HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA

Cualquier momento es bueno para recordar a Miguel Hernández. Hoy quiero compartir “Hijo de la luz y de la sombra”, publicado en “Cancionero y romancero de ausencias”.

Al estallar la Guerra Civil Española, Miguel Hernández se alista en el bando republicano y es destinado al frente de Teruel. En Marzo de 1937 vuelve brevemente a Orihuela para casarse con su novia de toda la vida, Josefina Manresa. En Diciembre de ese mismo año nacerá su primer hijo, Manuel Ramón, que fallecerá a los pocos meses. Miguel Hernández le dedica este poema:

HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA

I

(HIJO DE LA SOMBRA)

–     –     –

Eres la noche, esposa: la noche en el instante

mayor de su potencia lunar y femenina.

Eres la medianoche: la sombra culminante

donde culmina el sueño, donde el amor culmina.

–     –     –

Forjado por el día, mi corazón que quema

lleva su gran pisada de sol adonde quieres,

con un solar impulso, con una luz suprema,

cumbre de las mañanas y los atardeceres.

–     –     –

Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje

su avaricioso anhelo de imán y poderío.

Un astral sentimiento febril me sobrecoge,

incendia mi osamenta con un escalofrío.

–     –     –

El aire de la noche desordena tus pechos,

y desordena y vuelca los cuerpos con su choque.

Como una tempestad de enloquecidos lechos,

eclipsa las parejas, las hace un solo bloque.

–      –     –

La noche se ha encendido como una sorda hoguera

de llamas minerales y oscuras embestidas.

Y alrededor la sombra late como si fuera

las almas de los pozos y el vino difundidas.

–     –     –

Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente,

la visible ceguera pueta sobre quien ama;

ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente,

ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama.

–     –     –

La sombra pide, exige seres que se entrelacen,

besos que la constelen de relámpagos largos,

bocas embravecidas, batidas, que atenacen,

arrullos que hagan música de sus mudos letargos.

–     –     –

Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta,

tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida.

Pide que tú y yo ardamos fundiendo en la garganta,

con todo el firmamento, la tierra estremecida.

–      –     –

El hijo está en la sombra que acumula luceros,

amor, tuétano, luna, claras oscuridades.

Brota de sus perezas y de sus agujeros,

y de sus solitarias y apagadas ciudades.

–     –      –

El hijo está en la sombra: de la sombra han surtido,

y a su origen infunden los astros una siembra,

un zumo lácteo, un flujo de cálido latido,

que ha de obligar tus huesos al sueño y a la hembra.

–     –     –

Moviendo está la sombra sus fuerzas siderales,

tendiendo está la sombra su constelada umbría,

volcando las parejas y haciéndolas nupciales.

Tú eres la noche, esposa. Yo soy el mediodía.

–     –      –

II

(HIJO DE LA LUZ)

–     –     –

Tú eres el alba, esposa: la principal penumbra,

recibes entornadas las horas de tu frente.

Decidido al fulgor, pero entornado, alumbra

tu cuerpo. Tus entrañas forjan el sol naciente.

–     –     –

Centro de claridades, la gran hora te espera

en el umbral de un fuego que el fuego mismo abrasa:

te espero yo, inclinado como el trigo a la era,

colocando en el centro de la luz nuestra casa.

–     –     –

La noche desprendida de los pozos oscuros,

se sumerge en los pozos donde ha echado raíces.

Y tú te abres al parto luminoso, entre muros

que se rasgan contigo como pétreas matrices.

–     –     –

La gran hora del parto, la más rotunda hora:

estallan los relojes sintiendo tu alarido,

se abren todas las puertas del mundo, de la aurora,

y el sol nace en tu vientre, donde encontró su nido.

–     –     –

El hijo fue primero sombra y ropa cosida

por tu corazón hondo desde tus hondas manos.

Con sombras y con ropas anticipó su vida,

con sombras y con ropas de gérmenes humanos.

–     –     –

Las sombras y las ropas sin población, desiertas,

se han poblado de un niño sonoro, un movimiento,

que en nuestra casa pone de par en par las puertas,

y ocupa en ella a gritos el luminoso asiento.

–     –     –

¡Ay, la vida: que hermoso penar tan moribundo!

Sombras y ropas trajo la del hijo que nombras.

Sombras y ropas llevan los hombres por el mundo.

Y todos dejan siempre sombras: ropa y sombras.

–      –     –

Hijo del alba eres, hijo del mediodía.

Y han de quedar de ti luces en todo impuestas,

mientras tu madre y yo vamos a la agonía,

dormidos y despiertos con el amor a cuestas.

–     –     –

Hablo y el corazón me sale en el aliento.

Si no hablara lo mucho que quiero me ahogaría.

Con espliego y resinas perfumo tu aposento.

Tú eres el alba, esposa. Yo soy el mediodía.

–     –     –

III

(HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA)

–     –      –

Tejidos en el alma, grabados, dos panales

no pueden detener la miel en los pezones.

Tus pechos en el alba: maternos manantiales,

luchan y se atropellan con blancas efusiones.

–     –      –

Se han desbordado, esposa, lunarmente tus venas,

hasta inundar la casa que tu sabor rezuma.

Y es como si brotaras de un pueblo de colmenas,

tú toda una colmena de leche con espuma.

–     –     –

Es como si tu sangre fuera dulzura toda,

laboriosas abejas filtradas por tus poros.

Oigo un clamor de leche, de inundación, de boda

junto a ti, recorrida por caudales sonoros.

–     –     –

Caudalosa mujer, en tu vientre me entierro.

Tu caudaloso vientre será mi sepultura.

Si quemaran mis huesos con la llama del hierro,

verían que grabado llevo allí tu figura.

–      –      –

Para siempre fundidos en el hijo quedamos:

fundimos como anhelan nuestras ansias voraces:

en un ramo de tiempo, de sangre, los dos ramos,

en un haz de caricias, de pelo, los dos haces.

–     –     –

Los mjuertos, con un fuego congelado que abrasa,

laten junto a los vivos de una manera terca.

Viene a ocupar el hijo los campos y la casa

que tú y yo abandonamos quedándonos muy cerca.

–     –     –

Haremos de este hijo generador sutento,

y hará de nuestra carne materia decisiva:

donde sienten su alma las manos y el aliento

las hélices circulen, la agricultura viva.

–     –     –

Él hará que esta vida no caiga derribada,

pedazo desprendido de nuestros dos pedazos,

que de nuestras dos bocas hará una sola espada

y dos brazos eternos de nuestros cuatro brazos.

–      –      –

No te quiero a ti sola: te quiero en tu ascendencia

y en cuanto de tu vientre descenderá mañana.

Porque la especie humana me han dado por herencia

la familia del hijo será la especie humana.

–      –      –

Con el amor a cuestas, dormidos y despeirtos,

seguiremos besándonos en el hijo profundo.

Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos,

se besan los primeros pobladores del mundo.

–     –     –

Miguel Hernández “Cancionero y romancero de ausencias”

4 pensamientos en “HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA”

  1. Ahora
    quieren hincarse
    como frailes tardíos
    en tu recuerdo,
    quieren regar con baba
    tu rostro, guerrillero comunista.
    No pueden.
    No los dejaremos.

    (EL PASTOR PERDIDO)
    Pablo Neruda

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