UN SONETO DE LOPE DE VEGA

Un soneto me manda hacer Violante,

 en mi vida me he visto en tal aprieto;

 catorce versos dicen que es soneto:

 burla burlando van los tres delante.

–     –     –

Yo pensé que no hallara consonante

 y estoy a la mitad de otro cuarteto;

mas si me veo en el primer terceto

 no hay cosa en los cuartetos que me espante.

–     –      –

Por el primer terceto voy entrando

 y aún parece que entré con pie derecho,

 pues fin con este verso le voy dando.

–     –     –

Ya estoy en el segundo, y aún sospecho

que voy los trece versos acabando:

 contad si son catorce, y está hecho.

HELICON

CORRUPTOS “DESOREJADOS”

Esther González Crespo, de la Universidad Complutense de Madrid, tiene escrito un artículo titulado “Organización de la Cancillería Castellana en la Primera Mitad del siglo XIV”, que resulta muy interesante y actual. He llegado a él al buscar más información acerca de un texto que nos facilitaron en clase de Paleografía y Diplomática con el que me he reencontrado hoy. Dice así:

Otrossí tengo por bien que todos aquellos que andan baldíos a procurar cartas de la mi chançellería por algo que les den que se vayan de la Corte o se dexen deste ofiçio e caten sennores con quien bivan. E porque desto viene grand deserviçio a mí e grand danno a la mi tierra e enfamamiento a los míos oficiales, e, si por auentura en esto fueren fallados, mando por la primera vez que les den çient azotes, e por la segunda…

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LA MANSEDUMBRE

Asegura la Biblia en el sermón de las Bienaventuranzas “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra” . Y dice el refranero popular “Líbranos, Señor, del agua mansa, que de la brava ya nos libraremos nosotros”.

Mi apariencia, cuando voy por la calle, en el trabajo, en mi entorno, etc. es tranquila. Aparentemente soy paciente, incluso excesivamente calmado, puede parecer que tiendo hacia la indolencia y la parsimonia. En verdad os digo (esto me pasa por haber citado la Biblia) que es solo eso, apariencia.

No diré que me indigno a las primeras de cambio. No, ya no, o más bien casi nunca. Primero sopeso, trato de ver las cosas desde el otro punto de vista, analizo, me sitúo y luego si toca indignarse, pues me indigno.

Indignación, es la palabra que define muchas realidades cotidianas. Resulta sorpresivo que no estén ardiendo los contenedores de la calle. Apenas cuatro disturbios aquí y allá, y cuatrocientos anti-disturbios disparando patitos de goma… ¿Cómo? ¡Ah, perdón! Me dicen que no eran patitos, que eran bolas y que causan desde hematomas a problemas más serios según donde te acierten.

Bueno, sin enrollarme… Seguimos sin ver brotes verdes en la economía ni luces al final del tunel, pero algo se mueve entre mis manos y el tintero. Buenas noches y buena suerte..

MANSEDUMBRE

–     –     –

Podrás ceñirme cadenas y collares,

humillarme de migajas rancias,

pero recuerda

que no soy perro,

que sí morderé tu mano.

Tormento de lobo herido,

colmillo de lobo aislado.

Aullaré a la luna sangrante

Y te diré

que no soy manso.

–     –     –

No soy manso,

no lo seré.

Apagado el fuego de canas,

herido el vigor y el ardor,

latirá en mis sienes tu vergüenza,

arderá en mis ojos tu ausente rubor,

remorderá mi lengua llagada.

–     –     –

No soy manso.

Soportaré

verte desnudar mis prendas a jirones,

verme desposeído y arrancado,

aterido de futuro y de frío.

Veré que te llevas

hígado tibias riñones ojos de la cara,

uno por uno y todos

todos los dedos y falanges.

Veré que te ríes y señalas,

veré que me llamas cobarde.

Y yo te diré entonces:

No,

soy manso.

HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA

Cualquier momento es bueno para recordar a Miguel Hernández. Hoy quiero compartir “Hijo de la luz y de la sombra”, publicado en “Cancionero y romancero de ausencias”.

Al estallar la Guerra Civil Española, Miguel Hernández se alista en el bando republicano y es destinado al frente de Teruel. En Marzo de 1937 vuelve brevemente a Orihuela para casarse con su novia de toda la vida, Josefina Manresa. En Diciembre de ese mismo año nacerá su primer hijo, Manuel Ramón, que fallecerá a los pocos meses. Miguel Hernández le dedica este poema:

HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA

I

(HIJO DE LA SOMBRA)

–     –     –

Eres la noche, esposa: la noche en el instante

mayor de su potencia lunar y femenina.

Eres la medianoche: la sombra culminante

donde culmina el sueño, donde el amor culmina.

–     –     –

Forjado por el día, mi corazón que quema

lleva su gran pisada de sol adonde quieres,

con un solar impulso, con una luz suprema,

cumbre de las mañanas y los atardeceres.

–     –     –

Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje

su avaricioso anhelo de imán y poderío.

Un astral sentimiento febril me sobrecoge,

incendia mi osamenta con un escalofrío.

–     –     –

El aire de la noche desordena tus pechos,

y desordena y vuelca los cuerpos con su choque.

Como una tempestad de enloquecidos lechos,

eclipsa las parejas, las hace un solo bloque.

–      –     –

La noche se ha encendido como una sorda hoguera

de llamas minerales y oscuras embestidas.

Y alrededor la sombra late como si fuera

las almas de los pozos y el vino difundidas.

