EN UN LUGAR DE LA NACIONAL III

16 de junio de 2028, 21:00 horas

La primera ola de calor del verano había golpeado con fuerza. Con la caída de la tarde apenas se había suavizado la temperatura, y Sofía sentía el sudor resbalando por su espalda. El asfalto parecía a punto de hervir bajo las robustas ruedas de su trailer y estaba encantada de terminar por fin su larga jornada de trabajo. Pronto llegaría al motel y….

-¡MOOOOOOOOOOOOOCCCCCCCCCCC!

Sofía bajó la ventanilla e imprecó verbalmente al conductor que había invadido su carril temerariamente. Finalmente en su mano tomó forma un gesto obsceno, y la joven pareció por fin apaciguarse. Volvió a subir la ventanilla. En primavera resultaba agradable viajar con el aire refrescando su cara, pero el tórrido viento del verano no podía competir con el aire acondicionado. Pulsó un botón y cambió de emisora, estaba cansada de ese programa de música con éxitos del verano de 2007. “2007” pensó “el año en que nací yo”. Pasó de largo de un programa deportivo en el que contaban algo de un partido de fútbol suspendido. No le interesaba. Al fin dejó una entrevista al segoviano Eduardo de la Fuente, flamante Premio Nobel de Física del año anterior.

Al fin vio el letrero de la salida 51 a escasos 2 kilómetros, y sonrió. Al llegar a las inmediaciones del desvio, la camionera accionó el intermitente de la derecha y dirigió el camión hacia el amplio aparcamiento del Motel La Corona. Sofía se secó el sudor con una manga de su camisa de cuadros y descendió con agilidad de la cabina. Se quitó la gorra y soltó su media melena dorada por todo arreglo. “Leo volverá a criticar mi desaliño” pensó, pero sin dar más importancia a su aspecto, encaminó su paso decidido hacia la Cafetería.

Al entrar en el recinto sintió la suave caricia del aire acondicionado a 25 ºC y del humidificador. Unos ventiladores movían suavemente el aire del local. Leo conversaba amigablemente con un cliente a la par que le servía un zumo de mil frutas especialidad de la casa. El local no estaba excesivamente concluido en ese momento. Sofía pudo ver a cuatro hombres jugando animadamente al Scrabble en una mesa de la derecha. Dos jóvenes probaban su puntería en una Diana, y un cliente solitario agitaba pensativo el contenido, ya escaso, de su copa en una esquina de la barra.

-¡Sofi! -Leonor sonrió abiertamente y se apresuró a salir de la barra para estrechar en un abrazo a su hermana- ¡Cuánto me alegro de verte! ¿Cómo te ha ido la semana?

-Bueno, las he tenido mejores -Sofía torció el gesto al ver como su hermana la recorría con la mirada de arriba a abajo y mostraba una cierta mueca de disgusto- pero no me quejo.

-Dime ¿Quieres tomar algo?

-Ponme algo bien refrescante, tú ya sabes.

-Prepararé dos y te acompañaré -Leonor se dirigió al cliente con el que hablaba antes de llegar su hermana- no te importa ¿verdad Erick?

Sofía desplazó la vista de Erick a su hermana mayor. Se preguntó si Erick sería el nuevo pretendiente de su hermana. Decidió preguntárselo más tarde, antes tenían otras cosas de las que hablar. Esperando por el zumo vio de reojo como, en la partida de la mesa, una de las parejas celebraba haber encajado una palabra especialmente grande. Luego su mirada se cruzó nuevamente con la del hombre que agitaba su copa semivacía al fondo. Leo llegó con los zumos y se sentó a su lado.

-Dime, ¿has sabido algo de papá?

Sofía negó con la cabeza y lánguidamente contestó.

-No, no he sabido nada. -tragó saliva- Lo lleva fatal desde que Belén lo dejó, lo sabes ¿verdad?

-Si sólo fuera eso… ¿Sabes que al final no le dieron el papel?

Sofía asintió y se mordió el labio. Su padre, de fracaso en fracaso, pasaba por una mala racha seguida por otra peor. Llevaba años divorciado de madre, pero mientras mamá había vuelto a su anterior trabajo de periodista, su padre seguía sin encontrar su lugar en un país y un mundo que había cambiado. Y como bien sabían las hermanas que ahora conversaban en silencio mirándose a la cara una a la otra, no todos los cambios habían sido para mejor.

-¡Eh, princesas! ¿quién me saca un trago? -masculló desde la esquina el cliente solitario.

Las hermanas soltaron una risotada a la par “Princesas, nos ha llamado princesas”…

11 pensamientos en “EN UN LUGAR DE LA NACIONAL III”

      1. A mí no me parece ficción científica el hecho de que sean camioneras, a mí me pareció que antes de ser camioneras eran camioneros, y de ahí su felicidad al ser llamadas “princesas”. Y Lufe, lleno de decepción, se sienta al fondo y pide otro trago para bancarse la realidad del primer cuarto del siglo XXI.

  1. Las he pasado moradas, no entendía la historia, hasta que he caído del guindo.
    Todo acaba de encajarme. ¡Seré obcecada!
    Para disculparme, puedo decir, que ejercer de abuela, me encanta, pero es cansado y hay veces que mi cabeza no da para mucho.

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