UN PASEO POR BROOKLYN

 

Pasear… Paseando se conocen las ciudades, se percibe el latido de las gentes. Paseando en día de trabajo, paseando en día de fiesta. Paseando…

Cuando, en mi devenir, llegaba nuevo a una ciudad, solía emplear el tiempo libre en callejear. Evitando, en caso de conocerlo, las zonas problemáticas, pero con el tiempo y con precaución también estas se incorporaban a mis itinerarios. En el día de hoy me repito, he vuelto a una de mis ciudades de la infancia (tal vez sea de aquí). Quizás por eso, o porque mi curiosidad está más moderada, ya no siento el mismo impulso.

En realidad sí, me gustaría estirar las piernas. Las noto algo oxidadas aquí en la butaca frente al ordenador. No me vendría mal el ejercicio, pero necesitaría horizontes nuevos y atractivos para dirigir mis pasos. Como no me lo permiten ni el tiempo ni el monedero, emplearé, para pasear las herramientas de que dispongo: esta pantalla y la imaginación.

Muchos lugares, muchas culturas atraen mi atención. Siento, a menudo, cierta aversión por lo estadounidense. Su monopolio del cine, su conservadurismo, sus mariners… Pero Nueva York se me antoja diferente, mágica, vital, atrevida. Y en Nueva York está Brooklyn.

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Cuando los holandeses llegaron a la desembocadura del Hudson fundaron Nueva Amsterdam (que luego sería Nueva York), y a la zona de la marisma la llamaron Breukelen “pequeña marisma”, como a una ciudad de su tierra originaria.

Carl Sagan, el astrofísico, el exitoso divulgador, el polémico activista nació allí, en el seno de una familia de judíos ucranianos. Pero También Michael Jordan, Rita Hayworth, Woody Allen, y por supuesto Harvey Keitel y Paul Auster.

A estos últimos, en particular les debo una extraña fijación por Brooklyn. Un deseo de pisar esas calles, respirar el aroma viciado de la gran ciudad, asomarme al vértigo del puente y beber su agua de grifo (algo tiene que tener sin duda)

El escritor Paul Auster como guionista, Wayne Wang como director y Harvey Keitel encarnando al inolvidable estanquero Auggie Wren, me hicieron soñar con entrar en aquel ficticio estanco y comprar unos cigarrillos “Schimmelpennicks”. Apoyándome en la totémica estatua de un indio hablaría del último partido de béisbol y me quejaría del insoportable calor del verano. Prendería un cigarrillo y guiñaría con complicidad a … Smoke, conocida como “Cigarros” en latinoamérica, una película del montón pero todo un canto a la cotidianeidad (me gustaría escuchar a la Ministra Portavoz pronunciando esta palabra) y su belleza.

La belleza de lo cotidiano, de lo sencillo, de la complicidad. La amistad que surge en un ambiente hostil de solitarios engullidos por el hormigón. Y, finalmente, tras una secuencia interminable de planos cortos, con la cámara centrándose en cada arruga, en cada gesto de Auggie y de Paul, una voz negra desgarrada acompaña al Cuento de Navidad (en Septiembre) con el que les dejo.

Cuento de Navidad de Auggie Wren

5 comentarios en “UN PASEO POR BROOKLYN”

  1. Imagino, mi querido Lufe, que en este caso has disfrutado de leer lo que, según dicen algunos, Karl Sonderson escribió sobre Woody Allen y la Navidad. Aunque yo creo que son puras habladurías. Saludos hasta Zamora.

  2. Escribir una comedia ayuda a poner las cosas en perspectiva. El mundo ha ido de tragedia en tragedia, de horror en horror, pero los seres humanos seguimos existiendo, enamorándonos y hallando alegría en la vida. Me pareció que éste era un momento para recordarlo.”

    Precisamente estoy leyendo ahora Brooklyn Follies, me esta gustando el optimismo que respira un escritor de por si denso y trágico.. Cuidate

  3. Si hay una película que me fascina por su sencillez, esa es “Smoke”, donde la amistad es la protagonista principal y las pequeñas cosas de cada día los actores invitados.
    Cuando el año pasado, viajamos a Nueva York, hicimos una ruta que incluía la mayoría de los rincones de esta variopinta ciudad, rodados por Woody Allen.
    Incluimos una incursión al estanco de nuestra querida película pero, curiosamente, nos confundimos, porque algo más arriba de la calle, existe otro estanco, haciendo esquina, de parecidas características. Al volver a Madrid nos dimos cuenta de nuestra equivocación.
    Nueva York es una gran ciudad, en la que te sientes como si estuvieras en tu propia casa, y donde sus moradores se empeñan en que te sientas cómodo.
    Un abrazo

    1. Yo de momento me conformaré con viajar con la imaginación y el teclado. Otra fascinación en común que tenemos. No encontré la secuencia de Auggie Wren y Paul Benjamin en la que el primero narra su “cuento” de navidad al escritor, pero junto con los títulos es de lo que más me ha impactado en un cine. Esos guiños, esas patas de gallo, esas miradas que escuchan y comprenden. En fin, quien quiera que lo vea con paciencia. Es una película que amas o desprecias, no hay término medio. Y definitivamente el agua debe de tener algo en ese lugar ¿o será el mestizaje bien conducido el que ha producido tanto genio por metro cuadrado?

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