SOTA, BOSÓN Y REY

Si en estos días hemos sido lo bastante incautos de encender la televisión o la radio a la hora de los noticiarios, lo habremos visto(oído). Los físicos e ingenieros más frikis de la galaxia han conseguido detectar una misteriosa partícula que al parecer “lo explica todo”. No es mi intención extenderme en tecnicismos sobre la susodicha partícula y la mística de la física de partículas subatómicas. Si lo pretendiera no podría. La física moderna es un terreno tremendamente pantanoso en el que sin un gurú guía con tanto conocimiento como aptitud comunicativa tipo Sagan, Asimov, Davies o Hawkings, es fácil verse embarrado en arenas movedizas.

Sin embargo, viendo que los periodistas de este país han recibido la noticia y se han dispuesto a difundirla con resultado dispar, y viendo que los teólogos y monseñores han entrado al trapo y se han embarrado, tal vez algo pueda decir al respecto.

La partícula en cuestión es llamada Bosón de Higgs. Sería fácil decir que su padre o el que la concibió fue ese adorable octogenario emocionado al recibir el aplauso y la noticia. En realidad, en la ciencia moderna los éxitos son siempre muy compartidos. De hecho, miles de personas han participado en el éxito del acelerador de partículas, bien in situ, bien analizando los datos derivados de las colisiones (buscando la aguja, perdón, el ojo de aguja, en un pajar). En realidad su existencia y sus características fueron propuestas hace cincuenta años por tres grupos de físicos casi simultáneamente. Más información en http://es.wikipedia.org/wiki/Boson_de_Higgs . Sin embargo, como si de un actor de Hollywood o un cantante de éxito se tratara, la partícula es más conocida como “la partícula de Dios”.

Llegados aquí, salta a la vista qué ha despertado tanto interés en los periodistas y los clérigos tan, por otra parte, indiferentes a las cuestiones de la ciencia y de la investigación. Sí, ha sido la purpurina, la alfombra roja, los flases de las cámaras y los guiños los que han imantado nuestra atención y las que han desvirtuado nuevamente lo que hay de cierto detrás de los hechos.

¿Por qué llamarla así? Todo surge de la siguiente forma:

1. Un físico decide escribir un libro sobre el modelo estándar de las partículas subatómicas.

2. En el libro habla del Bosón de Higgs y de la extrema dificultad técnica de su detección (se requieren colisiones precisas a muy alta energía)

3. Decide titular el libro “The goddam particle” (es español “La partícula maldita”)

4. El editor decide que el título “The God particle” vende más.

El resto es historia… De modo que la partícula de Dios es “maldita”. Maldita porque transcurren prácticamente 50 años desde que se sospecha su existencia hasta que se “descubre”.

En el periódico “La Razón”, de tendencia conservadora y católica, la noticia viene con el siguiente titular en portada “Dios está detrás de la partícula de Higgs”. Fijando la vista se ve que la declaración es de un monseñor. En las páginas del interior se describe de forma sencilla en que consiste el descubrimiento y su importancia de una forma aséptica, pero acompañada de una viñeta recordando lo costosísimo del experimento y de las declaraciones de un teólogo que asegura que “La física puede que se tambalee pero no así la teología”

Juzguen ustedes, yo me niego a describir más el maltrato a esta noticia. Costosísimos se me antojan las dietas de los políticos y los gastos militares muy por encima de los gastos en Ciencia, Sanidad y Educación.

Lo adecuado para tratar la noticia es decir que se ha detectado una partícula consecuente en sus propiedades con el bosón descrito por Higgs y otros científicos.

La importancia de la partícula es grande, es el naipe que faltaba en la baraja. Teníamos la sota de copas y el rey de copas y necesitábamos el caballo. Los científicos han encontrado una partícula con cuatro peludas patas, un príncipe, una cabeza de caballo y una copa. Hay que ver si juntas conforman la figura esperada. Entonces podremos decir que tenemos una baraja que, curiosamente, y de eso nada oiréis a los teólogos permitiría entender un proceso de creación de la materia del universo sin la intervención de un Dios.

6 pensamientos en “SOTA, BOSÓN Y REY”

  1. No es justo, ellos -los frikis- tienen todos los medios del mundo para encontrar partículas insignificantes, y a mi nadie me ayuda cuando pierdo las putas llaves. No es justo.
    Saludos

  2. Habrá que ver con el tiempo, la utilización que se le da a este gran descubrimiento. Conociendo como conocemos al hombre por su historia, miedo me da.

  3. Yo llevo en una de las células de mi cuerpo, lo sé, lo he sentido (porque justamente allí me da comezón), una partícula que estuvo presente en el segundo nanosegundo luego del Big Bang, ¡y no ando por ahí presumiendo! Saludos, JSC (Te enviaré algo que quiero que leas y “apruebes” para su publicación, mi científico amigo)

  4. Parece que es un descubrimiento del copón, nunca mejor dicho, pero tras ver lo de los neutrinos ahora me tomo estas cosas con alguna reserva, por cierto, lo de Sagan es la leche, menudo debut en el Tour.

  5. ¡Hola! Hace mucho tiempo que renuncié a entender las leyes de la física y nunca entré siquiera en la “quantica”, pero me gusta leer cosas tan claritas como las que tu has expuesto aquí. La Iglesia, que se ha pasado toda la vida poniendo el nombre de dios y de todos los santos en cuestiones que ya existían incluso antes de todos los tiempos, se pone de uñas en cuanto una cosa recién descubierta lleva siquiera a dios como apellido…. cosas de la religión “quantica” que tampoco la entiendo…
    Besos.AlmaLeonor

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