–     –     –

Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente,

la visible ceguera pueta sobre quien ama;

ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente,

ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama.

–     –     –

La sombra pide, exige seres que se entrelacen,

besos que la constelen de relámpagos largos,

bocas embravecidas, batidas, que atenacen,

arrullos que hagan música de sus mudos letargos.

–     –     –

Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta,

tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida.

Pide que tú y yo ardamos fundiendo en la garganta,

con todo el firmamento, la tierra estremecida.

–      –     –

El hijo está en la sombra que acumula luceros,

amor, tuétano, luna, claras oscuridades.

Brota de sus perezas y de sus agujeros,

y de sus solitarias y apagadas ciudades.

–     –      –

El hijo está en la sombra: de la sombra han surtido,

y a su origen infunden los astros una siembra,

un zumo lácteo, un flujo de cálido latido,

que ha de obligar tus huesos al sueño y a la hembra.

–     –     –

Moviendo está la sombra sus fuerzas siderales,

tendiendo está la sombra su constelada umbría,

volcando las parejas y haciéndolas nupciales.

Tú eres la noche, esposa. Yo soy el mediodía.

–     –      –

II

(HIJO DE LA LUZ)

–     –     –

Tú eres el alba, esposa: la principal penumbra,

recibes entornadas las horas de tu frente.

Decidido al fulgor, pero entornado, alumbra

tu cuerpo. Tus entrañas forjan el sol naciente.

–     –     –

Centro de claridades, la gran hora te espera

en el umbral de un fuego que el fuego mismo abrasa:

te espero yo, inclinado como el trigo a la era,

colocando en el centro de la luz nuestra casa.

–     –     –

La noche desprendida de los pozos oscuros,

se sumerge en los pozos donde ha echado raíces.

Y tú te abres al parto luminoso, entre muros

que se rasgan contigo como pétreas matrices.

–     –     –

La gran hora del parto, la más rotunda hora:

estallan los relojes sintiendo tu alarido,

se abren todas las puertas del mundo, de la aurora,

y el sol nace en tu vientre, donde encontró su nido.

–     –     –

El hijo fue primero sombra y ropa cosida

por tu corazón hondo desde tus hondas manos.

Con sombras y con ropas anticipó su vida,

con sombras y con ropas de gérmenes humanos.

–     –     –

Las sombras y las ropas sin población, desiertas,

se han poblado de un niño sonoro, un movimiento,

que en nuestra casa pone de par en par las puertas,

y ocupa en ella a gritos el luminoso asiento.

–     –     –

¡Ay, la vida: que hermoso penar tan moribundo!

Sombras y ropas trajo la del hijo que nombras.

Sombras y ropas llevan los hombres por el mundo.

Y todos dejan siempre sombras: ropa y sombras.

–      –     –

Hijo del alba eres, hijo del mediodía.

Y han de quedar de ti luces en todo impuestas,

mientras tu madre y yo vamos a la agonía,

dormidos y despiertos con el amor a cuestas.

–     –     –

Hablo y el corazón me sale en el aliento.

Si no hablara lo mucho que quiero me ahogaría.

Con espliego y resinas perfumo tu aposento.

Tú eres el alba, esposa. Yo soy el mediodía.

–     –     –

III

(HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA)

–     –      –

Tejidos en el alma, grabados, dos panales

no pueden detener la miel en los pezones.

Tus pechos en el alba: maternos manantiales,

luchan y se atropellan con blancas efusiones.

–     –      –

Se han desbordado, esposa, lunarmente tus venas,

hasta inundar la casa que tu sabor rezuma.

Y es como si brotaras de un pueblo de colmenas,

tú toda una colmena de leche con espuma.

–     –     –

Es como si tu sangre fuera dulzura toda,

laboriosas abejas filtradas por tus poros.

Oigo un clamor de leche, de inundación, de boda

junto a ti, recorrida por caudales sonoros.

–     –     –

Caudalosa mujer, en tu vientre me entierro.

Tu caudaloso vientre será mi sepultura.

Si quemaran mis huesos con la llama del hierro,

verían que grabado llevo allí tu figura.

–      –      –

Para siempre fundidos en el hijo quedamos:

fundimos como anhelan nuestras ansias voraces:

en un ramo de tiempo, de sangre, los dos ramos,

en un haz de caricias, de pelo, los dos haces.

–     –     –

Los mjuertos, con un fuego congelado que abrasa,

laten junto a los vivos de una manera terca.

Viene a ocupar el hijo los campos y la casa

que tú y yo abandonamos quedándonos muy cerca.

–     –     –

Haremos de este hijo generador sutento,

y hará de nuestra carne materia decisiva:

donde sienten su alma las manos y el aliento

las hélices circulen, la agricultura viva.

–     –     –

Él hará que esta vida no caiga derribada,

pedazo desprendido de nuestros dos pedazos,

que de nuestras dos bocas hará una sola espada

y dos brazos eternos de nuestros cuatro brazos.

–      –      –

No te quiero a ti sola: te quiero en tu ascendencia

y en cuanto de tu vientre descenderá mañana.

Porque la especie humana me han dado por herencia

la familia del hijo será la especie humana.

–      –      –

Con el amor a cuestas, dormidos y despeirtos,

seguiremos besándonos en el hijo profundo.

Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos,

se besan los primeros pobladores del mundo.

–     –     –

Miguel Hernández “Cancionero y romancero de ausencias”