RELATOS DE CIENCIA FICCIÓN

Pudiera pensarse que la Ciencia Ficción es un género en boga. Sin embargo, a mi modo de entender, la segunda parte del término ha terminado por consumir a la primera. De hecho, es fácil que ante su sola mención lo primero que se nos asome a la cabeza son naves espaciales y batallas con rayos láser. No es de extrañar, de un tiempo a esta parte el mundo del comercio ha dictado sus cánones. Es fácil confundir este género con otros como son la Fantasía o lo que doy en llamar “Ficciones galácticas”, que vienen a ser lo mismo que las novelas de caballerías pero a bordo del Halcón Milenario.

Sin embargo, el verdadero sentido de la Ciencia Ficción es especular. Los auténticos libros, relatos, películas o series de este género parten de supuestos científicos, inventan una tecnología futura consecuente con los conocimientos actuales, y lo más importante, se centran en los posibles efectos de estos avances en la sociedad humana. Dentro de esta auténtica Ciencia Ficción se encuentran las joyas firmadas por Bradbury, H.G. Wells, Philip K. Dick y muchos otros (entre los que es imperdonable no haber mencionado al gran Jules Verne, tocayo de nuestro Julio)… En muchos de ellos el centro no es la propia tecnología sino la propia psique del hombre.

¿Y todo esto para qué? ¿Para poner verde a George Lucas?

No es esa mi intención, hay más Georges Lucas que el ortónimo. De hecho, está bien soñar, y no me disgustan algunos gags de la trilogía original. Eso sí, entendiendo que la Acción es una cosa, la Aventura otra, la Fantasía otra distinta, y la Ciencia Ficción, algo muy diferente. Os dejo con unas modestas líneas de “Ciencia Ficción” de la mía.

Estadio Santiago Bernabeu 20:40 h del 16 de junio de 2028.

Don Sergio estaba abatido. En su larga trayectoria deportiva, repleta de éxitos, nunca se había enfrentado a una situación igual. Los muchachos, al contrario, no parecían afectados. Algunos de ellos habían comenzado a guardar su equipación en la mochila. Volvió a fijar la mirada en el segundo portero, éste seguía enfrascado en la lectura de un libro con pasta dura. La puerta del vestuario se abrió. Por un momento pensó que sería nuevamente el delegado de la FIFA para confirmar la suspensión del partido, pero era Don Vicente.

Apoyado en su bastón, el centenario presidente de la Federación meneaba la cabeza.

–          Don Vicente, ¿Pudo hablar con ellos? –inquirió sin demasiada esperanza el entrenador.

–          Pude, pero no vendrán. Julio asegura que necesita más tiempo para preparar la tesis que presenta el jueves, y Novoa ha aceptado el trabajo de ingeniero y quiere incorporarse cuanto antes.

–          Esto se nos muere, Don Vicente…

–          ¿Quién se lo iba a imaginar en este país? –Don Vicente palmeó la espalda del entrenador- debo comunicárselo al Delegado inmediatamente. Recojan sus cosas, volvemos a casa.

Tan sólo el capitán levantó la mirada y mostró un deje de sorpresa. El segundo portero seguía sin alejar la vista del mismo libro “Crítica de la Razón Pura” pudo leer en las pastas, pero Don Sergio, el seleccionador, no podía ver quien era el autor. El míster tomó la chaqueta impoluta colgada en la percha y se colocó la larga cabellera gris ante el espejo. De joven dedicaba horas semanales al cuidado de su cabello. Eso no había cambiado, pero todo lo demás, su mundo, su país, se había derrumbado. Sujetó su cabello con una goma y se dirigió hacia la salida.

En el pasillo pudo oír el tímido rugir de las gradas situadas varios metros sobre su cabeza. En tiempos, según recordaba, ese tímido rugir era un trueno ensordecedor que cohibía los corazones del equipo visitante. Por el pasillo se acercaba uno de los directivos de la Federación. Venía a buscarle para recordarle que tenía que ir a la rueda de prensa, pero Don Sergio, taciturno, ya había iniciado el camino hacia el lugar.

Recordaba aquellos días lejanos en que había empezado a sobresalir de los demás muchachos de su edad y había llegado a la élite. Recordaba el temor que le producían aquellas salas atestadas de fotógrafos, cámaras de televisión y periodistas ávidos de primicias. Ahora el escalofrío se lo producían las butacas vacías. En la sala titubeaba uno de los fluorescentes, síntoma del abandono y de la falta de interés por lo que en tiempos fuera el deporte rey. Saludó efusivamente a los periodistas de los medios presentes, todos ellos de medios especializados en el deporte, nadie de medios generalistas. Se sentó frente a los micrófonos. La declaración sería breve y las preguntas pocas, no había mucho que contar y los periodistas no podrían hacerle preguntas demasiado comprometidas sobre los criterios tácticos a la hora de abordar el partido.

