grises de su barba.

“Mucho mejor, en su sangre ya no hay tanto veneno…” habló con voz grave y melodiosa.

“Discúlpeme, Excelencia” el intruso habló con una voz cohibida y algo nasal que resultaba  disonante con la del primero de los médicos. Las caras de los demás hombres se giraron hacia  el aguafiestas “¿Cuándo se le retirarán las sanguijuelas? El paciente se muestra débil, no camina, no se alimenta, y entre más débil, más feroz se muestra la enfermedad y el veneno. ¿No deberíamos hacer algo para fortalecerlo?”

El primero de los médicos sacudió la cabeza con fastidio.

“¿De dónde proviene tu keynesianismo trasnochado? Nuestra prioridad es acabar con el veneno. Una vez retirado de su cuerpo se agotará el déficit que oprime su economía”

El paciente respiró con dificultad y boqueó, como un pez fuera del agua, un nuevo siseo, otro suspiro. Los hombres se separaron y caminaron hacia la salida arrastrando los pies entre el “fris-fris” de sus túnicas. Él permaneció, apenas un instante más junto al cadáver, luego salió por la puerta opuesta.

Un pensamiento en “UNA FÁBULA ENVENENADA”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s