CON OTRA IGLESIA HEMOS TOPADO

Si alguien me hubiese dicho hace unos pocos años que un día hablaría bien de un obispo, le habría sugerido que se tomara un café bien cargado o que se pellizcara con fuerza los lóbulos de sus orejas.

Recuerdo que cuando tenía once años la clase de mi colegio fue interrumpida por un sacerdote que nos hablaba de la posibilidad de seguir a Dios y dedicar la vida a la iglesia. Durante unos días barajé la posibilidad de seguir a aquel hombre y a Dios a ese colegio internado lejos de mi ciudad. Hábilmente en mi familia no se opusieron frontalmente, pero me dijeron que esperara unos pocos años hasta estar seguro.

Nunca me obligaron a acudir a los oficios religiosos. Tampoco me negaron el ir. Así quedó atrás la infancia y me entorné en la adolescencia. La Iglesia, Jesucristo y la Religión seguían representándome los más altos valores de justicia y de bondad. No fue hasta unas semanas después de recibir la Confirmación que todo se desmoronó y aquellos valores dejaron de sostener mi vida.

¿Así de fácil? ¿de buenas a primeras? No, en realidad los zapadores llevaban tiempo socavando y preparando la muralla para su derribo. Las lecturas, la ciencia, la observación crítica del entorno, el escepticismo hacia los dogmas “enlatados”, la ostentación de las élites eclesiásticas, la Inquisición, las incoherencias del discurso religioso…

Soy temperamental. A primera vista puedo parecer apacible y calmado pero, por debajo de mi corteza el magma se encuentra en ebullición. Fue el temperamento el que me llevó de un extremo al otro. Pasé directamente a criticar todo lo que tuviera que ver con la iglesia (algo tuvo que ver un profesor de religión de aquel año)

La actitud de la Iglesia hacia la sociedad y el abuso en los privilegios que ésta les ha concedido, no ayudaron. Tras el Concilio Vaticano II, la adaptación a los nuevos tiempos se estancó y posteriormente la Iglesia comenzó a retroceder hacia posturas más conservadoras y más antisociales. La postura radical de oposición a los nuevos modelos de familia, el maltrato a la mujer en la Iglesia, la moral hipócrita en relación con el sexo. Todo me apartaba y me separaba cada vez más.

Con el paso de los años, me fui templando. Empecé a no verlo todo como blanco y negro, y empecé a distinguir y a valorar que dentro de la Iglesia también había gente buena. Si bien no son todos los que están, ni están todos los que son, alguno había que seguía en pos de sus palabras y se dedicaba realmente a los demás. Normalmente se trataba de misioneros ejemplares en lugares desfavorecidos. O sacerdotes que mostraban su abnegación en barrios marginales. Oí hablar de los curas rojos que protegiendo a los desfavorecidos no pasaron por el aro del nacionalcatolicismo.

Normalmente se trataba de cristianos de base, y frecuentemente su labor se veía entorpecida por sus propios superiores, más acostumbrados a codearse y consentir con los poderosos y los terratenientes.

Pero hoy el día ha llegado en que puedo hablar bien de un obispo. Se trata del obispo más joven de España, Xavier Novell, obispo de Solsona (en el norte de Lleida). Desde la diócesis que un día liderara el luego arzobispo de Toledo, Monseñor Tarancón, el Pastor de la Iglesia ha dado ejemplo a sus colegas de la Conferencia Episcopal. Ojalá los políticos se miraran en su espejo. Ojalá los demás monseñores se dejaran de  perseguir la laicidad y de decirnos como tenemos que toser y escupir. Ojalá se dejaran de tantas excursiones a la Plaza de Colón. Ojalá

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/02/16/catalunya/1329389526_652458.html

3 pensamientos en “CON OTRA IGLESIA HEMOS TOPADO”

  1. Me gusta como has descrito tu periplo de vida eclesiástica, me encanta que estuvieras de acuerdo con los curas rojos, me entusiasma que fueras cristiano de base, yo también lo era, pero a partir de ese momento cuando ya todo se desmoronó, muchos curas y yo misma, salimos de la Iglesia, de la religión y de Dios, con la conciencia más abierta y más tranquila, sintiéndome dueña de mi vida y de mis actos, sin dependencia, sin ataduras, solo responsable ante mi de mis actos.
    Un abrazo

  2. Pues a ver, yo nunca he comulgado con la Iglesia, literalmente sí claro, no por sus actos, no por sus opiniones, no por sus posturas sobre diversos temas, la cosa es que no creo en Dios, sin más, no creo que un ente superior creara la tierra, creara al hombre y demás, es más, yo, en mi natural empatía, no logro enteder que haya quien crea.

    Pero, por supuesto, la Iglesia existe, crea yo o no crea, no soy (por ahora, porque en breve sin duda me convertiré en un líder internacional de opinión), tan importante y por lo tanto no puedo evitar que la gente crea, que existan tropecientas religiones, cada una igual de única y verdadera, por lo que no debemos estar indiferentes nunca ante sus actos, en algunos casos, como este, para alabarlos, en otros para ejercer la crítica más feroz, en realidad todo lo que haga la Iglesia para mejorar la vida de sus feligreses me parece estupendo, hasta colaboraría.

  3. No, y yo sigo en mis treces. Si voy a misa es a alguna boda o algún funeral (últimamente más de lo segundo). Mantengo una actitud respetuosa en las últimas filas, y me miran mal si no me santiguo. No, mejor santiguarme de arriba a abajo y luego al salir poner, cristianamente, a escurrir al de al lado.

    Por lo demás, puedo pensar en algo más allá de nuestro entendimiento, pero desde luego no un viejo quisquilloso que actuando como un padre consiente toda clase de desgracias e injusticias y se enfurruña con cualquier chiquillada teológica.

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