Don Sergio dio un sorbo del botellín de agua mineral. Le habría gustado que alguien más le acompañara en esa mesa en un momento tan difícil. Fijó la luz en el fluorescente parpadeante y pensó “No todo es mejor desde aquello que pasó”

 

NUESTRO HOGAR DESDE GLIESE 581

Como homenaje a todos los que, como Facundo, soñamos con las estrellas y con otros destinos para la humanidad. Y como ayuda para otros viajeros intrépidos. Y no olvidéis visitar

 http://elmundodefacundo.wordpress.com/2012/07/07/a-cincuenta-mil-parsecs-de-distancia/

para saber de qué va todo esto.

GLIESE 581 “VISTO” DESDE LA TIERRA

 No es discernible a simple vista, por lo que lo he marcado. Se encuentra junto a la constelación de Libra.

EL SOL VISTO DESDE GLIESE 581

Ahí estamos, somos la punta del asta del Toro, una estrella modesta entre las Pléyades, Sirio, Alfa Centauro y el gigante rojo Aldebarán.

Por último y última deciros y deciras, porque seguro y segura que a vosotros y vosotras también os gustarán los viajes y las viajas a las estrellas y estrellos de nuestro (nuestra) Universo y Universa, que las imágenes han sida tomadas con el programo CELESTIA (seguro que en Google encontráis como conseguirlo)

SOTA, BOSÓN Y REY

Si en estos días hemos sido lo bastante incautos de encender la televisión o la radio a la hora de los noticiarios, lo habremos visto(oído). Los físicos e ingenieros más frikis de la galaxia han conseguido detectar una misteriosa partícula que al parecer “lo explica todo”. No es mi intención extenderme en tecnicismos sobre la susodicha partícula y la mística de la física de partículas subatómicas. Si lo pretendiera no podría. La física moderna es un terreno tremendamente pantanoso en el que sin un gurú guía con tanto conocimiento como aptitud comunicativa tipo Sagan, Asimov, Davies o Hawkings, es fácil verse embarrado en arenas movedizas.

Sin embargo, viendo que los periodistas de este país han recibido la noticia y se han dispuesto a difundirla con resultado dispar, y viendo que los teólogos y monseñores han entrado al trapo y se han embarrado, tal vez algo pueda decir al respecto.

La partícula en cuestión es llamada Bosón de Higgs. Sería fácil decir que su padre o el que la concibió fue ese adorable octogenario emocionado al recibir el aplauso y la noticia. En realidad, en la ciencia moderna los éxitos son siempre muy compartidos. De hecho, miles de personas han participado en el éxito del acelerador de partículas, bien in situ, bien analizando los datos derivados de las colisiones (buscando la aguja, perdón, el ojo de aguja, en un pajar). En realidad su existencia y sus características fueron propuestas hace cincuenta años por tres grupos de físicos casi simultáneamente. Más información en http://es.wikipedia.org/wiki/Boson_de_Higgs . Sin embargo, como si de un actor de Hollywood o un cantante de éxito se tratara, la partícula es más conocida como “la partícula de Dios”.

Llegados aquí, salta a la vista qué ha despertado tanto interés en los periodistas y los clérigos tan, por otra parte, indiferentes a las cuestiones de la ciencia y de la investigación. Sí, ha sido la purpurina, la alfombra roja, los flases de las cámaras y los guiños los que han imantado nuestra atención y las que han desvirtuado nuevamente lo que hay de cierto detrás de los hechos.

¿Por qué llamarla así? Todo surge de la siguiente forma:

1. Un físico decide escribir un libro sobre el modelo estándar de las partículas subatómicas.

2. En el libro habla del Bosón de Higgs y de la extrema dificultad técnica de su detección (se requieren colisiones precisas a muy alta energía)

3. Decide titular el libro “The goddam particle” (es español “La partícula maldita”)

4. El editor decide que el título “The God particle” vende más.

El resto es historia… De modo que la partícula de Dios es “maldita”. Maldita porque transcurren prácticamente 50 años desde que se sospecha su existencia hasta que se “descubre”.

En el periódico “La Razón”, de tendencia conservadora y católica, la noticia viene con el siguiente titular en portada “Dios está detrás de la partícula de Higgs”. Fijando la vista se ve que la declaración es de un monseñor. En las páginas del interior se describe de forma sencilla en que consiste el descubrimiento y su importancia de una forma aséptica, pero acompañada de una viñeta recordando lo costosísimo del experimento y de las declaraciones de un teólogo que asegura que “La física puede que se tambalee pero no así la teología”

Juzguen ustedes, yo me niego a describir más el maltrato a esta noticia. Costosísimos se me antojan las dietas de los políticos y los gastos militares muy por encima de los gastos en Ciencia, Sanidad y Educación.

Lo adecuado para tratar la noticia es decir que se ha detectado una partícula consecuente en sus propiedades con el bosón descrito por Higgs y otros científicos.

La importancia de la partícula es grande, es el naipe que faltaba en la baraja. Teníamos la sota de copas y el rey de copas y necesitábamos el caballo. Los científicos han encontrado una partícula con cuatro peludas patas, un príncipe, una cabeza de caballo y una copa. Hay que ver si juntas conforman la figura esperada. Entonces podremos decir que tenemos una baraja que, curiosamente, y de eso nada oiréis a los teólogos permitiría entender un proceso de creación de la materia del universo sin la intervención de un Dios.