CIELO E INFIERNO

Una tarde cualquiera de domingo, tal vez fuera en primavera, no lo recuerdo. Mi memoria, cuando retrocede a la infancia y se interna en la década de los 80, se vuelve imprecisa. Sobretodo a la hora de situar en el calendario determinados hechos.

En el 87 y en el 88 ya hacía uso abundante de mi carné de biblioteca y absorbía toda clase de libros de Astronomía, de modo que tuve que ser hacia el 86. En el 90, ya iniciando mi adolescencia, mi cuello estaba encallecido de doblarse hacia los dibujos celestes de las constelaciones boreales.

Dejémoslo, por tanto, en que todo empezó una tarde de domingo, en primavera. La televisión apenas sintonizaba entonces los dos canales estatales. Faltaba poco, no obstante, para que arrancaran las primeras cadenas privadas y la parrilla televisiva se convirtiera en una vorágine de color y ruido. Tan solo dos cadenas, y sin embargo, era fácil que en sus horas de programación (que tampoco abarcaban las 24 horas del día) encontraras algo atractivo.

Había rechazado pasear con la familia y me disponía a salir a la calle para ver si me encontraba con algún amigo. De no ser así llamaría al portero automático (tampoco había teléfonos móviles, ni WhatsApp, ni tan siquiera SMS). Cerré el libro de “Los Cinco” y me encaminé hacia la televisión para apagarla antes de salir. Una música enigmática captó mi atención y en los siguientes 50 minutos nada pudo separarme de la pantalla.

Ante mis ojos comenzaron a desfilar estrellas y galaxias. En mis oídos, la música de Vangelis, un desconocido hasta entonces para mí, conmovía cada célula, desde el vello de los brazos hasta el más profundo tuétano de los huesos. Nacían en mi vida la serie Cosmos y la magia de Vangelis. También yo iniciaba, sin apenas saberlo, mi propio “Viaje Personal”

Tiempo después, cuando Internet abrió ante mí su cosmos de información (no sólo hay juegos, sexo y foros sociales), pude comprobar que nuestra historia comenzó mucho antes. Concretamente hacia el año 1975.

En esa época Carl Sagan era un científico con gran reputación y había iniciado su labor de divulgación hacia la sociedad por la que es más conocido. Carl Sagan compatibilizaba su trabajo en diversas Universidades como Harvard, y Cornell, en el estado de Nueva York, con su trabajo en Observatorios de Radiofísica y en la NASA. Fue Carl Sagan quien proporcionó las instrucciones a la tripulación del Apolo XI antes de partir hacia la luna. El éxito de sus libros y de la serie televisiva (ganadora de un Premio Emmy) le catapultarían al puesto de abanderado de la ciencia. Desde esta posición polemizaría con la política bélica de Reagan y su “Guerra de las Galaxias” en los 80, mostraría su repulsa a la proliferación de armas nucleares y se convertiría, ya en la década de los 90, en el azote de las pseudociencias y las supersticiones.

Por entonces, Evángelos Odiseas Papathanassiou, conocido comercialmente como Vangelis, y mensajero de buenas nuevas en forma de música, había abandonado la banda Aphrodite’s Child en la que se curtió como músico junto con Demis Rousos y un menos conocido Lukas Sideras. En 1975 se ha labrada una reputación componiendo música para documentales y algunas películas independientes. Faltaba poco para que su banda sonora de “Carros de Fuego” le situara en el Olimpo arrebatándole el Oscar al mismísimo John Willians (autor, entre otras BSO, de la de “La Guerra de las Galaxias”, “El violinista en el tejado”, “La lista de Schlinder” y un largo etc.) Durante los días 15 a 17 de septiembre de 1975,  se encerraba en estudios Nemo de Londres para grabar su quinto trabajo en solitario. En el disco enlazó piezas corales con otras de su mágico sintetizador. Mezcló piezas lentas con piezas más rápidas en un claro ejercicio de contraste entre opuestos. El disco se llamará “Heaven and Hell”.

Y mientras Vangelis pulsaba en las teclas la música que llenaría de magia los 13 capítulos de Cosmos, un bebé emitía sus primeros acordes laríngeos y conocía su primer septiembre. El bebé crecería y escucharía y vería la obra varios años después (10 ó 12) en una tarde de domingo. Tal vez fuera en primavera.

11 pensamientos en “CIELO E INFIERNO”

  1. Evidentemente cualquiera que viviera en esa época conoce la serie, porque cualquier cosa que salía en la tele acababas conociéndola, hasta “Su Turno”, y un programa de debate político para un niño no es que fuera un caramelo televisivo precisamente.

    A mí reconozco, es un mundo que vaya, no me ha llamado excesivamente la atención, pero sí me he sentido reflejado en la sensación al descubrir algo que te marcará la vida, ver algo que sabes que es para tí, a mí me pasó en el 83 al ver unos tipos en bicis subiendo montañas francesas, no entendía gran cosa, pero ni falta hacía, me acababa de enamorar, y era un amor que sabías que duraría para siempre.

    1. Sí y no.

      No. Soy como un pajarillo que va picoteando aquí y allá y se olvida de probar muchos manjares. No conozco a Isao Tomita, pero la Wikipedia, que acabo de consultar, ya me ha contado algunas cosas interesantes.

      Sí, en mi infancia pude ver en alguna ocasión un programa infantil llamado “El Planeta Imaginario” y su música me viene a la memoria. Ahora veo que es una versión de Isao Tomita sobre el tema “Arabesca nº 1” de Claude Debussy, uno de tus compositores predilectos si no me equivoco. El “poeta del piano” me atrevería a decir.

      De modo que no había tenido ocasión de conocer personalmente al músico japonés, pero sí de disfrutar de su música. Como diría si estuviera al final de la película “Casablanca”: Esto puede ser el inicio de una gran amistad…

      1. Cuando yo tenía unos 14 o 15 años solía escuchar dos de sus discos: su versión para “Los planetas”, de Gustav Holst, y un disco de vinilo que era una sensación en aquel tiempo, pues era del color del coral, ya que se trataba de su álbum “The Bermuda Triangle”; muy apropiado.

  2. Vangelis y Carl Sagan una estupenda conjunción de música y estrellas.
    Los programas de Carl Sagan levantaban ampollas, en esta sociedad nuestra tan conservadora.
    Suerte que ese bebé se encandilara con la música, y se viera atrapado por “Cosmos”, en una bella tarde de domingo.

  3. Bonito paseo por años que ya se alimentan de memoria. Sagan, sus series, sus libros… Vangelis, notas descolgadas de las estrellas.

    Yo también estaba allí.

    Un abrazo

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