PORCA MISERIA: Reflexiones sobre porquerías y “HEL ARTE”

Se estima que el cerdo fue domesticado por el hombre hace 5000 años. Siendo, por tanto, nuestra convivencia tan prolongada en el tiempo, no es de extrañar que en nuestra larga historia en común se hayan generado amplias controversias.

Nuestra relación con el cerdo se podría interpretar como una cierta “hermandad” no exenta de incompresiones y calumnias entre mundos tan diferentes como paralelos. El cerdo, puerco, porco, cochino, guarro, gocho, chon, largo etc., no sólo ha enriquecido nuestras despensas sino como podemos apreciar, nuestro vocabulario. Incluso en la terminología científico unos autores lo denominan Sus scrofa domestica y otros Sus domesticus o domestica a secas, reservando el scrofa para el cerdo salvaje o jabalí.

Los pueblos semitas en la antigüedad: hebreos, egipcios, árabes, etc.; y musulmanes y judíos, en la actualidad, proscribieron y proscriben el consumo de carne de cerdo al considerarlo un animal “impuro”. Los hábitos, poco higiénicos a nuestro entender, de revolcarse en el lodo (los cerdos lo hacen para mantener su piel libre de parásitos), y la facilidad, magnificada en climas cálidos, de desarrollar parásitos y bacterias patógenas para el hombre, debieron tener mucho que ver en ello.

En nuestra cultura, el cerdo llena nuestras despensas. Todo se aprovecha del cerdo, lengua, carne, hocico, orejas, rabo, vísceras. Tras una gestación no demasiado prolongada (115 días), las camadas son abundantes (10-12 lechoncitos) y crecen rápidos proporcionándonos carnes de buena calidad. Desagradecidos por naturaleza, nosotros, lejos de agradecerle la riqueza gastronómica y léxica que nos tributa, le adaptamos horribles guiones de Disney en películas de serie B en la que los lechones son capaces, contra-natura, de doblar su cuello hacia arriba. Ignoramos o miramos hacia otro lado cuando nos aseguran que es uno de los animales más inteligentes de la naturaleza y aplicamos su nombre como sinónimo de personas ¿guarras?¿cochinas? sucias.

Consideramos excéntricos a aquellos que han adoptado al cerdo como mascota. Es una moda, pero incluso George Clooney, cuando no vende cafeteras, alimenta su cerdito sin ranura con pienso y ternuras. ¡Qué envidia o que decepción para sus admiradores y admiradoras!

El ser humano es un ser, ante todo, pasional. Todo lo ama o lo odia con mucha intensidad. Las razones que nos hacen amar/odiar con intensidad algo, tienen mucho que ver con lo que no entendemos o comprendemos. El cerdo, a la vez tan diferente y tan parecido a nosotros (al parecer hasta en el genoma), no nos resulta, por lo tanto indiferente.

Ciertamente, tenemos mucho en común. Es fácil llegar a la conclusión de que el cerdo es en realidad menos cerdo, o para ser más claro, más higiénico que nosotros. Si los cerdos hablaran, si los cerdos escribieran, ¿qué nos dirían de Fukushima, de la basura espacial o de nuestros mares contaminados? ¿qué opinarían del botellón, de los perfumes con mucho pachulí, de las caquitas de nuestros perros y de los tubos de escape de nuestros vehículos?

El ser humano es pasional. No cabe duda. Y guarro, más que los guarros, y no hace falta visitar un hogar de alguien con síndrome de Diógenes. Pero además es creativo, destructivo, y conformador de su entorno como ser egocéntrico de la creación. En su faceta creativa y pasional destaca la actividad artística.

El arte acompaña al hombre desde antes que los cerdos aceptaran mendigar nuestra comida. El arte, manifestación del deseo de eternidad del hombre, desde las pinturas de Altamira hasta las manchas de café en un mantel. Desde las variaciones Goldberg de J.S. Bach, hasta la tecno-rumba de Camela. Desde el acueducto de Segovia, casi intacto tras 2000 años, hasta las modernísimas ruinas de Calatrava… Desde Las Meninas de Velazquez, hasta la “Terelu” enseñando en Interviu.

Podríamos preguntar a 100.000 expertos acerca de lo que es el Arte y obtendríamos ¡Oh, misterio! 100.001 descripciones diferentes y razonadas. Y al final, después de ver a esa artista coreana compartiendo cueros, en cueros, con los cerdos, después del genuino y pueril ataque de risa, debo admitir ¡Eso sí que es arte, y no lo de la hora de José Mota!

Al fin y al cabo, si en estos días de invierno, surtidos de nieves, nieblas y fríos, le preguntáramos a un tipo sencillo de alma (misericordiosos ellos) de sopetón:

-“Fulano, para tí ¿Qué es el arte?”

Seguramente, y sin equivocarse más que el resto de la humanidad nos diría:

-“Para mí helarme es joderme de frío”

4 comentarios en “PORCA MISERIA: Reflexiones sobre porquerías y “HEL ARTE””

  1. ¡Excelente y puerco artículo! Por cierto, el caníbal alemán que se comió a un congénere homosexual aseguró que la carne humana sabe como la del chancho. Y claro, nos metemos de todo en el cuerpo… como unos verdaderos cerdos. Saludos, JSC

  2. Lo que más me sorprende es eso de que sea uno de los animales más inteligentes de la naturaleza. Bueno, que coño, lo que más me sorprende es que el hombre sea uno de los animales más inteligentes de la naturaleza. Y buena comparación de la terelu con los puercos. Seguro que queda ella mucho mejor en las fotos que la Miru Kim esta.

  3. Ah! por cierto. Hablando del arte, a ti que te gustan tanto las citas celebres: La finalidad del arte es darle cuerpo a la esencia secreta de las cosas, y no el mostrar su apariencia. Aristóteles.

  4. Excelente, te contaré algo acerca de los animales y la cultura, hace años, en un foro, me puse en plan puta, el tema es que a alguien le pareció repugnante la idea de quemar unos campos de cultivo para exterminar una plaga de topillos, no es que eso me pareciera bien, pero quise forzar la cosa un poco.

    ¿Qué animales y de qué forma se pueden matar?, tras largas y largas horas de debate no hubo forma de poner un límite claro, algo parecido a lo de los topillos se hace con plagas de insectos y no parece que nos afecte igual, me dijeron que claro, eran invertebrados, pero las ratas tienen huesos y nos dan asco y en cuanto podemos las matamos de las formas más crueles, aquí comer un cachorrito de perro nos parece una barbaridad y en la India comer una vaca, en fin.

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