HOY ESTOY SIN SABER YO NO SÉ CÓMO

Hay ocasiones en que lees páginas y páginas de poesía, y las palabras y los versos se suceden como un arroyo manso de agua. Nos embarga una sensación efimera de paz, y tras cerrar las páginas decimos, o sólo pensamos, ¡Qué belleza!

Cuando el libro vuelve a la estantería, el murmullo de las palabras cesa de improviso, y los posos de café no permanecen mucho tiempo en nuestra taza. Tal vez no era el día, tal vez no era el lugar, o tal vez no era ese el verso que esperábamos con el anhelo del alma.

Sucede, sin embargo, que algunos poetas consiguen amarrarnos a sus versos. Me pregunto si el mérito es únicamente de ellos, son grandes poetas, pero al igual que hay canciones que se adhieren a un momento de nuestra vida, hay poemas que se engarzan para siempre a un pulso, a un instante de nuestra existencia.

Un poema poco trascendente, de un poeta ya eterno en nuestra literatura resonó con especial fuerza con mi situación y ánimo.

Miguel Hernández (Orihuela 1910 – Alicante 1942). De su interés inicial por la poesía de los clásicos Lope de Vega, Calderón de la Barca, Garcilaso de la Vega, etc. pasa a un mayor compromiso político y social. Durante la Guerra Civil, lucha en el frente de Teruel y participa en varios programas radiofónicos, alentando a las tropas republicanas a resistir frente al avance de los militares nacionales.

Finalizada la guerra, con el triunfo de los nacionales, Miguel Hernández intenta escapar a Portugal, pero es apresado por la policía del dictador portugués, Salazar, y devuelto a España. Pasará sus tres últimos años en prisión. La intercesión de un amigo de juventud y alto cargo eclesiástico en la diocesis de Orihuela, permitirá conmutar su ejecución por la pena de 30 años.

Pasó por el penal de Palencia, luego por el de Ocaña (Toledo) y finalmente llegó al Reformatorio de Adultos de Alicante en 1941. Allí enfermó. Padeció una bronquitis que se complicó con tifus y finalmente con tuberculosis. Esta enfermedad le llevó a la muerte.

Muchos de sus versos son muy conocidos. “Andaluces de Jaén, aceituneros altivos…”, o las “Nanas de la cebolla” que dedica a su segundo hijo desde la cárcel:

NANAS DE LA CEBOLLA

[…]

En la cuna del hambre

mi niño estaba.

Con sangre de cebolla

se amamantaba.

Pero tu sangre,

escarchaba de azúcar,

cebolla y sangre.

[…]

Pablo Neruda dice lo siguiente de Miguel Hernández: 

“Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!”

Pablo Neruda
Pero de entre todos los poemas de Miguel, uno supo llegar en el momento justo, el lugar adecuado y con las palabras exactas para resonar con los nubarrones y el desazón que me envolvían aquel día.
Es un poema suelto, escrito entre 1935 y 1936, antes de que el autor desarrollara su poesía más política y comprometida. No forma parte de ninguno de sus libros, pero de alguna manera ha hallado sitio en el mío. Me encanta compartirlo con vosotros-as:
–     –     –
ME SOBRA EL CORAZÓN
Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad,
hoy sólo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.
–     –     –
Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos en mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.
–     –     –
No puedo con mi estrella.
Y me busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.
–     –     –
Si no fuera ¿por qué?… no sé por qué,
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo allí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y relatos,
“y ahí te quedas”, al mundo le diría.
–     –     –
Yo naci en mala luna.
Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.
–     –     –
Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desengañada,
qué inconformes mis ojos?
–     –     –
Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?
–     –     –
Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancolicca,
penal de ruiseñores moribundos.
–     –     –
Me sobra corazón.
–     –     –
Hoy descorazonnarme,
yo el más corazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.
–     –     –
No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada dia.
–     –     –
Miguel Hernández.
–     –     –
Por favor, después de estas líneas, saborearlas, deletrearlas, pero que a nadie se le ocurra poner nada debajo del zapato.

10 pensamientos en “HOY ESTOY SIN SABER YO NO SÉ CÓMO”

  1. “Yo te escribiré”, poemario de Iris Van de Casteele es una revelación, un sentido homenaje que rescata del injusto olvido, de su encierro eterno, al poeta español Miguel Hernández.

    Miguel dedicó su corta vida y obra a la libertad: la de su tierra, la de su humilde pueblo campesino. Su gran poesí¬a, sincera y militante hace mucho más doloroso su martirio en las garras de la bestia franquista.

    Quienes lean este entrañable libro sentirán cariño y admiración por el poeta de Orihuela, pero también rabia e indignación ante la impunidad de los crímenes del franquismo a 68 años de la muerte de Miguel hombre, asesinado por abandono en las cruentas cárceles de Franco.

    Pablo Neruda ha dicho que “Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor”; España ha preferido el olvido, por suerte tenemos a Iris, quién con su pluma aguda, tierna y libertaria, viene desde Bélgica a ayudar a saldar la deuda.

    Jorge Pousa – Argentina

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