UN GARBANZO EN EL OLIMPO DE LA RETÓRICA: “Marco Tulio Cicerón y los errores del hombre”

El siglo I a.c. fue especialmente convulso en la órbita romana. Tres guerras civiles, revueltas de esclavos (Espartaco), revueltas de pueblos itálicos, y grandes luchas por el poder entre las distintas clases y partidos que constituían el pueblo romano.

Los orígenes de esta crisis que iba a derivar en el paso de la República tradicional romana al sistema del Imperio, puede situarse en el final de las guerras púnicas y reformas sobre la posesión de las tierras y sobre los ejércitos romanos que los  Graco y Mario llevaron (o intentaron llevar a cabo). Roma se ha deshecho del enemigo que sostenía el fiel de la balanza, y debe recobrar su identidad.

Son muchos los grandes hombres de la república que pueden acudir a nuestra memoria. A los grandes tiranos como Sila y Mario, hay que unir a plutócratas como Marco Licinio Craso, y genios de la estrategia y de la alta política como Cayo Julio César.

Coetáneo de ellos, Cicerón, cuyo nombre proviene del latín “cicer”: garbanzo (no se sabe si porque su familia los cultivaba en su finca de Arpino, o si porque un antepasado suyo tenía su nariz con la forma grotesca de esa legumbre), un hombre procedente de una familia plebeya del ordo equester (algo así como una “clase media” en nuestros días), encuentra un hueco de honor en los días finales de la república.

Se dio a conocer en el Foro romano, donde como abogado, defendía con su habilidosa retórica, los casos más imposibles. Sensible a las luchas de poder y a los abusos de los poderosos cuando se instauraban sus dictaduras militares (tiranías), pronto su voz llegó al senado y entró de lleno en la política.

En Atenas, a donde huyó de las persecuciones políticas de Sila, tuvo contacto con la rica cultura helenística que supo trasladar a su discurso.

Grandísimo escritor y orador, su labor en la política fue controvertida. Es difícil extrapolarnos en este punto a sus días, debemos recordar que la Historia, generalmente es escrita por los vencedores. Estos vencedores hicieron mofa de sus vaivenes políticos. Los cambios en la política romana situaron a Cicerón próximo a César en algunos momentos, próximo a Pompeyo en otros.

Un año después de la muerte de César, en la que Cicerón no fue invitado a participar, Cicerón fue ajusticiado y su cabeza y sus manos fueron expuestas durante días en los “rostra” del Foro romano.

Pero sus escritos perduraron. Escritos fruto de su profunda observación de una sociedad agitada. Escritos sobre una sociedad desorientada, sobre un poder que ha perdido sus contrapesos. Escritos, muchos de ellos, que tras 2000 años mantienen en esencia mucho de su valor.

En uno de sus tratados, Cicerón describe así:

“LOS SEIS ERRORES DEL HOMBRE

La ilusión de que las ganancias personales se consiguen aplastando a los demás.

La tendencia a preocuparse por las cosas que no se pueden cambiar o corregir.

Insistir en que una cosa es imposible porque no podemos conseguirla.

No querer prescindir de preocupaciones banales.

Rechazar el desarrollo y el perfeccionamiento de la mente y no adquirir el hábito de leer y estudiar.

Intentar obligar a los demás a crecer y vivir como nosotros.”

MARCO TULIO CICERÓN

(106 a.C.-43 a.C.)

 

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